'John From' de Joao Nicolau

Como este Ayuntamiento, desde el principio, ha declinado cambiar la orientación y sentido del festival, potenciando su peor cara, que es la meramente publicitaria (léase, por ejemplo, traer, previo pago (o eso me dicen), a programas nacionales de radio para que emitan desde Valladolid durante el festival), y como ya hay, y esperemos que por mucho tiempo y con mayor ambición, otro espacio municipal que está haciendo mucho más por la cinefilia local que la propia Seminci, como es el Museo Patio Herreriano, al que le falta dar el salto para acercarse a la creación reciente sin distribución, nacional e internacional (el ejemplo cercano del MUSAC para el cine español sería el modelo a seguir), junto a la meritoria labor privada del Cine Club Casablanca intentando exhibir lo que no ha tenido estreno en la ciudad, criticar lo que es la Seminci y su inmovilismo no tiene mucho sentido cuando nadie se da por aludido. Como hice el año pasado me voy a limitar a recomendar lo que, de lo que yo ya he visto, creo que supera con creces la media razonable de calidad (opinión puramente subjetiva) no sin hacer una breve referencia previa a la peor cara del festival, traducida en que perdura su nula implicación con la ciudad a lo largo del año, pese a las buenas palabras de su director al inicio de la edición de 2017, ha transcurrido otra temporada más sin realizar ninguna actividad fomentadora ni del nuevo cine ni del festival, porque sería sonrojante decir que se ha iniciado esa senda con media docena de proyecciones de títulos muy recientes y muy comerciales en los centros cívicos de la ciudad.

San Sebastián, Sitges (éste desde hace mucho) y Sevilla se han incorporado a plataformas de visionado on line para prensa y profesionales del cine, parece que a la Seminci no le interesa que se hable de ella en el exterior y solo focaliza su interés en la propia ciudad.

Se mantienen, y sin visos de afrontar una inversión de envergadura para quien se considera «el segundo festival de cine de España», indignas sedes de proyección, teatros no preparados para ver cine, que pueden quedar muy bonitos para galas y photocalls, pero no para disfrutar de lo que debería ser el objeto del festival.

Lo más grave y que denota esa afición de la dirección del festival de ser el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. No hay como dejar pasar el tiempo y comprobar que aquello de lo que uno se vanagloria termina volviendo como un boomerang para darte en toda la cara. El año pasado asistimos a la necesaria reivindicación del cine hecho por mujeres, el festival se hizo feminista porque era «lo que tocaba», un año después, pasada la ola del #metoo, la sección oficial del festival tiene el dudoso honor de contar con 20 películas, incluídas las que no van a concurso, y entre ellas sólo se puede leer el nombre de tres mujeres, una de ellas codirigiendo. Ese es el poso, la enseñanza, lo que hemos aprendido de un año para otro, a que sólo un 15 % de la sección oficial sea cine hecho por mujeres.

