La concejala de Cultura, Ana Redondo, realiza el balance d ela Feria del Libro ante los medios de comunicación. Foto: Carlos ArranzLa concejala de Cultura, Ana Redondo, realiza el balance d ela Feria del Libro ante los medios de comunicación. Foto: Carlos Arranz

El regreso a la Plaza Mayor de la Feria del Libro de Valladolid, 17 años después, ha contado con el beneplácito del público, los libreros, los editores y el resto de expositores participantes. La 49 edición de este encuentro en torno a la literatura ha recibido una multitudinaria afluencia de visitantes, que durante diez días han acudido a las casetas y al más de un centenar de actividades programadas. La concejala de Cultura y Turismo, Ana Redondo, ha realizado esta mañana el balance de la edición, una valoración en la que ha destacado que la vuelta de la Feria del Libro a la Plaza Mayor era «una firme apuesta del equipo de gobierno que ha resultado ser todo un éxito, tal y como se esperaba».

La apuesta que se ha hecho por esta actividad, en medio de la crisis, «ha supuesto un esfuerzo importante», ha reconocido, pero también ha significado «una pequeña revolución cultural», sobre todo porque «los ciudadanos se han reencontrado con la feria y con el libro, en la Plaza Mayor, que es donde tiene que estar la cultura».

Orellana, Del Hoyo, Redondo, Señorans y Blanco, en la Plaza Mayor. Foto: Carlos Arranz
Orellana, Del Hoyo, Redondo, Señorans y Blanco, en la Plaza Mayor. Foto: Carlos Arranz

Redondo ha acudido a la Plaza Mayor antes de la apertura de los expositores, junto con el secretario general de Avadeco, Luis del Hoyo; y el presidente del Gremio de Libreros, Marco Antonio Blanco, quien ha querido agradecer la respuesta a los ciudadanos: «No nos han abandonado, ha sido todo un éxito». Los profesionales del sector, que siempre han sido partidarios de celebrar la feria en la Plaza Mayor, han aplaudido la decisión del Ayuntamiento de Valladolid de atender ese deseo y han hecho también un balance positivo del regreso. Blanco ha recordado que los libreros no habían acudido en ediciones anteriores por el desacuerdo con el lugar de celebración, por lo que no ha podido dar datos comparativos de ventas, pero en su caso, tomando como referencia la última edición de la Acera de Recoletos, las ventas «han sido muy superiores». La visita de público ha sido masiva, especialmente durante los fines de semana, y pese a los episodios de lluvia sufridos durante las jornadas del miércoles y el jueves. El librero dueño de A Pie de Página y miembro del comité organizador, Enrique Señorans, ha añadido que esta edición marca «un antes y un después» por el modelo de colaboración entre el Ayuntamiento y los profesionales del sector y por el programa de actos diseñado, con autores de «alta calidad intelectual».

La de Valladolid es «probablemente la segunda feria del libro de España y si podemos ser la primera, lo seremos», ha asegurado la edil responsable del área de Cultura ante la próxima celebración del 50 aniversario de la cita. «Tenemos que ser todavía mejores, si cabe», un reto que afrontarán con lo aprendido en esta edición. Mejorar la megafonía o llevar actuaciones musicales y otras propuestas culturales a la plaza forman parte de los aspectos que ya se están planteando, además de dar cabida a la autoedición. De cara a 2017, el objetivo es «continuar trabajando en la misma línea que se ha seguido en esta edición», ha apuntado Redondo.

«Hemos hecho esta apuesta y ha salido bien», ha señalado la concejala de Cultura en relación tanto a la actividad comercial como a la programación cultural que le ha acompañado. Un programa, ha dicho «que no tienen en otro lugar de España y lo tiene Valladolid», y que ha permitido que más de cien autores hayan dejado «su reflexión sobre los temas que nos preocupan como sociedad». La concejala ha felicitado a la directora de la feria, Begoña Orellana, por una programación que ha compaginado la presencia de figuras internacionales, como Petros Márkaris, y nacionales, sin olvidar a los autores locales.

Alumnos/as del Colegio Público Federico García Lorca a su paso por la caseta de últimoCero. FOTO: Gaspar Francés.
Alumnos/as del Colegio Público Federico García Lorca a su paso por la caseta de últimoCero. FOTO: Gaspar Francés.

