Carlos González, autor de 'La incesante tormenta'. Foto: Gaspar Francés
Carlos González, autor de 'La incesante tormenta'. Foto: Gaspar Francés

Carlos González (1951, Valbuena de Duero) presenta este viernes (a las 19,30 horas en el Hotel Roma) su primera novela: “La incesante tormenta”, un relato costumbrista, social, realista y crítico, donde los personajes aparentemente normalizados se ven envueltos en situaciones comprometidas de subsistencia.

Se trata de “una novela de perdedores, nunca de vencidos, que describe el Valladolid y la  provincia del último medio siglo desde un punto de vista de lo vivido y sufrido en primera persona por el protagonista”, explica el autor, especialista en educación de adultos con toda una vida a sus espaldas relacionada con la implicación en los servicios sociales y educativos, liderazgo de grupos y desarrollo de aplicación en defensa de los derechos humanos.

“Aunque me ha gustado siempre escribir relatos cortos, poesía, alguna obra de teatro corta para jóvenes… el reto de escribir una novela ha estado siempre martilleando mi mente.Pero siempre pensé que era una misión demasiado seria y provocaba pánico. Estructurar argumentos, armar personajes, construir ambientes y hacerlo con el ritmo necesario y que los lenguajes se adapten a la historia contada, me parecía una apuesta un tanto soberbia, de las que provocan un vértigo incalculable. Pero así empezó todo: me lo propuse y la terminé”, explica González.

Pero, si el gusanillo ya estaba ahí ¿por qué se ha decidido ahora a hincarle el diente a la manzana? “Es un tópico decir que los tiempos están cambiando, pero es cierto. La sociedad la conforman los personajes y éstos cambian y permutan constantemente. Creo que la actualidad es un ejemplo palpable. No me aprovecho del momento, pero creo que hay que decir ciertas verdades para no caer en la frustración. La masa social no se cambia solo por los buenos proyectos o programas, por las buenas intenciones; también hay que saber elegir( quizá sea lo más importante) a las personas adecuadas para esa transformación social, y, creo sinceramente, que ahí reside el error principal”, comenta el autor.

Para González no es que su novela sea pesimista: “El pesimismo subyace desde el nacimiento. Nadie nos ha preguntado cuándo ni dónde tenemos que nacer. La vida es una espera constante, porque no sabes lo que va a acontecer. Miras, oscultas ,aprendes y otorgas en principio una gran confianza a los que en teoría tienen la obligación de posibilitar, mejorados, los cambios.Pero te asalta la duda. El conjunto de muchas dudas produce frustración. La vida no es un juego donde las normas las ponen unos pocos. Nadie tiene el derecho de jugar con las ilusiones de la mayoría. Pero, al final, la vida pasa factura. No es una novela pesimista, sino real; lo demuestran los aconteceres. Aquí no hay vencidos,s implemente perdedores. Los que contemplan la vida desde un peldaño acomodado no están descritos ni nominados en este libro. No me interesan. La alternativa está en la utopía, ya que ésta nos hace más soñadores y felices, aunque para algunos la constante utopía pudiera producir frustración. Nadie regala nada si no estás vigilante,si no lo luchas constantemente”, reflexiona.

Para González, que ha contado en su proyecto con el respaldo de Julio Martínez editor de Ediciones Fuente de la Fama, “la incesante tormenta tiene que originarse en el interior de cada uno”. “La persona que no ha experimentado esa sensación no comprenderá el devenir de los acontecimientos. Hay que estar preparados. No hay que relajarse en una siesta placentera. Mientras duermes, otros piensan por tí, preparando tu decadencia. No podemos desligar la política, la economía, la situación actual… Está todo globalizado para que caiga como fichas de dominó. Pretenden que estemos aletargados en un invierno infinito”.

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