Películas para no perderse

Cine portugués
'Colo' de Teresa Villaverde
'Colo' de Teresa Villaverde

Es la gran apuesta de este año, una necesaria reivindicación de una de las cinematografías más vivas y más pujantes del planeta. Como el español medio tiende a menospreciar y mirar por encima del hombro a Portugal, el cinéfilo real, no ése que no pisa una sala durante todo el año y menos si las películas están en versión original subtitulada, tiene una gran ocasión para acercarse a un ciclo muy bien diseñado (se nota que ha participado gente que sabe, desde Portugal, para formar la selección) con 20 películas de las que la mitad son producciones de 2017, lo que da una imagen aproximada del panorama cinematográfico portugués. Eso si, al tiempo que se aplaude la elección del país (haber hecho ciclos de Chile y Colombia luego no ha significado aprovechar la sinergia para traer su buen cine a ediciones siguientes del festival) se demuestra la ceguera de los programadores del festival ignorando año tras año al vecino y dejando escapar joyas como las que aparecen entre las escogidas, películas cuya calidad dificilmente podrá ser superada por ninguna de la sección oficial y que no se supieron ver en sus ediciones respectivas. ¿Alguien recuerda alguna película portuguesa en la sección oficial salvo Centro Histórico?. Entre las seleccionadas están las excelentes «Colo» de Teresa Villaverde y «John From» de Joao Nicolau, auténticos mecanismos de relojería, de forma y sentidos muy diferentes pero que funcionan a la perfección en el dibujo del alma adolescente, y sobre todo «Colo» usando como marco la desintegración social de un país sumido en una crisis devastadora. «Montanha» de Joao Salaviza (qué ocasión ha perdido la Seminci para traer su última «Chuva e cantoria» a concurso), «O ornitólogo» y «A ultima vez que vi Macau» del personal y provocador Joao Pedro Rodrigues, «Fátima» la última película de Joao Canijo, «Cavalo dineiro» de Pedro Costa, el «Tabú» de Miguel Gomes como «Aquele querido mes de agosto», «Amor, amor» de Jorge Cramez, «A vingança de uma mulher» de Rita Azevedo, un clásico absoluto desde su origen, «El viejo de Restrelo» la última película de Oliveira, «A fábrica de nada» de Pedro Pinho, excelente trabajo sobre la autogestión y resistencia obrera, a medio camino del «Tout va bien» godardiano o el «Numax presenta» de Jordá. En definitiva un ciclo soberbio que merecería agotar localidades a poco que el festival se volcara de verdad alguna vez con las secciones paralelas y no las dejara desfallecer.

Sección oficial
'Djon Africa' de Filipa Reis y Joao Miller
'Djon Africa' de Filipa Reis y Joao Miller

Poco destacable de inicio, demasiado nombre nuevo que según Angulo serán estrellas en los próximos años (es la undécima vez que dice lo mismo y sólo un descubrimiento de Seminci está ahora en el Olimpo de Hollywood demostrando que, efectivamente, la semana de cine «de autor» tiene un concepto de autor que se parece mucho al de la gran industria, Damian Chazelle). Hay desajustes evidentes en el equipo de selección, Sudamérica es ofrecida año tras año con un tipo de cine muy alejado de la realidad creativa de paises como Argentina; Trapero, Cohn, Duprat, no digamos Virzi en Italia, son la antítesis de lo que tendría que buscar la Seminci para «estar al día», por muy bien que funcione su cine para el gran público, pero para eso están las salas comerciales, hay inflación de cine centroeuropeo y nórdico y olvidos permanentes mirando a Asia y Sudamérica fundamentalmente. A destacar, y dificilmente llegará alguna sorpresa que la mejore (en tiempos de centenares de festivales y multitud de comentaristas aficionados es difícil hacerse con un «elefante blanco» virgen) «DOGMAN» de Matteo Garrone tiene todos los puntos para destacar con honores entre lo mejor a concurso, la historia de un pobre hombre que se deja llevar por la corriente criminal de su barrio cercano a Nápoles en un «in crescendo» violento, cuenta con la ayuda de un físico desvalido de su actor protagonista para hacer aún más poderosa la historia. Además de «Dogman», y como cine libre y radicalmente diferente «Djon Africa» de Filipa Reis y Joao Miller aporta la frescura de un viaje sin rumbo que termina convirtiéndose en un autoconocimiento desde un Lisboa irreconocible, ghetto africano en la Europa blanca, hasta un Cabo Verde donde Djon descubre su sitio en este mundo. «A land imagined», reciente vencedora, con cierta polémica, en Locarno, un festival al que sería deseable que se pareciera Valladolid, como Rotterdam, relato criminal procedente de una filmografía exótica como es Singapur, y «The rapports of Sarah on Saleem», película palestina que funciona muy bien durante su primera hora pero que va perdiendo cierto fuelle en su parte final con ciertas concesiones comerciales innecesarias, una película sobre las imposibles relaciones mixtas entre israelíes judíos e israelíes árabes. Y de la sección oficial poco más, «Agá» de Milko Lazarov quiere ser «Dersu Uzala» de Kurosawa, pero se pierde en la reiteración, el desarrollo cantado y la estética del paisaje nevado y el buen salvaje con un final de un sentimentalismo de sobremesa poco atractivo, «Utoya» apenas pasa de ser una anécdota sobre un suceso terrible, la masacre de Utoya en Noruega cuando un neonazi asaltó un campamento de verano de las juventudes socialistas y se dedicó a masacrar durante 72 minutos a quien se puso por delante, rodada en un plano secuencia que calca el tiempo real del suceso con muchas trampas, termina con otro injustificable cambio del punto de vista del filmador, y de la película de Duprat y de la de Virzi nada he de decir que no se sepa ya de otros años. A recomendar entre las deseadas, por su trayectoria previa, la última película de Arcand y la segunda película de Philippe Lesage tras «Les demons», ojalá que se parezcan a las obras precedentes.

