El mes de julio se ha convertido en una cita obligada en la última década para mantener un contacto con el cine europeo más reciente y comprobar sus tendencias menos comerciales, y también, porqué no decirlo, sus opciones más convencionales desde cánones de presunta “qualité” para minorías. La particularidad, y no es menor, de este festival, radica en su accesibilidad. Tratándose de cine no estrenado en salas (perdonen que me ría, pero lo de las salas comerciales y el cine empieza a ser un divorcio sonado mayor que el del público y las mismas salas) y que tampoco tiene previsto su estreno en España, la posibilidad de acceder a alrededor de un centenar de películas durante todo el mes de julio a través de la plataforma de internet Filmin (por apenas 15 ó 5 € en función de la opción) garantiza lo que no consiguen las distribuidoras clásicas; la diversidad. Sirva este artículo, cuando todavía quedan 15 días de festival, para recomendar una serie de películas especialmente queridas por quien les escribe.

 

1.- RETROSPECTIVA ANDRÉS DUQUE. Salvo los más iniciados en el mundo del cine es posible que este nombre poco les diga, pero gracias a Filmin puede verse la filmografía completa del director hispano-venezolano, autor de verdaderas referencias del cine más reciente español y que han ido configurándose como obras de culto de la altura de “Ensayo final para utopía”, “Ivan Z.” o “Color perro que huye”, junto con sus dos excepcionales últimas películas, más accesibles a cualquier tipo de público sin perder sus características de dejar crecer sus relatos permitiendo a sus personas en pantalla expresarse libremente, como la multipremiada “Oleg y las raras artes” y su tremenda “Carelia”, donde la apacibilidad del verano ruso va derivando en un ejercicio de memoria histórica que desvela los secretos de ese bosque donde vive la familia que protagoniza en relato.

2.- <3 de Marta Antón Cabot. Es sintomático escuchar cómo el espectador medio repudia el cine español por el simple hecho de su nacionalidad. No le falta razón si atendemos al tipo de cine que llega, y encima triunfa, en las pantallas comerciales; pero frente a ese cine de consumo rápido, digestión grosera y olvido inmediato, la cinematografía española cuenta con creadores de suficiente empaque como para ofrecer, en reductos reducidos, pequeñas maravillas como este despertar al amor y la sexualidad en pleno parque del Retiro que la joven directora exprime en su primer largometraje. Sutil, sencilla y armoniosa, la película de Cabot se deja ver con la fluidez de un pequeño arroyo que transcurre ante nosotros ofreciéndonos algo tan sencillo como común, vida.

 

3.- “Letters to Paul Morrisey” de Armand Rovira, uno de los productos más exquisitos, más complejos y más logrados del año pasado, creado conjuntamente con Saida Bernal, reproduce una serie de cartas, ficticias o no, dirigidas al director de cine exponente de “The Factory”, aquel grupo creativo liderado por Andy Warhol. Película multirreferencial su cuidado diseño de imagen y sonido produce un efecto envolvente para su estructura onírica donde Lynch, Cocteau, Cassavettes, Bergman, van Sant y otros muchos parecen haberse dado la mano para inspirar un relato contemporáneo.

 

4.- “Oscuro y Lucientes” de Samuel Alarcón, recreación histórico ficticia donde realidad y deseo van de la mano para demostrar la intolerancia cultural de este país y el eterno desprecio a sus creadores, en este caso a partir de la anécdota real de la desaparición del cráneo de Francisco de Goya del cementerio de Burdeos, el director reconstruye un relato policial con su correspondiente “macguffin” para, en el fondo, reivindicar la figura del pintor obligado a morir lejos de su casa por motivaciones políticas.

5.- “Cantares de una revolución” de Ramón Lluis Bande, con la presencia de Nacho Vegas como maestro de ceremonias, Bande reconstruye los sucesos de 1934 en Asturias a manera de musical reivindicativo ofreciendo las canciones que se cantaron durante aquellas semanas y situando a Vegas y sus acompañantes en los lugares donde se sucedieron los hechos revolucionarios y de represión. Frente a manipulaciones sentimentales y ejercicios de marketing a costa de las víctimas de los represaliados, el cine de Bande es un bálsamo de honestidad y calidad ante la impostura.

