Ramón Lluis Bande, director de la película.
Ramón Lluis Bande, director de la película.

Una oportunidad única para disfrutar de un cine diferente y reivindicativo. El jueves 24, en la facultad de Derecho, y hasta completar el aforo, por primera vez en Valladolid, de esta manera un tanto clandestina con la que el buen y gran cine español tiene que desenvolverse en los tiempos de aridez cultural y escaso riesgo de los profesionales de la distribución, junto con la escasez de iniciativas culturales públicas que permitan una plataforma de exhibición a los nuevos talentos, se proyectará la primera parte de un documental sobre la memoria del “maquis” asturiano, “Equi y n'outro tiempu”, que se completa con “El nome de los árboles”, que deseamos tenga, por lo menos, la misma oportunidad de verse en la ciudad.

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Dirección: RAMÓN LLUÍS BANDE.

Productora: VERA ROBERT.

Guión: RAMÓN LLUÍS BANDE.

Imagen: JUAN A. GARCÍA.

Montaje: DANI ÁLVAREZ.

Sonido: ANTONIO DE BENITO.

Fotografías: CONSTANTINO SUÁREZ.

Testimonio: MANOLÍN EL DE LLORÍO.

Canción popular: BENINA ANTUÑA.

Duración: 71 min.

Formato: 1:1,85.

Idioma: Asturiano, castellano.

El tiempo, gran escultor, o como dice Godard en su última película, “memoria histórica, mentira histórica”, porque al final la memoria histórica puede quedar en manos de vencedores o revisionistas, cuando no de ideólogos y apologetas de la dictadura y la represión. No es el caso de la propuesta audiovisual de Ramón Lluis Bande, que para algunos puede considerarse grandiosa, pero al mismo tiempo para no pocos puede resultar incomprensible o demasiado árida. No está destinada a grandes audiencias, ni mucho menos, sino a espectadores necesitados de nuevas propuestas, de nuevas formas de contar historias, aunque también es verdad que el complemento de las dos películas permite compensar una con otra y alcanzar la globalidad del discurso pretendido. El formato es sencillo, pero muy arriesgado, 70 minutos, diez de presentación a base de fotografías de un grupo de guerrilleros asturianos en el año 1942, el testimonio oral de uno de ellos, el único que pudo escapar de la muerte, y después casi una hora de filmación en segmentos de alrededor de 1,40 minutos, en los que durante medio minuto leemos el nombre de los maquis ajusticiados o suicidados en enfrentamientos con la guardia civil y la fecha de su muerte, y el resto del tiempo asistimos a un plano fijo del lugar en que cayeron los militantes antifascistas, pero ese plano se rueda en la actualidad. El espectador ante el lugar de la barbarie, todos tenemos en la memoria la foto de esa recta vía que se aproxima a un arco de entrada en el campo de exterminio de Auschwitz, forma parte de nuestra cultura personal, acercar nuestra barbarie a nuestra memoria también es una obligación, y Bande lo consigue acercándonos al lugar donde los mayores saben que ocurrieron los crímenes pero que el tiempo, y la desmemoria, han modificado o han privado de su significado.

Aguantar la visión proporciona la profundidad de la propuesta, la acumulación de hechos y de muertes aporta la visión trágica de su magnitud, abarcando un periodo desde 1938 hasta 1952 comprobamos la barbarie postbélica, e incluso previa al fin de la guerra, y el sacrificio de un grupo de personas decididas a luchar hasta la muerte por unos ideales, por una libertad secuestrada y eliminada de un plumazo. El tiempo y el espacio crean la película, la imagen fija del paisaje sólo es rota por el sonido ambiente, un sonido puro y natural cuanto más inaccesible es el lugar, pero también por la cercanía de nuevas carreteras o construcciones que han ido extendiéndose donde antes no existían, un homenaje al maquis asturiano en el mismo emplazamiento donde fueron cayendo uno a uno. El espectador queda desnudo en su mirada ante el lugar, y es su cooperación intelectual la que debe rellenar esos espacios con imágenes inventadas pero para las que cuenta con información. Como un memorial, la película se transforma en monumento, monumento nada imparcial por cuanto su objetivo y finalidad es clara, reivindicar a unas personas que lo dieron todo sin obtener nada a cambio; ni tan siquiera el reconocimiento ciudadano, el absoluto olvido oficial, el olvido en unos lugares en los que, en la actualidad, nada existe que conmemore su sacrificio. No es la cámara objetiva ni neutral, ni lo quiere ni lo pretende, los textos incluyen la palabra “asesinado” para cada uno de los muertos a manos de la guardia civil. Esa rotulación podría conectarse con la propia actividad que los guerrilleros llevaban a cabo matando guardias civiles en emboscadas de las que, a veces, eran víctimas, como también lo eran de traiciones.

Asturianos que fueron asesinados en la posguerra civil española a manos de las fuerzas represoras franquistas.
Asturianos que fueron asesinados en la posguerra civil española a manos de las fuerzas represoras franquistas.

Una película en imágenes, ausente de palabra oral, donde el espectador es situado en un espacio sin figuras, un espacio que permanece, aunque ha cambiado. Provoca un shock leer “cabaña donde fueron asesinados….” “vega donde ….” y enfrentarse a las imágenes de una carretera o de una construcción moderna de pisos, nada ha permanecido inalterable, tan sólo el recuerdo y el homenaje, pero éstos también a término, el de la memoria de los que vivieron esas épocas, y las generaciones próximas a las víctimas. La guerra civil no acabó en abril de 1939, la barbarie se extendió y permanece en nuestras cunetas sin visos de reparación, por eso una película pequeña y de difícil acceso, se transforma en un monumento, como una placa a la entrada de un campo de concentración o en el lugar donde se encontraba una fosa común, unas imágenes arriesgadas para las que su difusión precisa de la colaboración pública, justo aquélla que se niega recuperar los cuerpos de los desaparecidos.

“Somos obreros y defendemos un ideal, somos obreros y por eso el fascismo nos quiere matar” es la última estrofa de la canción que concluye la película, pantalla en negro y la voz como final, la oscuridad del silencio, el olvido de los orígenes, la pérdida de la noción de clase para acomodarnos en el sistema que nos arroja como desechos, en cuanto no somos necesarios o no consumimos. Una película homenaje de difícil digestión y amplio discurso, un tiempo que parece pasado, pero al que el presente se aproxima con otro tipo de exterminio no menos radical, de la esclavitud de las ideas a la esclavitud de las personas, más de 70 años nos contemplan y unos cuantos se ríen a carcajadas. La película comienza con fotografías de personas y acaba con la voz cantada en nombre de muchos. Otro cine español sigue cocinándose desde el coraje y la valentía de saberse condenado de antemano a cosechar elogios y parabienes, en la misma medida en que sufre el desprecio institucional, otro signo de estos tiempos miserables donde como decía Goebbels, “cuando oigo la palabra cultura, cojo mi pistola”.

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