Preparativos para la gala inaugural de Seminci 2019 en la fachada del teatro Calderón de Valladolid. Foto: Gaspar Francés
Preparativos para la gala inaugural de Seminci 2019 en la fachada del teatro Calderón de Valladolid. Foto: Gaspar Francés

El próximo sábado 19 comienza una nueva edición de Seminci, y la novedad es que no hay novedad. Volcado el esfuerzo sobre la sección oficial a concurso, como si las películas tuvieran que pelear entre ellas en vez de dialogar abriendo interesantes, o menos, debates acerca de hacia dónde se dirigen las miradas de l@s creador@s cinematográficas durante este año, el resto del festival se convierte en un contenedor inabarcable de propuestas que condenan, a muchas de ellas al vacío de espectadores y de atención mediática y del propio festival, porque es imposible poder tener una visión de conjunto con tal dispersión de sedes, incompatibilidad de horarios e inflación de proyecciones. Y este modelo no va a cambiar porque, resulta evidente, el modelo político no ha cambiado a la hora de enfrentarse a la gestión del festival. Entre riesgo y alfombra roja se ha decidido lo fácil, un cine donde sospechosamente empiezan a proliferar “premios del público” en otros festivales, selecciones al Oscar a mejor película de habla no inglesa y, de nuevo, el catálogo de ventas de las 4-5 distribuidoras que acaparan la mayor parte de la oferta de la sección oficial. Estos son los mimbres y estos son los mimbres año tras año. Como no se va a cambiar hay que aceptarlo y “laissez passer”.

El director de la Seminci, Javier Angulo. Foto: Gaspar Francés

Decía Javier Angulo que este año se había optado por “el cine europeo”, y parecía decirlo como si fuera algo novedoso para la Seminci cuando no deja de ser lo habitual en todas las ediciones, salvo que se quisiera decir que este año, más que nunca, se ha explorado menos en otros continentes, o que el año que se dedica un ciclo a un país, en concreto al cine chino del presente, no exista ni una sola película china a concurso, además en el año donde se ha producido un estallido de calidad y visibilidad de una cinematografía deslumbrante durante 2018 y 2019, ¿ceguera o falta de seleccionadores en Asia?. Centrarse en el cine europeo no es mala política, salvo por una razón, a continuación de Valladolid llega el festival de cine europeo de Sevilla, y los grandes nombres de la temporada, aquellos que han acaparado las portadas de Cannes y Berlín y muchas de las opciones de la sección “Perlas” en el festival de San Sebastián, acudirán, como viene sucediendo en la última década, a Sevilla antes que a Valladolid, si es que en alguna ocasión la Seminci de la última década se ha planteado acercarse a Bonello, Dumont, Bellochio, Sciamma, Desplechin y tantos otros.

Por lo tanto, la sección oficial de este año tiene un componente de incógnita mayor que en ediciones anteriores, pocas películas de las seleccionadas (pese a su amplio recorrido festivalero) han tenido repercusión en la prensa especializada y, a estas alturas del año, resulta poco alentador que la mayoría de ellas no hayan “sonado” o hayan sido reconocidas con premios menores. Mi apuesta personal, que, obviamente, es puro subjetivismo, es que se acerquen al ciclo de cine chino, ahí sí que van a encontrar joyas contrastadas y aparatos visuales de primer nivel, el resto del festival es una lotería, o una ruleta rusa, quien sabe. Les recomiendo estas opciones para disfrutar (espero) con gran o buen cine.

1.- KAILI BLUES de Bi Gan; arriesgando y apostando antes de ver el resto del festival, se trata de la mejor película que van a encontrarse durante la semana. El primer largometraje del director chino, que este año ha vuelto a sorprender y maravillar con “Long day,s journey into night”, empieza con el recitado de una parte de la sutra budista del diamante, y no es inocente la mención, porque las imágenes que vamos a contemplar posteriormente pueden sumirnos en un estado hipnótico que nos abstraiga hasta el punto de que nuestros ojos quedarán inmóviles ante el despliegue narrativo y visual de la obra. Vamos a disfrutar en esta película subyugante, a medio camino entre la reflexión filosófica, el cine negro, la relatividad del tiempo, con un plano secuencia de 45 minutos prodigioso y que no es mera pirotecnia visual, sino que es un elemento narrativo de primer orden.

