Laura Fraile y Elisa Martín Ortega en la Plaza Mayor. FOTO: Gaspar Francés
Laura Fraile y Elisa Martín Ortega en la Plaza Mayor. FOTO: Gaspar Francés

La escritora, investigadora y profesora de Literatura Elisa Martín Ortega y la periodista de últimoCero Laura Fraile han protagonizado una de las conversaciones programadas en la Feria del Libro de Valladolid en las que se han enfrentado dos fórmulas diferentes de enfrentarse al proceso creativo que comparten, sin embargo, un mismo origen: la necesidad de escribir.

Martín Ortega y su poemario “Alumbramiento” han sido los protagonistas de un encuentro en el que también se han colado las “Mujeres que tararean canciones inventadas” de Laura Fraile, que ha sido la encargada de presentar a la poeta vallisoletana y su último trabajo, “con una estructura unitaria y lineal” que, en tres partes (Preludio de amor; Espera e Infancia), se pasea por la experiencia vital de la concepción, el embarazo y el parto y el encuentro con un nuevo ser.

“La primera parte del poemario son poemas de amor de pareja. En ella se nota la tensión de la pareja que se abre a algo distinto, el deseo sexual, la incertidumbre, la angustia”, explica Martín Ortega antes de indicar que la segunda parte de su obra, centrada en el embarazo, ha sido “la más difícil de escribir” y está circunscrita “a la experiencia del cuerpo”. En la última parte, dedicada a la infancia y donde incluye un poema que comienza con el verso “El amor es un ladrón de palabras”, Martín Ortega aborda la relación con un bebé que todavía no habla, “una relación que no pasa por el lenguaje”.

Una experiencia vital basada en la introspección que se sitúa en las antípodas de la atenta mirada con la que escruta la realidad más prosaica Laura Fraile y cuyo contraste ha servido de hilo conductor de una conversación sobre el proceso creativo después de que tanto Elisa como Laura leyeran algunos fragmentos de su obra.

“El hecho de escribir va con uno. Es parte de tu identidad y de tu forma de estar en el mundo. No me planteo la escritura como profesión”, ha comentado Martín Ortega antes de confesar que en el origen de su escritura “siempre hay una falta un vacío”. “Escribir no es un ejercicio terapéutico, pero sí que es verdad que la escritura ofrece momentos de felicidad. Para escribir no es necesario sufrir necesariamente pero esas partes de ti que tienden a angustiarse es de donde nace la escritura”, ha explicado la poeta.

“Entre el microrrelato y la reflexión” se sitúa el trabajo de Laura Fraile, que ella misma ha definido como “un ejercicio de observación indiscreta”, una “mirada que permite soportar la ciudad”.

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