Lo mejor y lo peor de la Feria, según últimoCero

LO MEJOR

Regreso a la Plaza Mayor. La vuelta a la Plaza Mayor, 17 años después, es un éxito solo comparable al tamaño del error que supuso su exilio. El céntrico espacio es el que se merece la Cultura y los ciudadanos de Valladolid. Para la próxima edición, con la que se celebrará su medio siglo de vida, sería conveniente repensar la ubicación de las casetas de las librerías y editoriales, así como habilitar un “área de descanso” en el que poder ojear ejemplares, charlar y descansar y que contribuya a ‘permanecer’ en la plaza.

Programa de actividades: Calificado por no pocos de los escritores participantes como “un lujo” sólo al alcance de ferias como la de Madrid, el programa de presentaciones, encuentros y mesas redondas se ha convertido en la “envidia” de otros programadores de ferias del libro. Como aspecto a mejorar solo apuntar que la programación estaba demasiado condensada, hasta el punto de tener que ‘cortar’ algunos de los actos para dar paso al siguiente.

Utilización del Teatro Zorrilla. Otra de las ventajas de la vuelta de la Feria a la Plaza Mayor es la posibilidad de utilizar el Teatro Zorrilla. El espacio escénico, tanto con su sala principal, como la experimental y la de prensa, son el complemento ideal para dar prestancia a los encuentros y presentaciones que forman parte de la programación oficial.

Las visitas escolares. Han propiciado que durante cinco días que más de 1.000 estudiantes de 5º y 6º de Primaria procedentes de una decena de colegios de la capital vallisoletana hayan conocido la feria con una yincana que les ha acercado a las figuras de Cervantes y Shakespeare. Este apartado diseñado para los lectores incipientes ha completado una extensa programación para todos los públicos, integrada por encuentros con autores, mesas redondas, presentaciones y firmas de libros, además de incursiones en los campos del teatro y la música, y la exitosa Ruta Teatralizada de Cervantes de la compañía Azar. La ampliación de las actividades hacia un público juvenil (a partir de los 14 años) puede ser uno de los retos a plantear en la próxima edición. La programación de encuentros con los autores que leen los jóvenes, al margen de los propuestos por los centros escolares donde estudian, podría ser una fórmula a explorar.

El cartel de la edición, diseñado por el pintor Manolo Sierra, con la Plaza Mayor como símbolo de lugar de encuentro y de paso de los ciudadanos, ha resultado premonitorio del desarrollo de la feria. También se ha cumplido el lema, Imaginar el mundo, que alude a la intención de traspasar el ámbito local y de crear unas señas de identidad diferenciadoras.

Gabinete de prensa. Al contrario de lo que ha ocurrido con otros certámenes de carácter internacional, el de la Feria del Libro se ha convertido en un equipo eficaz que ha facilitado el trabajo a los medios de comunicación.

Presencia de editoriales independientes. Distintas editoriales independientes han contado con caseta en esta edición de la Feria. Una presencia que es de agradecer, ya que sirve para dar a conocer algunas de las publicaciones que lucha por un espacio propio al margen de los grandes canales de distribución.

LO PEOR:

Presencia de Galland Books. La presencia de Galland Books en la feria, con una caseta propia, solo puede interpretarse como un gol a los organizadores. En una Feria del nivel de la Valladolid resulta inexplicable la presencia de una editorial filo nazi por mucho que camufle la venta de ejemplares más que cuestionables entre libros de cuarta categoría y publicaciones infantiles.

Ausencia de música y mala megafonía. Son errores ya asumidos por la organización. La megafonía por la que se anunciaban los encuentros y las firmas de los autores no ha estado a la altura. También ha resultado un desperdicio la zona central de la Plaza Mayor, donde bien podría haberse habilitado un pequeño escenario donde propiciar actuaciones musicales adecuadas al entorno.

‘Mientras la ciudad duerme’. Para el año que viene se podría repensar el nombre dado a esta sección del programa. Sobre todo, teniendo en cuenta que es raro encontrar a alguien que se vaya a dormir cuando todavía hay luz solar en la calle.

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