Petros Márkaris, uno de los novelistas europeos más leídos gracias a Kostas Jaritos, demostró que es mucho más que el inventor del comisario del Departamento de Homicidios de Atenas. Guionista de cine de Theo Angelópoulos, ensayista, traductor, cronista de la crisis en Grecia e intelecual político, comprometido, sin pelos en la lengua. Para él, ni Txipras ni Syriza son de izquierdas. "Hay que echar a los políticos", afirmó en su conversación con Tomás del Val dentro de la 49 Feria del Libro.

Márkaris (Estambul, 1937) empezó declarando sentirse bien en España. En su paseo por la ciudad, antes de acudir a su cita en el Teatro Zorrilla, constató el poder sentarse en una terraza para tomar un café. "Espero que podamos seguir compartiendo este placer cotidiano", dijo. Un hecho aparentemente tan normal para nosotros como unas sillas en la calle, que en otros países resulta algo excepcional, dio pie al escritor griego para opinar sobre la diversidad de Europa.

"Uno de los problemas es que hay diferencias, diferentes pueblos, y hay que encontrar las maneras de convivir. Aprovechar esa diversidad de Europa es importante. Lo que es vinculante es la cultura. Hoy la cultura está olvidada y es muy doloroso.  Ya tengo 79 años y la cultura sirve como si fuera un postre. Si un día he comido mucho y me ofrecen un postre, digo: No, por favor un café. El problema es que la cultura son las alubias, el plato de cuchara. Hoy en día no se entiende la cultura, porque supone aceptar la diversidad".

Así arrancó el encuentro con Petros Márkaris, que dijo muchas cosas aunque también dio la impresión de tener todavía más cosas que contar. Tal vez en algunos momentos de la conversacion el escritor griego no pudo disimular su cansancio por tener que hablar de ciertos temas. Lo demostró cuando salió a relucir por primera vez la figura de Jaritos.

"Hay una cuestión de la que no me gusta hablar. Me aburro mucho y con mucha facilidad. Cuando terminé de escribir las dos primeras novelas de Jaritos ['Con el agua al cuello' y 'Liquidación final'] estaba aburrido y decidí traducir Fausto, y después volví a escribir una tercera novela ['Pan, educación, libertad']", manifestó el escritor girego, que daba así por cerrada la Tetralogía de la Crisis.

"Con Jaritos", añadió Márkaris, "he tenido mucha suerte porque se me apareció con su familia, que es muy importante en el Sur de Europa y en el Sur de América, donde los lectores se identifican con la familia, no con el comisario.  En Grecia les encanta la familia. El policía se convierte en un miembro de la familia más que en un comisario. Se ve a Jaritos como familia media de Grecia. Eso es algo que me complace".

Petros Márkaris habló sobre los personajes de sus novelas de la Crisis: Jaritos, casado con Adriani y la hija de ambos Katerina. De la esposa del policía dijo: "Cada vez que escribo algo sobre Adriani me pregunto qué diríra mi madre. Y respondo con sus palabras. Es idéntica a ella". Recordó la anécdota vivida en Uruguay donde una joven le dijo: 'Tengo una hija de 9 meses y  la he llamado Katerina porque me gusta mucho su Katerina y me identificó con su familia'. "Me siento un poco el abuelo de aquella niña. Eso es muy especial para mí", expresó el escritor, que elogió el papel de las familias griegas en la Crisis.

"Habría sido imposible que Grecia hubiera sobrevivido sin la familia, sin su ayuda. Vivo en un país con el 28% de la poblaicón en paro y casi un 60% de desempleo juvenil. Las familias se han mantenido unidas en el reparto de las pensiones. Sin la familia se habría perdido todo. Es mi experiencia de primera mano", declaró Márkaris, que contrapuso esta realidad con la de los países del Centro y Norte de Europa, "donde los niños de Secundaria abandonan la casa familiar a la que no vuelven ni en vacaciones. No hay familia. No tienen experiencia de vida familiar; no entienden nada".