2.- AN ELEPHANT SITTING STILL , de Hu Bo; monumental y majestuosa propuesta de cuatro horas de duración que transcurren sin descanso y sin agotamiento del espectador. Una visión negra y pesimista del presente de China de la mano de un grupo de personajes que terminan confluyendo después de haber estado cruzándose a lo largo de un corto espacio de tiempo. La tristeza de la película y sus personajes es infinita, da lo mismo un día que ochenta. Todos son iguales, todos son grises, carcelarios, gélidos. Días tóxicos en los que no queda sino sentarse y esperar, porque el movimiento no deja de ser una falsa impostación, un autoengaño encaminado a hacernos creer que es el lugar, y no nosotros, el que nos asfixia e inmoviliza. El elefante que se sienta al que se refiere el título demuestra mayor sabiduría que la de los visitantes que le observan. Sentado y quieto, deja pasar la vida aceptando que no hay solución. Mientras, el conjunto de personas con las que Hu Bo filma su debut en el largometraje sienten esa enorme desazón interior de vidas y su única pulsión parece ser la de no parar, la de seguir un camino que se acerca cada vez más a una pesadilla, con un objetivo inmediato, pero con la violencia como reactivo; reunirse con el elefante del zoo de Manzhouli, ¿será el elefante la propia China y será el viaje a Manzhouli la única manera de escapar del peso de ese elefante?.

3.- BEHEMOTH de Zhao Liang. El Behemoth bíblico se ha despertado en esta propuesta fílmica sorprendente, magnética, brutal, poderosa, incómoda. Los cantos de los monjes tibetanos que inician y terminan el relato surgen del vientre, desde lo más profundo de nosotros, para reflejarnos en el espejo que transporta ese hombre condenado a vagar, devolviéndonos una imagen que no nos gusta. Rostros, más rostros, retratos como si Joao Salgado hubiera resucitado. Rostros de hombres y mujeres durante y después de su jornada laboral. Estamos en las llanuras de la Mongolia interior, la que pertenece a China, la que es horadada día tras día de manera inmisericorde, transformando el paisaje, reduciendo al hombre a mero material desechable, contaminando sin parar en un alocado ritmo de producción, para transformar un páramo en un cementerio de viviendas. Ese Behemoth se ha despertado pero resulta que tiene más figura humana que animal, que las montañas que eran refugio de la bestia nos han descubierto que ésta era pequeña de tamaño, pero insaciable en su avaricia y muy humana en su aspecto. Nada, ni nadie, podía imaginar que los males mitológicos se encarnaran con tanta precisión en unos pocos hombres, mientras la inmensa mayoría se desangra. No es sólo lo que se cuenta, sino el cómo se cuenta este viaje, mezcla de onirismo y cruda realidad, lo que eleva a la categoría de excelente una película que, como tantas otras, demuestra que el censor es un tipo bastante imbécil y cuadriculado, que sólo entiende el peligro si expresamente se critica algo con palabras, pero que, en la sutil transformación del relato crítico en imágenes, se pierde, y no sabe cómo se está desmontando el mensaje político oficial mediante el simple reflejo visual de una realidad brutal.

4.- O QUE ARDE de Oliver Laxe. La película española por excelencia de esta temporada a la que, paradójicamente, la Seminci le lanza una OPA hostil en la semana de su estreno. Actualmente en cartelera en la ciudad, la empresa que la exhibe se va a encontrar con una inexplicable competencia simultánea. En todo caso estos son otros debates ajenos a la calidad enorme de la película sobre la que escribí la semana pasada en esta misma publicación y a la que pueden dirigirse aquí quienes tengan mayor interés en conocer un poco mejor su forma y su contenido.

