Pedro Pastor durante su primer concierto en Valladolid. FOTO: Gaspar Francés
Pedro Pastor durante su primer concierto en Valladolid. FOTO: Gaspar Francés

Tras dos años en los que Pedro Pastor no ha parado de viajar por diferentes países latinoamericanos con las canciones de La Vida Plena llega su esperado nuevo trabajo Sololuna que recoge el poso de este periplo. Un disco que da un paso más en su viaje musical, permeable a lo vivido y lo aprendido, espejo de su personalidad inquieta, su mente y corazón abiertos a un mundo tan rico como hostil para las personas que no se conforman con la cara A de la existencia.

“Al principio iba a llamarse Solosol, porque en todas las canciones digo sol y nos gustaba el juego de palabras, pero nos dimos cuenta de que en todas también digo luna; esa dualidad me parece necesaria, no huir de la carga negativa de las cosas sino asumirla”, reflexiona sobre el significado del título que es un reflejo de lo que alberga el disco, influenciado por esa cosmovisión de los pueblos latinoamericanos además de por su sonido . Cómplice de su trabajo, Marcos Bayón repite como productor y arreglista del disco, aunque todos los músicos que han participado han gozado de libertad para sobre los arreglos que inicialmente estaban propuestos poder innovar y dejar su impronta personal en el resultado final.

Grabado por la banda con la que ya giró para despedir su anterior trabajo, Los Locos Descalzos, compuesta por Álvaro Navarro guitarras, Nico Martos bajo y Alan Denis percusión. A este elenco se suma Miguel Hiroshi, percusionista encargado del hang, kalimba, calabaza o djembé entre otros instrumentos; también la chelista Iris Azquinezer y el violín de Manu clavijo, responsables de los sobresalientes arreglos de cuerda que salpican Sololuna. Es innegable el poso de sus referentes familiares, el aire de la música y la fusión que caracteriza el trabajo de su padre Luis Pastor, que al igual que su madre Lourdes Guerra han prestado su voz y su alma para este nuevo trabajo, sobrevuelan las canciones.

Contraportada y portada de Sololuna.
Contraportada y portada de Sololuna.

Raparmónico
“La canción tiene cinco años, es un rap que quería recuperar”, así arranca Sololuna, sin perder la perspectiva de lo escrito y vivido haciéndolo actual. Pero con un sonido que difícilmente hubiera tenido en el momento de componerlo gracias al trabajo de Miguel Hiroshi, su hang y su kalimba, responsable de la atmósfera que envuelve la canción.

Nos merecemos
Sololuna rezuma luz, luminosidad, por lo que las guitarras eléctricas y los sintetizadores que aparecen en ‘Nos merecemos’ hacen de ella la canción más oscura del disco. Oscuridad acompañada de la rabia del inconformismo y, por qué no, de la autocrítica. Inicialmente concebida para abrir el disco hasta que la producción de ‘Raparmónico’ sorprendió hasta a sus propios responsables. “Marcos quería meterle más electrónica, son los tiempos en los que vivimos, pero yo le frené un poco porque quería que fuera más orgánico”, reconoce al analizar la oscuridad que muestra el tema.

Sin flor
Dentro de la fusión que marca todo el trabajo sorprenden los arreglos elegidos para ‘Sin flor’ con un sonido puramente pop. Pero, como todo, tiene su por qué: “Esta canción es de La Vida Plena aunque al final no entró en el disco, de alguna manera es un nexo de unión, de los varios que hay, con lo anterior; por eso hemos querido darle ese sonido, esa producción que es del anterior disco con esa batería y esa guitarra que suena a La Vida Plena”. Es también por eso chocante la conjunción de este sonido, una canción casi radiofónica, con una letra de tan potente contenido, un necesario ejercicio de memoria histórica y reparación.

La Raíz
La voz susurrante, el ambiente tranquilo y sugerente, son marca de la casa. Aunque musicalmente pueda recordar a otras canciones de corte romántico, el luminoso mensaje que transmite 'La Raíz' marca la diferencia y culmina con el potente: “Quién tiene la solución sino nosotras/ si el problema es solo nuestro/ quién le da su amor a alguien y se lo prohíbe al resto/ quién controla al que controla/ qué es lo que hay que controlar si somos personas/ no máquinas”. Suena al Pedro Pastor clásico pero con otros ritmos gracias a la percusión de Hirosi y el precioso chelo de Iris Azquinezer, a lo que se suman los coros del también cantautor Alberto Alcalá.

