jueves, 21 febrero 2019

Miguel Ángel Martín Maestro

Perteneciente al tercer poder del estado, desde que me inicié en el trabajo supe que, casi nadie, se cree las teorías políticas de Montesquieu. No hubo necesidad de matar al filósofo francés porque no llegó a nacer, así que cada uno ha de buscar la belleza allá donde sea capaz de encontrarla. En mi caso cine, música y literatura siempre me han acompañado. Como a casi todo amante del cine, los primeros recuerdos de salas oscuras y sueños ajenos se remontan a la niñez, a las sesiones continuas del cine Capitol en Valladolid o el Castilla en Palencia, a las largas colas en el Vistarama, el Lope de Vega, el Coca o en el Don Sancho, Avenida y Ortega, muchos de ellos cines ya desaparecidos, y los que quedan, transformados. Ver por primera vez cine en versión original en una sala fue toda una conversión, fue el Fitzcarraldo de Herzog en el Manhattan, recién inaugurado y más arriesgado. Poco después me convertí a la cinefilia, la Seminci tuvo la culpa, algo que ahora dificilmente conseguirá con casi ningún joven aficionado/a al cine, y el cine Groucho también, con sus ciclos Kurosawa, Bertolucci, Visconti, Hermanos Marx. Ahora no entiendo el cine sin oir la voz original de los actores, y, lamentablemente, la inmensa mayoría del mejor cine, no se encuentra en las salas de exhibición, o nos llega muy tarde, pero habrá que hacer un esfuerzo por encontrar películas que les interesen y les hagan pensar. En definitiva, quiero trasmitir mi amor al cine como arte, no como mero entretenimiento.

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Imprescindible obra de arte. Bella e perduta (Pietro Marcello, 2015)

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OPINIÓN: ¿Quo vadis, Seminci?

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Perdiendo la tradición. Más allá de las montañas (Shan he gu...

La última escena de la película, incluido el plano final, suponen una de las escenas más bellas del presente año cinematográfico, con Tao de...

¿Personajes racistas o película racista? Mi hija, mi hermana (Les Cowboys,...

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