Gustavo Puerta, uno de los editores de la revista ¡La leche!. Foto: Laura Fraile

"Rompamos con lo que hay. Imaginemos otros caminos. Proclamemos lo posible sobre lo real". Con estas tres sugerencias inició este viernes por la mañana Gustavo Puerta su intervención en el Encuentro Internacional de Ilustración Vilustrado, al que llegó con un propósito claro: hablar con absoluta transparencia de un sector en el que ha trabajado como formador, comisario, crítico e investigador.

Gustavo comenzó ofreciendo un dato. "El 92% de la literatura infantil española se produce para la escuela y está siendo manejada por cinco grupos editoriales: SM, Edebé, Edelvives, Anaya y Planeta. En el año 2015 se publicaron 51 millones de ejemplares de casi 13.000 títulos correspondientes a estos cinco grandes grupos, de los cuales tres pertenecen a la Iglesia y dos a grandes medios de comunicación masiva", desveló este crítico literario.

Gustavo también se refirió al mercado editorial. "Estamos en un momento en el que se producen muchas cosas, muy malas y con un tiempo de caducidad muy breve que no supera los tres meses", dijo antes de denunciar la "escasez de planteamientos originales que se salgan de la media". A este análisis Gustavo añadió un elemento más: la "paupérrima" retribución económica de los ilustradores. "Viven en una economía precaria en la que no se computan ni el número de horas ni el tiempo de vida del libro en el mercado".

Este crítico literario, que llegó a mencionar la existencia de una "burbuja editorial", también habló de la "crisis de comercialización" de una industria que ha "bebido de subvenciones económicas" y que se ha basado en el reflejo de unos prejuicios acerca de "cómo se concibe el libro para niños".

En relación a este último punto, Gustavo se refirió a la idea preconcebida existente en España de que la "buena literatura" es "elitista", mientras que la de "masas" es de "escasa calidad". También criticó la moda del "libro del buen rollito con mensaje edificador" que ha acabado simplificando la realidad, así como la existencia de ilustradores más preocupados por ofrecer un planteamiento estético sólido que por tener en cuenta al niño como interlocutor. "El modelo de literatura infantil vigente es vertical. Un adulto quiere contarle algo al niño y él baja su nivel cognitivo con términos edulcorantes. A este modelo se contrapone uno horizontal en el que yo, como adulto, tengo algo que contar y me esfuerzo por tratar de transmitirlo en términos en los que éste participe y sea activo en el proceso", describió Gustavo.

¿Es posible desarrollar una literatura infantil centrada en las necesidades vitales de los niños? Se preguntó este viernes este crítico literario. Su respuesta vino acompañada de cuatro preguntas más que invitaron a los ilustradores que habían acudido a su charla a seguir reflexionando sobre este aspecto. "Yo os animaría a que os preguntáseis ¿qué tengo que contar?, ¿por qué quiero contárselo a un niño?, ¿por qué al niño le puede interesar? y ¿por qué utilizar un libro o álbum para ello?".

¿Qué necesita un niño? Se preguntó Gustavo nuevamente durante su charla. La respuesta fue múltiple: sentido de pertenencia, posibilidad de participar de un imaginario, realizarse, hacer, crear, construir, sentir, experimentar, saber, descubrir, sentir curiosidad...

Gustavo Puerta dirigió las secciones de Educación y Literatura infantil y juvenil de la revista Educación y Biblioteca entre los años 2006 y 2012. Además, desde el 2002 al 2008 fue crítico del suplemento El Cultural del periódico El Mundo. Ha sido profesor del Máster en Libros y Literatura para Niños y Jóvenes de la Universidad Autónoma de Barcelona, del Máster en Álbum Infantil Ilustrado de la Casa del Lector e Iconi, del Máster de Promoción de la Lectura de la Fundación FGSR y del Curso de Postgrado Lectura, Libros y Lectores infantiles y juveniles de la Universidad de Zaragoza.

Este crítico e investigador venezolano dirige actualmente la Escuela Peripatética de Literatura Infantil, que se creó hace cuatro años en Madrid. Uno de sus últimos proyectos ha sido la fundación de la revista cultural ¡La leche!, proyecto que comparte con cuatro personas más: Inés Puig, María Pascual, Alejandra Fernández y Juliana Salcedo. "Hemos decidido dirigirla a los chavales que casi saben multiplicar. Es decir, a los que tienen entre 9 y 12 años, ya que es el sector más abandonado entre la literatura infantil".

El primer número de esta revista, que se presentará este sábado a las 20:15 horas de la tarde en el LAVA, tiene una veintena de colaboraciones. Juliana Salcedo escribe e ilustra el gran incendio que hubo en Londres en el año 1666 y Marta Pina recupera la correspondencia que se intercambiaron un tío y su sobrina desde Manila y Madrid. Alejandra Fernández realiza un inventario de la máscara de gas, Vicente Ferrer, editor de Media Vaca, comparte todo tipo de curiosidades sobre su oficio y Alice Bossut refleja un paseo por Quito. La revista ¡La leche! tendrá una periodicidad trimestral y puede adquirirse por 9 euros en librerías especializadas. En el caso de Valladolid, puede comprarse en la Livraria Delarriva y en El lobo feroz.

Programación del Encuentro Internacional de Ilustración  

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