"Figura reclinada en dos piezas núm. 2" de Henry Moore. FOTO: Gaspar Francés

A Eduardo Chillida le ha salido un compañero. Y no un compañero cualquiera. Se trata nada más y nada menos que Henry Moore. Seis piezas monumentales del artista británico han sido instaladas en la zona de Cadenas de San Gregorio, donde permanecerán para disfrute de viandantes hasta el 2 de abril.

La amistad que el poeta vallisoletano Jorge Guillén tenía con Chillida hizo que en 1982 se instalara una obra del escultor vasco junto al muro de la capilla del Colegio. Poeta y escultor se habían conocido en los 70 en Massachusetts, profesándose mutua admiración. Además, Chillida siempre recordaba a Valladolid por otro hecho: Aquí, con 19 años, truncó su prometedora carrera futbolística como portero de la Real Sociedad, en el viejo estadio José Zorrilla como consecuencia de un encontronazo fortuíto con Fernando Sañudo, el 9 blanquivioleta. Pero eso es otra historia que hoy no viene al caso y que otros han contado y conocen mejor.

'Lo profundo es el aire', así se llama la escultura de Chillida colocada en un entorno histórico-artístico incomparable, que desde este mes se ve más revalorizado con la 'visita' de la obra de Henry Moore (Castleford, 1898; Much Hadham, 1986). No es la primera vez que se produce este acercamiento entre la obra de dos grandes de la escultura contemporánea. Las piezas de esta misma exposición -que han recorrido varias ciudades del país- estuvieron antes en el paseo de La Zurriola (San Sebastián), donde se encuentra 'El Peine del Viento', de Chillida.

"Formas conectadas reclinadas" de Henry Moore. FOTO: Gaspar Francés
"Formas conectadas reclinadas" de Henry Moore. FOTO: Gaspar Francés

Las esculturas de uno y otro no tiene muchos puntos en común, aunque puesto a buscarlos se pueden encontrar.  Los dos artistas se obsesionaron con el hueco, algo que parece sencillo y es de lo más difícil de hallar para un escultor que investiga cómo crear espacios y formas tridimensionales.  El diálogo de la materia, forma y espacio está servido, incluso con el exterior y contenido del Museo de Escultura, de mucha mayor antigüedad, y que una vez más, rompe sus muros -como viene sucediendo con la actual dirección- y se involucra con un programa de actividades relacionadas con Moore, cuyas obras pertenecen al periodo que oscila entre 1960 y 1982. El puente entre la antigüedad y la contemporaneidad está servido.

Son solo seis los eventuales 'acompañantes', pero imposible que pasen desapercibidos dadas sus proporciones, sobre todo 'Óvalo con puntas' (1970), que hace de puerta de entrada al resto si nos situamos en la plaza San Pablo. De mayor impacto es la 'Gran figura de pie, filo de cuchillo' (1976), situada al lado de la fachada de San Gregorio, que evoca la famosa Victoria alada de Samotracia. El cartelito informativo que la acompaña, ademas de manifestar que “emana una sensación etérea de ingravidez y de verticalidad flotante”, añade: “La perspectiva cambia a medida que el espectador se mueve a su alrededor, alternando sus bordes afilados con la solidez terrenas de las formas redondas y planas”.

Puede valer como orientación general, pero muy poca cosa para la ubicación elegida en esta ocasión, con un telón o estandarte de fondo único, como es la maravilla de la fachada del Museo Nacional, relacionada con Gil de Siloé. La recreación en el siglo XX de una de las obras estrellas del Louvre, del siglo II a.C. Moore gustaba que sus esculturas se recortaran con el cielo; aquí es imposible. La 'Gran figura de pie, filo de cuchillo' está ante el entramado de elementos vegetales y simbólicos construidos a finales del siglo XV, que distrae la atención de la nueva Victoria alada de Samotracia, pero provoca sensaciones únicas y más que suficientes para echarse a la calle  y deambular por la zona de San Gregorio. No importa si llueve; el agua hace relucir al bronce y las piezas cobran una nueva vida.

Obra 'Pieza de bloqueo, 1963-1964', de Henry Moore (1898-1986). FOTO: Gaspar Francés
Obra 'Pieza de bloqueo, 1963-1964', de Henry Moore (1898-1986). FOTO: Gaspar Francés

Si se habla de Henry Moore inevitablemente uno piensa en las 'figuras reclinadas', recurrentes en la producción del británico. En Cadenas de San Gregorio hay un buen ejemplo de esta temática.

“La figura reclinada ofrece la máxima libertad de composición y de espacio. La figura sentada tiene algo donde sentarse. No puedes moverla de su pedestal. Una figura reclinada se puede reclinar sobre cualquier superficie. Es libre y estable al mismo tiempo […] además está en reposo, se adapta a mí”, escribió el propio artista, según consta en el cartelito informativo colocado junto a la pieza, realizada cuando Moore tenía 84 años y ya llevaba cumplidas muchas 'figuras reclinadas', pero pocas tan alargadas y sinuosas como la presente.

Una variación de la escultura anterior es 'Formas conectadas reclinadas' (1969) . Una forma exterior protege o encierra a otra en su interior. Síntesis de maternidad. La figura humana, y más concretamente el desnudo femenino, es la base de toda la escultura de Moore, siempre en la frontera de la abstracción.

En la misma línea se encuentra 'Figura reclinada en dos piezas' (1960). La representación del cuerpo se funde con la rocas y con el paisaje. Las rodillas y los pechos se convierten en montañas. Esta relación del ser humano con la naturaleza fue otra constante de Moore.

'Pieza de bloqueo' (1963-1964) tiene su historia. Según el propio autor surgió de un par de piedrecitas recogidas en una gravera próxima a su casa. “Solo hay que ir allí para encontrar veinte nuevas ideas”, dijo tras hacer esta inmensa pieza de 3.500 kilos de peso.

Óvalo con puntos, situada en la Plaza San Pablo. FOTO: Gaspar Francés
Obra "Óvalo con puntos", situada en la Plaza San Pablo. FOTO: Gaspar Francés

Se trata de una grandísima exposición. Imagínense la que fue la antológica organizada en Madrid en 1981, que luego iría a Barcelona: 230 esculturas, 195 dibujos y 121 grabados que ocupaban los palacios de Velázquez y Cristal y parte del Retiro. Su recorrido motivó tal impresión que a pesar de paso del tiempo sigue siendo uno de esos acontecimientos culturales que marcan una vida. Lástima que a Cadenas de San Gregorio no hayan traído una pieza en mármol, el otro gran material junto con el bronce con el que trabajó Henry Moore.

La exposición, de la que es comisario Sebastián Barassi, ha sido organizada por la Obra Social de La Caixa, en colaboración con la Fundación Henry Moore -a la que el artista destino toda su economía-  y el Ayuntamiento de Valladolid. La muestra forma parte del programa 'Arte en la calle'. (No confundir con la instalación de cualquier mamarrachada en una rotonda, eso por lo general solo tiene que ver con la horterada y la especulación urbanística).

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