Ángela Molina, en el momento de recibir el galardón.
Ángela Molina, en el momento de recibir el galardón.

Ángela Molina ha recalado hoy sábado en la 30 Semana de Cine de Medina del Campo para recoger el Roel de Honor, una presencia que Emiliano Allende, director del festival, ha definido, insistiendo en que no se trataba de un tópico, como «un honor». Y honrada es como se ha mostrado la actriz: «Me siento muy agradecida y feliz de que vayamos a celebrar juntos estos 30 años». Una ocasión que ha invitado a la intérprete madrileña a echar la vista atrás y repasar su extensa trayectoria: «Poder hacer balance de una carrera es un milagro, un tesoro», ha declarado, «y en mi caso es bueno, sano: siento que tengo cientos de años, porque llevo muchas vidas en mis venas, aunque, a la vez, me siento muy joven». «Los premios nunca se esperan y cuando llegan, casi te da como pudor», ha señalado.

A lo largo de cuatro décadas de trayectoria, Molina ha participado en cerca de 200 cintas, de las que, asegura, es «incapaz de recordarlas todas». «Las películas son como hijos», ha afirmando, aunque reconoce que no tiene un papel favorito. «Cada uno de ellos ha sido mi sangre, tiempo de mi vida, y los respeto a todos por igual», ha asegurado. Al repasar trabajos, ha destacado uno de los más recientes, en la película ‘El otro hermano’, del uruguayo Adrián Caetano, que se estrenará en el Festival de Málaga, que arranca el próximo viernes. «Aunque mi personaje es desgraciado, no podría no elegirlo a él frente a otros que me hayan procurado más felicidad, porque cada uno representa mi indagación para saber lo que soy en ellos y lo que ellos son en mí».

Pese a contar con una de las carreras interpretativas más prolíficas de nuestro cine, Molina confiesa que aún hay muchos personajes que «sueña con hacer». «Algunos de ellos se están gestando despacito en el tiempo, y ahora tengo muchos proyectándose», ha indicado. Entre ellas, un montaje de teatro, ‘Concierto para un olmo’, que estrenará próximamente en el Gran Teatro de Córdoba que, ha asegurado, supone «un reto poético muy interesante». «Interpretaré al olmo que da título a la obra, para hablar de la tierra como un árbol que se eleva desde sus raíces», ha explicado. Estará acompañada por el pianista Pablo Amorós y por la compañía de danza de Teresa Nieto. Además, está preparando una opereta a partir de un texto de Pío Baroja, ‘Adiós a la bohemia’, en la que podremos verla «recorriendo los teatros de España cantando». Proyectos con los que continúa avanzando camino con la misma ilusión de siempre, que «se mantiene gracias al amor por mi oficio y al agradecimiento del público, es una relación viva la que hay entre los espectadores y yo». «Mi vacación es un laberinto que siempre parte de cero, nunca nada es igual», ha comentado.

Ha confesado no sentir la presión del paso de los años, como otras actrices declaran. «Hay que adaptarse a los tiempos y dar valor a lo que hay, seguir ahí», ha relatado, «porque este oficio se compone de entrar en muchos oasis, en muchas esperas». «Encuentro nuestro cine más creativo que nunca y con una fuerza brutal, es para público de todo el mundo, es un cine de gran intensidad y potencia emocional», ha aseverado, «con una implicación real en lo que somos como seres humanos», ha añadido.

Molina ha resaltado también la importancia de citas como la Semana de Cine y ha puesto en valor el trabajo de los cortometrajistas. «En el último año he rodado tres», ha indicado. «Hay mucha valentía y personalidad en el cortometraje, nos cuentan una verdad muy necesaria, a veces descubres lugares insólitos en una historia pequeña», ha explicado. «Además, son un potenciador muy grande. ¡Cuántos cineastas han comenzado con arrojo en el cortometraje!», ha subrayado. También ella se ha planteado ponerse al otro lado de la cámara, aunque, por el momento, no tienen ningún proyecto en marcha: «Varios amigos me han invitado a contar una historia, y yo he dicho que adelante, pero cuesta mucho levantar películas».

La veterana actriz ha tenido también palabras en recuerdo de Luis Buñuel, el director que la descubrió para el gran público en el año 1977 con ‘Ese oscuro objeto de deseo’. «Era un genio, un creador apabullante y valiente, de una fortaleza contagiosa, sus rodajes eran felicidad para todo el equipo», ha apuntado. «Era querible hasta no olvidarle jamás», ha añadido. «Me gustaría volver a trabajar con directores que ya no están», ha comentado la actriz, «pero es que yo soy así: sueño todo el tiempo». Dos cineastas con los que quisiera coincidir de nuevo son Jaime Chávarri y Manuel Gutiérrez Aragón. «Sus películas, esté o no esté yo, me hacen público cada vez que las veo, soy devota de su cine», ha confesado. «Nos merecemos que sigan ahí, deberían estar rodando los dos, les echo de menos», ha aseverado, haciéndoles desde Medina del Campo un llamamiento para que vuelvan a ponerse tras las cámaras: «No puede ser esta nostalgia sin respuesta de su cine, no me conformo».

La Concha de Plata a Mejor Actriz del Festival de Cine de San Sebastián, el David di Donatello, la Espiga de Honor de la Seminci de Valladolid, la Medalla de Oro de la Academia de Cine y, ahora, también el Roel de Honor, son algunos de los galardones que guarda en su haber la actriz madrileña. Sin embargo, el Goya, al que ha optado en cinco ocasiones, aún se le resiste. «No es algo que me preocupe, si algún día llega, lo disfrutaré con ilusión, y si no, también: viviré esa ilusión por los demás», ha añadido.

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