PAPICHA
PAPICHA
NONOSTANTE LA NEBBIA de Goran Paskaljevic (Italia)

A veces hay que saber decir que no aunque un director quiera seguir teniendo una relación de fidelidad con el festival. La vida es una enseñanza a partir de la frustración, seguro que Paskaljevic entendería que “Nonostante la nebbia” no está a la altura exigible para competir en este festival, salvo que pretendamos hundir cada vez más la calidad media del mismo en la sección a concurso. La última película del excesivamente premiado en Valladolid Paskaljevic es un ejemplo claro de su decadencia como creador, algo que en este festival apreciamos película tras película. Es una película moralista y peligrosa, que simplifica y juega gratuitamente con el importante tema de los refugiados menores de edad, que expele un aroma catequizante intranquilizador y que viene a justificar el deseo individual de los padres sin hijos frente a la gravedad de la realidad. Llena de lugares comunes, permanentemente machacando con una iconografía católica innecesaria, jugando con sentimientos que no llegan en ningún momento porque unen ayuda con egoísmo personal, es una película que no merece lugar en Seminci por muy laureado (aquí) que haya sido su director. Realizada con colaboración y a favor de Amnistía Internacional más parece subvencionada por la Conferencia Episcopal, en resumen un producto de nula planificación estilística, nulo recurso cinematográfico y nulo guión. Pasa a formar parte del pelotón de los torpes de este festival.

NONOSTANTE LA NEBBIA
NONOSTANTE LA NEBBIA
LE JEUNE AHMED de los hermanos Dardenne (Bélgica-Francia)

En gimnasia hay ejercicios que se conocen como obligatorios, o de rutina, y otros libres, donde el atleta se arriesga y se la juega intentando diferenciarse de los demás. Los Dardenne han optado por hacer de su cine un ejercicio de rutina casi película tras película. Han tardado mucho en dirigir su cámara a las nuevas realidades multiculturales de la vieja Europa, y era cuestión de tiempo que una película como ésta llegara a su filmografía. ¿Mala película? Ni mucho menos, ¿importante? Eso ya es más cuestionable, ¿sorprendente? En ninguno de sus planos, salvo el final, que de falso e impostado provoca rechazo por su moralismo innecesario en esa forma de conversión repentina, como si un golpe fuera capaz de hacer recuperar la cordura a un aprendiz de integrista. Porque de eso va la película de los Dardenne rodada con esos característicos planos por detrás de los actores, el pulso no ocultado que mueve la cámara, los tonos grises de una Lieja fea y sucia. Ahmed, hijo de una familia monoparental musulmana pero occidentalizada, adopta las enseñanzas de un imán, llenas de odio, como referente. La violencia se adueña de su adolescencia. Los Dardenne no buscan las causas, sólo las consecuencias y toda la película se diseña para la redención final. No sorprende, no molesta (salvo su final), no entusiasma, no es lo mejor de los Dardenne.

LE JEUNE AHMED
LE JEUNE AHMED
THE COUNTY de Grimur Hakonarson (Islandia)

Hay cinematografías que alcanzan un éxito y reconocimiento repentino y sus moldes empiezan a repetirse una y otra vez. El cine islandés vivió un año ilustre hace tres o cuatro temporadas, y desde entonces parece condenado a repetir un modelo. Paisajes interminables, nieve, corderos, campo, agricultura, personajes solitarios. “The county” del director Grimur Hakonarson se mantiene fiel al patronaje que tanto éxito le brindó con “Rams”, pero en el camino ha perdido gran parte de su sentido del humor y ha mezclado el esquema de “Rams” con el de “La mujer de la montaña”, brindando otra especie de epopeya femenina donde una mujer está dispuesta a enfrentarse a todos y a todo para desenmarañar una red de corrupción local que, en el fondo, ha provocado la muerte de su marido. Hakonarson aprovecha para mezclar el toque ecologista y sostenible con la lucha contra la corrupción en un país especialmente azotado por esa lacra; aquí el enemigo es una Cooperativa que se ha transformado en ejemplo claro del capitalismo como si de un “Monsanto” islandés se tratara. Obviamente abundan las situaciones previsibles y predecibles, pero al menos su final es lógico y coherente. Aceptable película sin alardes ni parabienes en exceso.