5.- MÁS CINE ESPAÑOL. El cine español compite en desigualdad en la sección oficial de la Seminci, se le exige su estreno en el festival mientras el resto de competidoras ya se han rodado a lo largo de otros certámenes. Esto obliga a Seminci a competir directamente con Donosti, que es quien suele acaparar lo más llamativo (y también lo más comercial) de la producción, lo que, unido a una mala selección histórica de cine español en el festival suele provocar la llegada de productos menores al público en la Seminci. No digo que sea el caso de este año, pues habrá que ver si Benito Zambrano recupera algo del pulso que le dio a conocer en su momento con aquella lejana “Solas”, y que no volvió a repetir, aunque lo haga adaptando una novela muy leída y de la que cada espectador se habrá imaginado sus imágenes, lo que incrementa la dificultad de su apuesta; o si el debutante en el largo de ficción Polo Menárquez aporta algo de riesgo y aire fresco a la casi siempre acartonada selección a concurso por parte de nuestro cine, pero es en la sección Spanish Cinema donde se pueden disfrutar películas recientemente premiadas en festivales como “La hija de un ladrón”, otra ópera prima solvente sobre la España de la crisis y ausencia de servicios públicos con una espectacular Greta Fernández, “La innocéncia” de Lucía Alemany, publicitada como relato autobiográfico adolescente, “Love me not” del siempre sugerente y arriesgado Lluis Miñarro recreando el mito de Salomé en medio de la guerra contra el terrorismo, con Ingrid García Johnsson haciendo de seductora Salomé y Oliver Laxe como preso de un Guantánamo del desierto, “La virgen de agosto” del más nouvellevaguiano de nuestros directores, Jonás Trueba, el experimento visual y sensorial creado por Armand Rovira y Saida Benzal en “Letters to Paul Morrisey” y el largo de animación “Buñuel en el laberinto de las tortugas” de Salvador Simó, recreación de la aventura que Buñuel, Acín y sus colaboradores franceses llevaron a cabo para filmar su documental “Las Hurdes, tierra sin pan”, sin ocultarse las trampas conocidas que Buñuel llevo a cabo para conseguir las imágenes que quería, en un estilo diáfano, vitalista, quizás demasiado jovial atendiendo a la crudeza de lo que se estaba visitando, pero de gran calidad técnica y visual.

6.- SECCIÓN OFICIAL .- Con reservas, y sin haber visto nada más que la película de los Dardenne y Heradid de Grimur Häkonarson, las cuáles espero que no pasen a ser lo mejor del festival, porque ambas repiten esquemas ya utilizados en su cine, en especial los Dardenne, para los que últimamente parece que filmar es más una obligación que un disfrute con un final moralista más que discutible en su “El joven Ahmed”, acercamiento al fenómeno de la radicalización islámica en un joven nacido en Bélgica y en el seno de una familia musulmana occidentalizada. “Heradid” tiene unas concomitancias llamativas con la película islandesa del año anterior “La mujer de la montaña”, perdiendo por el camino el humor negro de “Rams” que dio a conocer al director, haciendo una fábula ecologista y moralista llena de convencionalismos cinematográficos muy vistos. Con Paskalievic en horas bajas, me atrevería a arriesgar con “Echo” de Runar Runnarson, de quien se comenta que ha dado un giro a su cine buscando un mayor riesgo que el de su premiada, pero bastante convencional, “Sparrows”, “Cat in the Wall” de Milena y Kazakova, película bien valorada tras sus pases festivaleros, los hasta ahora solventes y demoledores directores búlgaros Grozeva y Valchanov con su “Bashata”, la incógnita de “Hombres de piel dura” de José Celestino Campusano, un director en las antípodas del tipo de cine argentino traído a este festival y que, si mantiene su línea anterior, removerá en sus asientos al público fácilmente escandalizable de la ciudad por su crudeza al tratar el sexo y la violencia, “Lara” del solvente director alemán Jan Ole Gerster y la película brasileña, cinematografía igualmente en alza, y en la que habrá que comprobar cómo se ha saldado la mezcla del culebrón con la idea de realizar una película de calidad por parte de Karim Ainouz en “A vida invisivel de Eurídice Gusmao”. Pero ya saben, si no quieren arriesgar, pueden ir a ver cine chino, pueden ver algo de Wang Bing, de Jia Zhang ke, “The Pluto momento” de Zhang Ming, “Black coal” de Diao Yinan (qué pena no traer “El lago del ganso salvaje”, incluso a concurso), “Present, perfect” de Shenghe Zhu, “Have a nice day” de Liu Jian, “Trap Street” de Vivian Qu…… hay donde escoger, sin duda, lo que no sirve más allá de esta semana es el modelo, que no aporta nada perdurable a la ciudad.


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