"I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion." El doblaje español cambió algo la literalidad de la frase, pero eso no afectaba al sentido del monólogo que Rutger Hauer pronunciaba instantes antes de que su tiempo acabara. Ahora lo llamamos obsolescencia programada porque, en el fondo, el Nexus 6 de combate que interpretaba el actor holandés no dejaba de ser una especie de electrodoméstico que había alcanzado el límite de su vida útil. Un papel puede cambiar la vida de un actor, no necesariamente para bien, pero en el caso de Hauer supuso trascender de la mera condición de intérprete a la de mito del cine, y como todo mito, hay que respetarlo, pero como también decían en “Blade Runner”, la estrella que brilla más se apaga antes, y un poco de eso le ocurrió a su carrera, que lanzada al éxito con un trabajo, después no obtuvo la recompensa artística que merecía su calidad actoral, probablemente por no escoger bien las películas, por conseguir dinero o porque el público rápidamente le asoció con un perfil de actor que le encasilló. Si el Nexus 6 tenía que durar cuatro años, el éxito de Hauer duró 6, los que transcurrieron de “Blade Runner” a “La leyenda del santo bebedor”.

 

Los saltos pueden llevarte de ser cabeza de ratón a cola de león cuando crees que vas a situarte en el lomo de la fiera, y es que el salto de Holanda a la industria de Hollywood no mejoró las prestaciones ni la carrera artística de Rutger Hauer. Habitual del Verhoeven holandés, “Delicias turcas”, “Una novia llamada Kettje Tippel”, “Eric oficial de la reina”, su reconocimiento llegó con un papel que no era el del protagonista de esta referencia del cine de ciencia ficción como es “Blade Runner”, reservado al “yerno ideal”, pero su simbiosis con el papel del replicante lleno de dudas filosóficas y existenciales ha conseguido que esa película, si se recuerda por algo en concreto es por una escena y un monólogo. Y lo que son las cosas, la fama mundial la ha mantenido un actor muy limitado mientras que para Rutger implicó el encadenamiento de una serie de papeles violentos, sanguinarios, retorcidos que le transformaron en el villano por excelencia.

 

Sin mencionar su previa colaboración con Stallone (mal aterrizaje en país ajeno) en “Halcones de la noche”, a “Blade Runner” le siguieron un producto de qualité dirigido por el poco reconocido Nicholas Roeg, “Eureka”; el solvente “noir” “Clave Omega”; la romántica-medieval-fantástica “Lady Halcón”, y las hiperviolentas “Los señores del acero”, “Carretera al infierno” y “Se busca vivo o muerto”, para alcanzar su canto del cisne particular y perderse en las sombras de subproductos alimenticios como fue “La leyenda del santo bebedor” de Ermanno Olmi y basada en el relato de Joseph Roth, película sobresaliente se mire por donde se mire y donde Hauer asume la condición de protagonista absoluto durante más de dos horas encarnando a quien no deja de ser el propio escritor y sus años de alcoholismo y absenta en París. A partir de esta maravillosa película la carrera del actor puede resumirse en la “nada”, mucha serie de televisión, algún pequeño papel a las órdenes de gente de prestigio como Georges Clooney o el propio Ermanno Olmi, y un protagonista para “El molino y la cruz”, recreación a modo de tableau vivant del cuadro de Brueghel a las órdenes de Lech Majewski, tan efectista como intrascendente.

 

Que la última vez que hayamos visto a Hauer sea dentro de un féretro no deja de ser una ironía de la vida, como sintomático que siendo el villano absoluto de “Los hermanos Sisters” de Audiard, su presencia en pantalla se reduzca a una sola escena y su póstuma presencia de cuerpo presente. En todo caso, su trascendental personaje para todos los cinéfilos de Roy Batty se equivocó en su análisis. Si creía que esos recuerdos del soldado iban a perderse con él como lágrimas en la lluvia no acertó. No habremos visto naves de ataque en llamas más allá de Orion ni rayos gamma en las puertas de Tanhausser, pero nuestra memoria va a recordar esa cabellera rubio platino empapada por la lluvia, no va a olvidar su posición sentada con los brazos en cruz y sujetando una paloma, ni la música de Vangelis, ni su frase “time to die”, es posible que la presencia de Harrison Ford en esa escena nos parezca el ejemplo de un actor poco convincente, pero sabemos que Roy Batty nos está hablando a todos nosotros, para quienes su muerte no va a significar su olvido.

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