Luis Cruz posa ante algunos de sus cuadros expuesto en la Galería de Javier Silva. Foto: Gaspar Francés
Luis Cruz posa ante algunos de sus cuadros expuesto en la Galería de Javier Silva. Foto: Gaspar Francés

La máscara ha sido un elemento de ocultación, sin embargo Luis Cruz Hernández la incorpora en su última exposición -'Mitología encontrada'- en sentido contrario: de doble identidad. El artista vallisoletano da, una vez más, la cara. En esta ocasión por partida doble.

Luis Cruz Hernández (Valladolid, 1950) lleva más de 30 años pintando. Es su pasión y se nota. En el Bachillerato mataba el aburrimiento de las clases de FEN dibujando. Sus compañeros de clase se disputaban los dibujitos del Séptimo de Caballería, con el General Custer al frente, a punto de arremeter contra los sioux. Soldados y caballos resultaban de tal perfección que el toque de corneta anunciador de la inminente carga, sustituía a la banda sonora del 'Cara sol' que acompañaba la letanía de 'familia, nación y municipio' o 'España como la unidad de destino en lo universal'.

Estaba claro que el destino de Luis Cruz eran las Artes, que cursó en Madrid y de donde regresó a su ciudad tras las primeras aventuras pictóricas y,  por qué no decirlo, decepciones. [La Galería Kreisler tuvo la oportunidad de su vida con él]. No es momento de ajustar cuentas con nadie, pero ¿cuántos quedan de aquella generación -parte de ella agrupada- de los años 80? Pocos, muy pocos... unos ya no están,  por razones biológicas trágicas,  y los que siguen presentes, se cuentan con los dedos de una mano, y aun sobran, que se dice vulgarmente. Cruz continúa.

Público asistente a la inauguración de la exposición de Luis Cruz. Foto: Gaspar Francés
Público asistente a la inauguración de la exposición de Luis Cruz. Foto: Gaspar Francés

No se trata de una carrera de fondo. Nada más lejos en la amplia trayectoria de Luis Cruz, que ha compatibilizado hasta hace poco con la docencia en la Escuela de Artes y Oficios, y que se ha caracterizado por una constante evolución, consecuencia de la inquieta búsqueda de un lenguaje propio: en formas, en color... y siempre al margen de las modas y del postureo artístico.

Lo que ahora presenta en nada se parece a las tramas geométricas de 'Simulacros' que giró por la Castilla y León durante el año 2000. Pero en 'Mitología encontrada' sí se encuentran vínculos con lo expuesto con motivo de la inauguración de la Galería Javier Silva hace cuatro años -¡ya cuatro años!-. Entonces Luis Cruz redujo la pintura a lo esencial y sus cuadros eran una explosión de color; ahora se han vuelto más oscuros. Es como si se adentrase por un túnel -¿el de la crisis?- aunque al fondo se adivine una luz que nada tiene que ver con los cacareados brotes verdes peperos.

Las geometrías más o menos deformadas de antes han dejado paso a figuras humanas, a veces casi hiperrealistas, aunque no en su totalidad corpórea. Junto al detalle minucioso de un zapato puede faltar media pierna o un rostro oculto tras una máscara. Son figuras que han cogido presencia con el paso del tiempo. A Luis Cruz siempre le ha gustado jugar, divertirse, y en sus cuadros no es extraño encontrarse con personajillos por los márgenes del lienzo y que ahora han crecido hasta hacerse protagonistas sobre unos fondos muy trabajados.

"Lo que un día para él fue la abstracción, ha ido dejando paso a las formas mundanas, obligándose a jugar nuevas partidas y, al mismo tiempo, no olvidar cuál fue su punto de origen", ha escrito acertadamente Ana Cid para esta ocasión.

Algunos cuadros de la muestra. Foto: Gaspar Francés
Algunos cuadros de la muestra. Foto: Gaspar Francés

En la exposición, en la que brillan por su ausencia los grandes formatos tan recurrentes en Luis Cruz, se agrupa obra de 2014 y 2015. Solo cuatro preciosidades, casi minúsculas, han sido realizadas para esta muestra. Se trata de cuatro pequeños bastidores en los que el artista ha repintado su bordado, y que están agrupados en un rincón de la sala.

Se trata en conjunto de trabajos relacionados, aunque variados; lienzos y papeles. Sobre una de las paredes cuelgan una serie de nueve cuadros de identico tamaño dispuestos con una intención cinematográfica, aunque no formen parte de ninguna historia. Son fotogramas de una imaginaria película que tienen su historia individualmente, uno a uno.

También hay algún collage, pero no como se utiliza habitualmente consistente en la unión de distintos papeles de imágenes. Son collages de un pintor que se pone la máscara para arriesgar doblemente.

Por lo general resulta absurdo pretender describir los cuadros de una exposición. Más absurdo - ridículo- resultaría intentar seguir haciéndolo sobre los que forman 'Mitología encontrada'. Baste con decir que hay que verla; hasta mediados de enero hay oportunidad de hacerlo. Es y será una de las mejores exposiciones de la temporada en Valladolid.

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