En busca y captura
Una bofetada de ritmo, una invitación irresistible a mover las caderas, fue la primera canción fruto de sus viajes latinoamericanos: “El riff de la canción me lo enseñó Camilo, un guitarrista de San Andrés, una islita pequeña al norte de Colombia, y compuse la canción en Nueva York en la casa de la familia que me acogía allí cuando toqué”. De sonido puramente caribeño, compuesta en plena gran manzana por un madrileño, arranca reconociendo que “Viajar es el regalo que mi dio cantar/ cantar es el obsequio que me dio vivir/ vivir para cantar para viajar/ viajar por la canción como elixir”.

La rosa de Luxemburgo
Esta canción respira el ambiente que se vive en un plaza cualquiera con gente tocando la guitarra y el cajón, con gente sumándose a la fiesta para compartir la alegría, por eso la colaboración de Eva Sierra, cantautora afincada en Madrid con la que Pedro ha compartido ya aventuras, la hace más apropiada aun: “A Eva la quiero y la admiro mucho, canta con una voz tan poderosa y peculiar que abruma, además la canción me pedía algo más, algo que la hiciera especial; me parece bonito colaborar con gente a la que quieres, que es cercana a ti, así puedo darle esta salida porque todo es recíproco”.

Mariana
Mariana es la canción más potente del disco, cargada de las ansias de lucha y memoria de tantas culturas precolombinas latinoamericanas, compuesta con aire de chacarera. Pedro cuenta su historia: “Estábamos en Cafayate, al norte de Argentina, haciendo un viaje sin dar conciertos y vimos un cartel que señalaba unas pinturas rupestres. La guía era Mariana y su intención era visibilizar su pueblo a través de las pinturas, el pueblo Diaguita, que mas allá de todos los siglos de resistencia hoy en día estaban enfrentados con el gobierno argentino y el ayuntamiento de Cafayate que les querían quitar sus tierras para convertirlas en viñedos. Mariana nos contó cómo se sentía ante lo que estaban pasando, la impotencia que sentía su pueblo cuando se leían en los libros de historia y mentían. Ver cómo una persona con la que te identificas en su inquietud no había podido salir de ese valle en su vida porque en el momento en que abandonara esa tierra se las iban a arrebatar. Al día siguiente en el autobús saqué la guitarra y compuse la canción pensando que fuera Mariana quien la escribiera, con las ganas y la necesidad que tenía su pueblo de visibilizar su situación”.

Pedro Pastor y Los Locos Descalzos abriendo su gira en Valladolid. FOTO: Gaspar Francés
Pedro Pastor y Los Locos Descalzos abriendo su gira en Valladolid. FOTO: Gaspar Francés

Luz
“Las canciones no tienen por qué durar tres minutos, la doblamos para hacerla más larga pero el final que tiene me encanta, no puede tener otro”, explica Pedro sobre esta pequeña perla. Un tranquilo, conciso y luminoso respiro dentro del disco.

Amar
Los viejos clichés del amor romántico se han demostrado tóxicos y esta canción es un canto a amar sin amarrar, a quererse sin cadenas ni reproches: “Es la canción que siempre he querido escribir, es la parte que más me interesa desaprender, desaprender a amar porque el amor lo es todo”. Mensaje envuelto en los arreglos de cuerda del contrabajo de Javi Geras y el chelo, con la percusión a base de bombo legüero, caja chayera y semillas.

Centro
Surgió de su primer viaje por Argentina en una gira con su familia en la que acompañaba a la guitarra a Luis Pastor y a Lourdes Guerra: “Salió del tirón, la compuse en quince minutos y no cambié nada, apenas alguna palabra”. La producción y los arreglos son sorprendentes en el conjunto del disco, en el caso de 'Centro' aun más ya que se basan en la percusión corporal guiada por el contrabajo y la guitarra caribeña de Marcos Bayón, valiendo de colchón para las voces de Luis y Pedro.

Desaprendiendo
Fruto del desmontaje, de la autocrítica ante los comportamientos e ideas aprendidas e impuestas por una sociedad injusta, nace 'Desaprendiendo'. Un broche en forma de rap para un disco que navega de forma crítica sobre un mundo hostil y que culmina con la necesaria reflexión personal para deconstruir lo que se irguió a costa de la sumisión del resto. Reflexión en clave de su personal estilo de rapear casi recitado: “Yo no tengo eso que se conoce como flow que tienen los raperos, esa potencia, pero me encanta poder condensar tanta cantidad de información en una canción”. Estilo popular sobre todo entre la gente más joven asediada por impulsos que les arrastran a repetir los mismos errores que las generaciones pasadas, de ahí la importancia de esta reflexión.

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