 

6.- “Diamantino” de Gabriel Abrantes y Daniel Schmidt, la película portuguesa no puede ocultar que el personaje principal, el astro del fútbol portugués, es un calco de Cristiano Ronaldo. Obsesionado por la fama, su estética y la paternidad, los directores aprovechan el mundo frívolo del fútbol para hablar del crecimiento de la extrema derecha, de la xenofobia, de la manipulación genética y de la corrupción política y social a ritmo de comedia bizarra y futurista.

7.-“Un violento deseo de felicidad” de Clement Schneider, otra de las premiadas de la temporada, la corta película francesa se sitúa en un convento en los tiempos de la revolución y la difícil convivencia entre monjes y soldados del ejército republicano en guerra contra la nobleza y la Alianza monárquica europea, introduciendo la figura del monje converso a los ideales revolucionarios sin perder su mística religiosa en ningún momento.

 

8.- “L,époque” de Matthieu Baréyre, documental donde la cámara, la gente y la noche de París ofrecen el retrato de una juventud desorientada, enrabietada, violenta pero sin fines. Tras los atentados de “Charlie Hebdo” y “Bataclan” el miedo se ha instalado en las sociedades occidentales y sus poblaciones multiculturales sufren aún más las diferencias de clase y de raza. Los ideales republicanos saltan por los aires cuando confrontamos a jóvenes franceses blancos con la realidad de los franceses de segunda o tercera generación con padres de origen africano.

9.- “Selfie” de Agostino Ferrante, autorretrato de dos jóvenes napolitanos a ritmo de móvil y con el recuerdo constante de la muerte de un amigo a manos de un policía sin freno. Mafia, religión, paro, pobreza, superstición, videovigilancia, obsesión por el móvil se reúnen en uno de los ejercicios de realidad más interesantes del cine documental de este año.

 

10.- “La isla del tesoro” de Guillaume Brac. Con la misma candidez y sencillez de <3, el director francés sitúa su cámara en un parque acuático construido en un lago de los alrededores de París para convivir durante un verano con sus visitantes y trabajadores. La radiografía social del verdadero estado de Francia, y por extensión, de la Europa en crisis, desfila ante nuestros ojos como en un cuento de aventuras.

11.- “Hellhole” de Bas Devos. El miedo instalado en la vida diaria de una ciudad como Bruselas, tres personajes que, por razones diferentes, viven atenazados por el miedo tras los atentados de 2016. Como en un cuento perverso, lo creado para protegernos termina transmitiendo su naturaleza de destrucción en medio de nuestra vida cotidiana.

12.- “El retorno” de Malena Choi, a la busca de identidad, en Corea del Sur recalan decenas de adoptados que, transcurrido el tiempo, necesitan saber la identidad y las razones por las que sus progenitores, 20, 30 o más años atrás, decidieron desprenderse de ellos. Físicamente coreanos, la mentalidad de todos ellos ha sido moldeada por la de sus países de adopción.

12 más uno.- “Extinction” de Salomé Lamas. Ejercicio de paraficción, o paradocumental, cuyo hilo conductor es un trabajador civil del ejército ruso que se califica como nacional de Transnistria, un corredor físico que funciona como territorio “no man,s land”, en el que conceptos como Moldavia, Transnistria, Crimea, Ucrania, Rusia, URSS, van formando un ecléctico ejercicio de difuminación de fronteras creadas más, a conveniencia de los hombres que atendiendo a realidades culturales o identitarias, y que implican una sucesión de diálogos, representaciones, meditaciones en voz alta sobre lo que ha supuesto el fín de la URSS, la desintegración de la Federación Rusa y el auge imperialista presente encabezado por Putin bajo el lema de “guerra sin guerras, ocupación sin ocupaciones”, asfixiando territorial, militar y económicamente a las repúblicas que pretenden actuar como estados independientes ajenos a los intereses de Moscú, fomentando la disgregación de territorios internos de esos países que, alguna vez estuvieron bajo el dominio soviético y que hay que tratar de volver a captar para la órbita nacionalista.

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