Petros Márkaris recordó lo que una vez dijo a un auditorio en Alemania: "Vais a Mallorca, a España, véis la costa, el sol, la playa... y exclamáis: ¡Oh! qué paraiso'. Pasáis unas vacaciones de ensueño pero lo que no sabéis es que todo eso es parte de la cultura más antigua de Europa, eso lo ignoráis".

Tomas del Val planteó que antes los españoles pobres eran felices, dentro de sus dificultades, pero que ahora viven con una gran intranquilidad. "Es lo mismo que los griegos que eran pobres pero tenían una cultura de gran nivel, de una gran magnitud; la llamaban la cultura de la pobreza. Esa era nuestra fuerza. El problema es que en Grecia la cultura de la riqueza es sinónimo de gasto de dinero. En mi país hemos tirado muchos valores ligados a la pobreza. Ese es el gran problema. Ahora esos valores se han ido y ahora producimos la cultura entremedias, lo que significa que no es productiva".

Del Val volvió a Jaritos para preguntar el porqué, si el escritor y los lectores son mayoritariamente de izquierdas, el comisario procede de la Dictadura de los Coroneles. Y Márkaris aclaró: "Jaritos apareció en mi vida. Estaba escribiendo unos guiones -'Anatomía del crímen'- para una serie de televisión. Llevaba 3 años y estaba agotado y cominqué a los directivos de la cadena que lo dejaba. Me dijeron que si estaba loco, que estaba ganando mucho dinero... Insistí en que estaba agotado, pero me convencieron para que siguiera otros 3 meses y luego ya veríamos. De repente me encontré a la familia de Jaritos enfrente de mi escritorio. Era una familia muy normal, de clase media: un hombre, una mujer y una chica. Me dije: no voy a escribir; tienen que marcharse. Pero aquel hombre insistía y no me dejaba. Una tortura. Hasta que llegué a la conclusión de que si este hombre me estaba torturando tanto, o era policía o era dentista".

Tras pedir disculpas por si en la sala había algún dentista, Márkaris continuó con su exposición: "De esta manera Jaritos apareció en mi vida. Y tuve que escribir relatos policiacos. Siendo de izquierdas tenía que tener una empatía con un policía, que tenía que caer bien por ser una persona que castiga el delito, que es lo más religioso que puede pasar. Hasta ese momento yo odiaba a los policías e hice un experimento: le puse una ropa normal, de calle, y así lo convertí en una persona de clase media; se parecía a mi padre, Adriani a mi madre... Y empecé a escribir y convertí a los dos personajes en uno. Encontré a un comunista, que estaba defraudado de la izquierda pero a la vez mantenía esa lucha como persona que nunca cede. Ahora los jóvenes son diferentes".

El conductor del encuentro puso sobre la mesa el tema de la reconciliación: "España y Grecia han sufrido una guerra civil. El personaje comunista de sus novelas ha sido torturado tiempo atrás, pero aún así logra reconciliarse con el policía. ¿Es una metáfora de la concordia?". Márkaris respondió que "sí, por supuesto".

Márkaris y Val, durante la charla en la Feria del Libro de Valladolid. Foto: Carlos Arranz
Márkaris y Val, durante la charla en la Feria del Libro de Valladolid. Foto: Carlos Arranz

"En Grecia no ocurrió la reconciliación. Nos sobrepusimos a la guerra civil, pero la reconciliación sigue sin llegar. Seguimos estando divididos. 'El que no está contigo es tu enemigo'  y no tiene que ser así. Hay que aceptar las diferencias, conciliarnos con las ideas que otros puedan tener y que son diferentes, pero no tienen porque ser enemigos. La actual: él o yo, es el resultado de esta falta de reconciliación. Los nacionalistas son los que debían de haber propiciado esa reconciliación y no lo han hecho. Ahora estamos pagando el precio", dijo el escritor.