THE COUNTY
THE COUNTY
PAPICHA de Mouina Meddour (Argelia)

La sección oficial a concurso de la 64ª. edición de la Seminci sigue añadiendo muescas en el propósito de fomentar la paridad en el abordaje de una temática, casi monocorde, sobre el retrato del mundo femenino en cualquier frente abierto. Después de propuestas de variopinto calado llega otra muy parecida, Papicha, ópera prima de la realizadora Mouina Meddour y filme elegido por su país, Argelia, para representarla en los Oscars de Hollywood, que ahonda en las dificultades de ser mujer en contextos de repentino viraje hacia la oscuridad y el más troglodita medievo. La película está inspirada en hechos reales y la acción transcurre en Argel, en los años 90, tiempos de regresión a las cavernas y serios problemas para expresarse de manera libre. En un ambiente que se va enrareciendo a cada paso de escena, una joven veinteañera, Nedjma, estudiante en la universidad y hospedada en una estricta residencia para chicas, tiene un sueño y una meta, convertirse en diseñadora de moda. Además le gusta divertirse y frecuentar los clubes de moda para bailar y beber acompañada de su fiel amiga, Wassila. Dos muchachas inquietas y modernas, al son que marcan los tiempos, con las debidas precauciones para no incurrir en ofensas y desatinos.

En la primera secuencia las vemos escabullirse furtivamente del colegio universitario, cambiarse de ropa en un taxi, acomodarse una vestimenta frívola y llamativa, maquillarse con persuasión, disimular su imagen con un velo cuando el vehículo es detenido por una patrulla que vigila la moral impuesta, entrar en una discoteca y conocer a dos chicos que por su forma de hablar y comportarse parecen muchachos que están en la onda de la diversión. Sin embargo, estos coletazos iniciales, festivos y desprejuiciados, pronto se tornan en un clima asfixiante, angustioso, aterrador e inflexible. La película activa toda el arsenal de infamias y espantos. La sociedad se vuelve, de la noche a la mañana, inclemente e injusta. Nedjma lo siente en su propia carne. Su hermana, conocida periodista, es asesinada delante de la puerta de la casa de su madre por una yijadista. El eco del disparo y el desgarro de la situación se le queda en las entrañas. En las paredes de las calles se ven carteles instigando a las mujeres a ponerse el yihab y evitar tentar a los hombres. Una clase en la universidad es interrumpida por la irrupción de mujeres vestidas de negro hasta la cabeza tapadas con la yihab insultando la indecencia de la materia impartida y secuestrando al profesor por considerarlo laico e infiel. El ambiente, en líneas generales, es de involución y el sistema se vuelve fundamentalista, con grave perjuicio para las mujeres.

Mouina Meddour construye un bienintencionado alegato en contra de la represión y la brutal limitación de la libertad de la mujer. Su discurso encuentra en Nedjma su estandarte y altavoz. Perfila una chica valiente y tenaz. Que no se deja amilanar, se enfrenta con rebeldia a quien osa arrebatarle su dignidad y es lista para detectar el radical cambio de su amigo que conoció en el garito de copas. Nedjma es el símbolo de la lucha y la brújula de su grupo de amigas. Se mantendrá firme y hasta el último aliento querrá llevar adelante su empeño en organizar un desfile de moda con sus imaginativos diseños.Todo el filme, estructurado como si de una heroína se tratara, está filmado utilizando casi siempre primeros planos y a nivel emocional mostrando, no sin dolor a veces, la entereza y la osadía de unas jóvenes por evitar que un sueño se vaya por el desagüe. En este aspecto, la directora, con un guión algo torticero, pone todo su énfasis en captar el universo femenino, como representantes luminosas capaces de mantenerse inflexibles a las acometidas y humillaciones. Un buen rollo que queda estupendo y bonito, bien fotografiado y dirigido con cierto aplomo. Pero envilece y degrada tanto al género masculino que éste no alcanza más que una imagen paupérrima y falaz. Dejando un reguero de maniqueismo burdo y tosco que el fondo de la cuestión queda diluido por una forma poco rigurosa. (La reseña de Papicha ha sido realizada por José Manuel León Melia de Onda Cero La Rioja)


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