Punto de encuentro
'Museo' de Alonso Ruizpalacios
'Museo' de Alonso Ruizpalacios

Poco puede avanzarse ante lo semidesconocido de la mayor parte de sus participantes, pero, por ejemplo, «Museo» de Alonso Ruizpalacios, director que después de «Güeros» debería haber tenido espacio en la sección oficial porque ya demostró su exquisita manera de contar, «Volcano», del ucranio Roman Bondarchuk, o «Weldi» de Mohammed Ben Attia, en otra de esas decisiones inexplicables de la Seminci, que trae su anterior película a la sección oficial y ahora relega al director a la «segunda división», como traer a Kent Jones a Punto de Encuentro con su tercera película, primera de ficción.

Tiempo de historia
'El amor y la muerte' de Arantxa Aguirre
'El amor y la muerte' de Arantxa Aguirre

Difícil calibrar cómo se comportará la sección este año, donde hay demasiado «homenaje» y «autobombo» de la propia industria española, pero «El amor y la muerte» de Arantxa Aguirre (premiada con su anterior Dancing Beethoven en la Seminci) sobresale en su exquisita composición de una biografía sin acumulación de datos o anécdotas sobre la vida de Enrique Granados, dejando a su música volar libremente con un selecto conjunto de intérpretes, y utilizando viejas fotografías y dibujos muy «naifs» para acompañar el sonido, o «Comandante Arian» de Alba Sotorra (su anterior «Game over» explicaba muy bien la locura de la obsesión por las armas mientras demostraba cómo los soldados españoles sí han combatido en Oriente Medio), incursión en el ejército femenino kurdo que lucha contra el Daesh en el Kurdistán sirio, son exponentes muy precisos y muy interesantes del nuevo cine español documental.

Cine español
'Entre dos aguas' de Isaki Lakuesta
'Entre dos aguas' de Isaki Lakuesta

Sin referencias de lo que va a la sección oficial (desde tiempos de Fernando Lara la presencia española a competición ha sido decepcionante) el ciclo «Spanish Cinema» reúne media docena de películas, algunas preestrenos en pase único, que no habría que perderse como «Petra» de Jaime Rosales, «Entre dos aguas» de Isaki Lakuesta reciente ganadora en Donosti o «Apuntes para una película de atracos» de Elías León Siminiani, junto a buenas películas como «Con el viento» de Meritxell Colell, rodada en el norte de Burgos y que se presenta en programa doble con el meritorio corto «Porque la sal» de Nicolás Cardozo, «La enfermedad del domingo» de Ramón Salazar, un director que ya merece una mayor atención de la que recibe su cine o la irregular «Ana de día», película de resonancias lynchianas en la que hasta la sobresaliente Ingrid García Johnson termina perdida por la indefinición de la propuesta.

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1 comentario

  1. En el marco de la sección “Tiempo de historia”, me atrevo a recomendar “Lo posible y lo necesario”, extraordinario documental sobre la vida de Marcelino Camacho, dirigido por Adolfo Dufour, impulsado por Atrapasueños y con el mimo y cuidado de los hijos de Marcelino y Josefina Marcelo Camacho y Yenia. Tuve la suerte de poder verla en su Estreno en Castilla y León, en el Burgo de Osma (Soria), y volveré a verla a su paso por la SEMINCI. Pases el viernes y el sábado.

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