Manuel Sierra, en la inauguración de su exposición. Foto: Gaspar Francés
Manuel Sierra, en la inauguración de su exposición. Foto: Gaspar Francés

Manuel Sierra acaba de inaugurar su última exposición -'Paisaje Circular'-, en la Galería Lorenzo Colomo, cuando la anterior muestra relacionada con el vino, en el Puerto Chico, todavía puede visitarse. Y en los muros de la ciudad lucían cuatro murales en homenaje a Doris Benegas hasta hace unos días. Unos salvajes ignorantes los destrozaron.

"Cuando nos plantamos en el medio de un paraje y miramos el horizonte, vemos una panorámica continua que está unida por la línea que dibujan al fondo y como si fuese un electrocardiograma, los montes, las vaguadas, los oteros... Si giramos sobre nuestros pies dando la vuelta, vemos que el paisaje es interminable porque se une, se abrocha: el punto por el que empezamos a mirar y el punto en el que dejamos de hacerlo coinciden. Es como todo, una metáfora, una Cinta de Moebius", ha escrito en el catálogo Manuel Sierra, embarcado en darnos' una panorámica continua'.

Desde la calle ya se intuye, pero mejor es traspasar la puerta de 'Lorenzo Colomo' y dejarse envolver por 'Paisaje Circular'. Un título que no necesita explicación, ya que en la exposición mandan seis cuadros de 80 centímetros por 80 centímetros que representan un paisaje continuo, un 'paisaje circular'.

"Es un paisaje muy materno, sinuoso, muy femenino... frente a los que aquí mismo expuse hace un año: 'Paisajes de la tierra llana', que quizás por la sobriedad, la sequedad, cierta parquedad... me parece era una pintura más masculina. Estos encierran un misterio; la orilla es inquietante siempre", dice Sierra que ha construido los cuadros con la mirada puesta en su Babia natal, en el embalse de Los Barrios de Luna, en la montaña occidental leonesa.

"La tierra", añade el pintor, "donde nací, la tierra donde me crié y a la que vuelvo cuando estoy especialmente bien o especialmente mal. Una tierra en la que me llegué a esconder, sabiendo que la tierra te protege".


Manuel Sierra, una vez más, ha apostado por lo pequeño para transcender a lo grande. "Lo universal se encuentra desde lo sencillo; la espectacularidad es para las cadenas privadas de telesión y hoy las públicas también", manifiesta para 'justificar' el resto de cuadros de tamaño más pequeño (30 por 30 centímetros) en los que ha captado objetos cotidianos: una mesa de cocina, un hule a cuadros, una tetera, un trozo de pan, un quinque... "Y un vaso de agua que suelo colocar casi siempre desde que aprendí a pintar el agua, porque a mi nadie me enseñó", confiesa.

"Son espacios humildes, silenciosos, que esperan ser habitados. El bodegón también es universal. Yo que tengo mucha influencia de la pintura flamenca, pinto mesas, aunque no sean grandes mesas, más bien son humildes mesas de humildes cocinas con una ventana al fondo; de un cuadro ves otro cuadro", narra Sierra con su verbo fácil, descriptivo.

"Hay algo en esta exposición de despedida y cierre. Sé que algo se está terminando para mi. No lo sé. Indago pintando".

El cuadro que se ve a través de la ventana forma parte del mismo paisaje que el de los seis grandes cuadros que presiden la exposición y otros de formato más reducido.

"Todos tienen elementos reales: una cancela, una casa que emerge del agua, un árbol... existen, pero con esos elementos construyo un paisaje inexistente, familiar que puede ser que exista. El cuadro del escaparate es el único que relata un espacio concreto de Babia: San Miguel", desvela el pintor, que deja en el aire unas misteriosas manifestaciones: "Hay algo en esta exposición de despedida y cierre. Sé que algo se está terminando para mi. No lo sé. Indago pintando".

Manuel Sierra vuelve a ser el Manuel Sierra peleón de siempre cuando antes de la despedida, espeta: "Hay que combatir, seguir en la calle con los murales de Doris... A uno que jodan hacemos dos. Vamos a ganar".

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