Alberto Morais, a la izquierda, junto a parte del reparto de 'La madre'.
Alberto Morais, a la izquierda, junto a parte del reparto de 'La madre'.

Buen día de cine en la sección oficial, notables películas con sus defectos pero también con sus virtudes, películas muy basadas en personajes concretos, unos muy bien construidos como el de Miguel en «La madre» del vallisoletano Alberto Morais y otro como el de Clara en «Aquarius». Cine a veces muy sencillo de ver, como el de Kleber Mendonça Filho, y en otras más áspero, como el de Morais, muy reconocible en su estilo. Un día inobjetable en cuanto a las películas proyectadas, mejores o peores, pero con sentido de festival y de búsqueda de autor.

ASÍ VA LA SECCIÓN OFICIAL

1ª.- KING OF THE BELGIANS. 8

2ª.- LA MADRE. 7

3ª.- AQUARIUS. 6,5

DOKHTAR. 6,5

4ª.- DEV BHOOMI. 6

5ª.- ANATOMY OF VIOLENCE. 5,5

ESHTEBAK. 5,5

6ª.- LES INNOCENTES. 5

7ª.- EL CIUDADANO ILUSTRE. 4,5

8ª.- LAS FURIAS. 4

9ª- LA CIÉNAGA. 3

LA MADRE, de Alberto Morais. Por fín la Seminci se acuerda de un cineasta local para la sección oficial de largometrajes, y además, este año con una notable propuesta que se sitúa entre mis favoritas para llegar al palmarés. Un excelente joven protagonista, Javier Mendo, y una convincente Laia Marull, en un papel desagradable y secundario como madre del chaval. Una historia de familia desestructurada donde Miguel intenta desesperadamente recuperar una figura que le sirva de referente, al menos materno, olvidada la posibilidad de tener un padre, figura remota que se representará, de manera indirecta, en el antiguo amante de la madre y en el director del centro de menores. En este deambular por los alrededores de Valencia, en una sociedad arruinada por la crisis, por la presente, y por la de siempre, para la que no funcionan espejismos de Loewe o de Copa América, y por la que Alberto Morais se desenvuelve con precisión. Ambientes de derrota permanente por los que el personaje, mediante tres partes muy diferenciadas, transcurre desde la aceptación de una realidad que no le satisface, la esperanza de una recuperación y el desengaño absoluto.

Alberto Morais.
Alberto Morais.

Muy fiel a la línea estética del director, este joven recuerda, en su peregrinaje, aunque con un objetivo muy diferente, a los tres chicos que iban en busca de un ideal en su anterior “Los chicos del puerto”. Miguel es el joven del nuevo neorrealismo español, este país que crea bolsas de marginalidad y pobreza mientras derrocha en enormes gastos superfluos pero muy publicitarios. Miguel es una mezcla de personaje pasoliniano y de “Los limpiabotas” de de Sica, un joven obligado a madurar antes de tiempo pero que se resiste a tener que resolver todos sus problemas por sí solo sin ayuda de los adultos. Una desesperanzada petición de ayuda en el mejor personaje masculino de la sección oficial hasta el momento.

Reza Mirkarimi.
Reza Mirkarimi.

DOKHTAR de Reza Mirkarimi. Esta película es una pena, porque sus dos partes muy diferenciadas, acaban con un primer segmento de muy alta calidad, proposición y valentía para dar paso a otro más convencional, más previsible, más de cine intrafamiliar y de demonios personales que de grandes temas. La hija del título es la hija de una sociedad teocrática y absolutamente machista como la iraní. Una sociedad de enorme cultura pero atrapada por la voracidad inmisericorde de la uniformidad y el pensamiento monolítico. Una joven que intenta, con mucho miedo, con mucho temor reverencial, desobedecer la prohibición de un padre a una ligera escapada a la capital que oculta su verdadero deseo de seguir estudiando en la universidad, pero no en la de su pequeña ciudad de provincias, sino en la de Teherán, como muchas de sus amigas. En esa tensión inicial, del temor continuo, de la incomodidad familiar cada vez que llega el padre a casa, sin que nadie se atreva a cuestionar lo más mínimo su inflexibilidad, se encuentra lo mejor y lo más reconocible de la cinematografía iraní defensora de la mujer, de Panahi, de los Makhmalbaf; pero en su segunda parte la rebeldía del cineasta da un paso atrás, para dejar de cuestionar a un régimen que ha hecho retroceder el papel de la mujer decenios, y que no ha proporcionado, a cambio, mayor libertad ideológica que la tiranía del sha; la película transforma el drama social en drama familiar introduciendo una nueva trama y dejando de lado a la hija del principio por otra hija, que no es sino la hermana de ese padre, una apestada para su hermano por no haberle respetado como cabeza de familia, como hombre en definitiva, en el pasado. Aquí se vuelve al cine “familiar” que se ha adueñado, sin decirlo, de la sección oficial desde hace años, el drama familiar en su más pura esencia de reproches y silencios, de cuentas por saldar y reconciliaciones aunque sean sin palabras. Es aquí donde la película pierde vuelo y entidad, y del sobresaliente queda en el aprobado alto.

Fotograma de Aquarius.
Fotograma de Aquarius.

AQUARIUS, de Kleber Mendonça Filho. Esta película era una de las outsiders de la edición, venía muy bien avalada por la crítica de otros festivales precedentes (23 festivales anteriores han proyectado la película, es decir, no había dudas sobre el producto) y sinceramente, sin poder afirmar que sea mala película, que no lo es, sin ninguna duda, es muy dificil pensar en ella sin la presencia de Sonia Braga, que se adueña absolutamente de todo lo que sucede en pantalla, es decir, no me ha parecido tan excelente como presumía, pero si por encima de la media d elo hasta ahora visto en el festival. Y suceden muchas cosas, pero casi ninguna se resuelve, quizás porque el día a día, las relaciones familiares, los problemas reales, no se solucionan de un golpe, sino que exigen una maduración, un reposo, un pensar en ellos para alcanzar un resultado. Siendo una película de más de 140 minutos no cansa, no aburre, discurre con sus prolongadas disertaciones y sus interludios que, aparentemente no vienen muy a cuento, sólo que son esas pequeñas historias del día a día que forman el personaje de Clara, esta intelectual, musicóloga, luchadora y vencedora de un cáncer en su juventud, que se resiste, pese al acoso de una potente constructora, a vender su piso en un edificio frente a las playas de Recife; convirtiéndose en la última de los vecinos. Ingenuidades aparte, bonanza de la gente, escenas de moving inmobiliario de muy poca entidad salvo en el desenlace final, resuelto mediante una argucia argumental de un golpe de efecto que nunca se enseña ni conocemos, la historia del piso es lo menos importante; es el personaje de Clara y su vida, el pasado que no se nos muestra, sino que hemos de construir desde los silencios del presente, los reproches de los hijos o las conversaciones con sus amigas y la persona que trabaja en su casa. Es una historia donde la muerte está muy presente, construida sobre un largo flashback inicial que hace saltar la acción desde 1980 hasta 2015, un inicio de película que aventura un desarrollo muy diferente del que termina ocurriendo, con unas imágenes deliberadamente envejecidas para mostrarnos esa falta de brillo de los 80 por mucha música disco que estuviera de moda. sensible y rozando lo sensiblera en ocasiones, es capaz de sortear caer en el marasmo del culebrón con mucha solvencia y mucha elegancia moviendo la cámara alrededor de una persona llena de cicatrices, y no sólo las visibles.

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