Quique González, en un momento de su actuación de ayer en Valladolid. Foto: Gaspar Francés
Quique González, en un momento de su actuación de ayer en Valladolid. Foto: Gaspar Francés

El timbre incesante de un teléfono sonando en la cabina que decoraba el escenario era la señal, las siluetas se proyectaban tras sus ahumados cristales, un muro de ladrillo con la persiana bajada en el otro lado, farolas de ciudad que alumbraban aun tenues y entonces, junto al letrero de la 'Asturiana de Zinc', entraron uno a uno los músicos arrancando aplausos que se convirtieron en gritos de euforia cuando la estrella de la noche entró en escena. Con seguridad, felicidad y una enrome sonrisa, así irrumpieron en el escenario del LAVA Quique González y Los Detectives.

Ambiente de thriller policíaco de los de whisky, humo de tabaco y revolver Smith & Wesson dispuesto bajo la chaqueta. Venían a presentar 'Me mata si me necesitas', el noveno disco del madrileño Quique González. Y así empezaron, tras un efusivo “buenas noches amigos” empezó a sonar 'Detectives', canción que da nombre a la banda. O viceversa. A modo de reconocimiento a los músicos que le acompañan, Quique acostumbra a bautizar a cada banda con la que gira. En épocas anteriores fueron Los Conserjes de Noche, Los Taxi Drivers, La Ray Band o La Aristocracia del Barrio. Ahora Los Detectives están formados por Pepo López a la guitarra eléctrica, Alejandro Climent “Boli” al bajo, Edu Olmedo a la batería, Nina Morgan voces, Edu Ortega guitarras, mandolina y pedal steel -Quique bromeaba presentando la banda con que era más sencillo decir lo que Edu no había tocado que recitar todo lo que sí-, además de estar acompañados en esta ocasión por David Chuches al teclado, Hammond y acordeón. Un plantel de lujo, músicos de contrastada experiencia e incontestable solvencia.

Quique González y Los Detectives, sobre el escenario del Lava. Foto: Gaspar Francés
Quique González y Los Detectives, sobre el escenario del Lava. Foto: Gaspar Francés

El repertorio se organizó en bloques, empezando por la cara A del nuevo disco. 'Se estrechan en el corazón' que fue el adelanto del disco, el rock de la rabia y las ausencias de 'Sangre en el marcador', para dar paso a uno de los nuevos himnos, 'Charo' con la voz de Nina -desgarradora y desgarrada- dibujando esta historia de amor entre un camionero que recorre la N-634 y una camarera de un bar que frecuenta, intercambiándose reproches, recuerdos y promesas. Con 'Cerdeña' cerraron este bloque de nuevas canciones y empezaron a recuperar otras de trabajos anteriores. Una selección de temas poco habituales u olvidados de sus viejos discos, como la historia del boxeador 'Kid Chocolate' incluida en 'La Noche Americana', 'Caminos estrechos' de 'Pájaros Mojados', la eterna pregunta de '¿Dónde está el dinero?' o 'Tenía que decírtelo' de su anterior trabajo 'Delantera Mítica', con un sublime solo de mandolina entre toda la amalgama de sonidos eléctricos.

Además de este nuevo disco, se cumplen 15 años del disco que marcó un antes y un después en su carrera: 'Salitre 48'. Lo que en principio fue una maqueta salida del portal de dicha calle del madrileño barrio de Lavapiés, grabada a medias con su entonces productor y escudero Carlos Raya, se convirtió en uno de los esenciales del rock en castellano. La gente se las sabía todas, 'La ciudad del viento' o la homónima 'Salitre' levantaron a un público que, aunque corea y reconoce la calidad de los nuevos temas, siempre ansía alzar la voz recordando viejos temas que para muchos han sido su banda sonora vital. Nina volvió a la primera fila del escenario para la que podría ser la gran sorpresa de la noche. En aquel 'Salitre 48' se incluyó 'De haberlo sabido', canción paradigmática de la belleza del desamor. Quique siempre cuenta que la escribió para que la cantara una chica y, después de improvisarlo en la prueba de sonido sin que inicialmente estuviera incluida en el repertorio, arrancaron con Edu Ortega al violín y Quique González a la acústica para acompañar la voz de Nina. Lograron, con más o menos tino culpa del exceso de alcohol en parte de los presentes habitual en un recinto que albergaba unas mil almas, erizar el vello de un público que respetuoso y boquiabierto acompañaba la melodía.

Sala abarrotada durante el concierto. Foto: Gaspar Francés
Sala abarrotada durante el concierto. Foto: Gaspar Francés

Tras esta vuelta al pasado, recuperaron el presente con la cara B de 'Me mata si me necesitas'. Desde   'Ahora piensas rápido' a la sublime 'La casa de mis padres', pasando por innumerables escenas y relatos costumbristas, veces en color veces en blanco y negro, como los madrugones para abrir el taller de 'No es lo que habíamos hablado'. Quique no es un cantautor social, de los de panfleto y consigna, pero su mirada no es impermeable a la realidad que rodea a la gente y en sus versos se esconden veladas críticas al establishment o reconocimientos a las personas anónimas que son el motor de un mundo que a duras penas sigue a flote. Un atisbo de despedida, la pantomima habitual de los conciertos, y Los Detectives volvían a escena para recuperar una de las grandes de la discografía, fue un regalo para los fieles cuando empezó a sonar “Pequeño rock & roll', 'Su día libre' o 'Avería y redención'. Descarga de las tres guitarras Telecaster que había en el escenario dejando claro que las etiquetas aquí no sirven. El final estaba cerca y con la inédita 'Clase Media' pronto conoceríamos el desenlace. 'Kamikaczes enamorados' y 'Dallas – Memphis' cerraron la noche ante un público que aun guardaba unos cuantos temas pendientes en su lista de deseos para esa día pero que se iba para casa con una sonrisa en la boca y unos cuantos temas en la cabeza de los menos habituales en el repertorio de Quique González.

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