Petros Márkaris abordó a continuación la diferencia entre la novela policiaca del Sur de Europa con la nórdica. "Estoy cansado de los detectives que comen pizza y beben cerveza", dijo, para entrar a continuación en las diferencias geográficas y sociales entre una zona y otra. "Las novelas nórdicas son demasiado largas. Te aburren", lo que justificó por razones climatológicas: "Para los suecos o llueve o nieva, y en el Mediterráneo hace un tiempo maravlloso, que es un hándicap para meterse a leer". También destacó la "mayor brutalidad" de las novelas del Norte de Europa.

Después la conversación -seguida por traducción simultánea- entró en cuestiones relacionadas con la Crisis, de la que había dicho que no iba a escribir más, aunque sí ha publicado una nueva novela en su país. En las anteriores, dijo, se puede seguir la evolución de las consecuencias cada vez peores del austericidio: primero cocinan para toda la familia, luego Jaritos tiene que utilizar el transporte público... "He mostrado la crisis de la familia media griega", manifestó Márkaris, preocupado por el porqué de las cosas. "Es una pregunta social; tenía que encontrar el porqué", subrayó.

El novelista explicó por qué los más pobres se refugian en partidos nazis, como Aurora Dorada. "El extranjero no es bienvenido. No hemos querido al extraño, siempre es el otro.", afirmó Márkaris, que nació en Estambul y conoce bien la rivalidad con Turquía, la llegada de los primeros inmigrantes a su país que eran griegos de la diáspora, etc.  "No somos capaces de comprender que incluso el que viene a nosotros en situación deseperada, una vez encontrada la forma de integrarlos, va a ser productivo, también en lo cultural. Es la primera vez que en Grecia veo que los griegos se comportan bien con los inmigrantes, sobre todo en las islas. La gente sabe bien lo que les pasó a sus tatarabuelos. Pero nadie es inocente aquí. Nadie. Todo el mundo Occidental es corresponsable. Hemos contribuido a la destrucción de esos países. Las víctimas son ellos.¿Dónde está la solidaridad ahora? Nada. No hay respuesta", expresó con rotundidad el escritor.

Tomás del Val preguntó a Márkaris la razón por la que Jaritos nunca confió en Txipras ni en Syriza "¿Cómo está Grecia? ¿ ónde va?", inquirió el moderador. La respuesta vino precedida de un: "Ten piedad de mí" y se preguntó el novelista por qué siempre tenía que hablar de Varoufakis, Txipras... "Estoy cansado de los dos. Ya no hay izquierda. Txipras es un populista que habla bien pero no es de izquieras. En Grecia la gente está defraudada con la centroderecha; vamos a intentarlo con los jóvenes. Esto se puede llamar hipocresia. Con el Memorándum es ahora más difícil que antes. La mayoría dice que la izquierda lo hubiera hecho mejor. No lo comparto. No creo que Txipras sea la izquierda. ¿Quién es la izquierda? Estoy buscando la izquierda, cuando la encuentre, lo contaré".

Petros Márkaris comentó el papel de los intelectuales y el sentimiento de algunos al "no querer ensuciarse y no hablar de los problemas porque, si lo hicieran, acabarían pagando por ello. Estamos en un periodo de transición, que no va a ser mejor. Es imposible que una sociedad sobreviva si todo se basa en el dinero. Hay otros valores. Hay que echar a los políticos. No existe resistencia. De ahí  que me digan que quién me manda meterme en líos. Pero no puedo detenerme, si no escribo de estos problemas al día siguiente me muero".

Varias fueron las preguntas planteadas por el público, que casi llenó la sala principal del Teatro Zorrilla. Un asistente planteó  las razones para que ahora, en España, no se hablara tanto de Grecia. Márkaris contestó: "Hace dos o tres años, Grecia planteaba cambiar el problema con un experimento. Pero no lo hubo. Todo se hizo igual. Nada ha cambiado. Seguimos con la Crisis. El sufrimiento se ha convertido en una especie de hábito. A nadie parece importarle". Con esta rotundidad concluyó la conversación en inglés que fue seguida por el público con traducción simultánea;  el inglés fue también el idioma que Petros Mákaris empleó en la dedicatoria de los muchos libros que sus seguidores le reclamaron, en uno de los actos más importantes antes que la Feria del Libro echara el cierre.

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