Nico Tallac, Ramón Arratia y Germán de Pedro: Monóxido. FOTO: Gaspar Francés
Nico Tallac, Ramón Arratia y Germán de Pedro: Monóxido. FOTO: Gaspar Francés

Es complicado tomarse en serio a un grupo que lidera un tipo con chándal soviético con las siempre presentes siglas CCCP cuyo último single es ‘Qué daño está haciendo el Decathlon’, pero cuando escuchas sus discos o sus directos te das cuenta de que hay mucho más que pantomima detrás de este proyecto. Monóxido son la banda sonora rockera de Tierra de Pinares, reflejando en sus letras la realidad más profunda del mundo rural y urbano, su propia visión de la sociedad moderna, basando su diagnóstico en el chándal y el clarete: “Bobadas que empezaron siendo muy rurales y ahora son más del día a día, pero siempre con el concepto del fracaso”.

La última entrega, sexta ya de esta prolífica banda, es el ‘Manual del menosuno’, una oda al fracaso, nexo de unión intergeneracional. En trabajos anteriores veneraban la figura de Ros -de la castellana expresión ‘me cago en Ros’-, que fue y es su religión, ahora han llegado al menosunismo que es su filosofía: “Un menosuno es un pagafantas, es el que acepta que no es un líder, que al final somos todos, la imagen de estar comiéndote los Risketos mientras se follan a la chica que te gusta al lado”, ejemplifica Ramón Arratia, cantante y compositor que encarna la figura de Monóxido. La provocación y la burla es la base de su propuesta, de canción en canción reparten a diestro y siniestro, riéndose de si mismos y de la sociedad que los rodea. Y esta realidad, este contacto con las barras de los bares, es la que nutre sus canciones: “Abres el ABC y tienes tres letras cada día”, reconoce mientras advierte que se ha propuesto dejar de escribir durante un tiempo para no repetir “las mismas pedradas”.

Ramón tiene dos caras, la del chándal soviético y la de asesor en temas de medioambiente a diferentes instituciones internacionales: “La situación de las eléctricas, sobre todo en España, con ex-ministros y ex-presidentes en consejos de administración pagados para estar allí y mantener el chiringuito otros cuatro, cinco o diez años, es bastante lamentable, sobre todo lo que hicieron con las solares”, explica en referencia a la canción ‘Independenzia Eléctrica’, una denuncia de la mafia energética y las puertas giratorias mediante la ironía. No reparan en gastos, de hecho se trasladaron a la ciudad de Pripyat, en Chernóbil, para grabar el videoclip de este tema y realizar parte de las fotografías que ilustran el disco: “La naturaleza al final siempre gana, los árboles han tirado para arriba y se están comiendo los edificios, la verdad es que da mucho yuyu”, recuerda de su visita a la entonces República Socialista Soviética Ucraniana. Tal y como muestran en su tema ‘Políticamente correcto’, en sus canciones no tiene cabida la autocensura ni la autocomplacencia: “los gilipollas tenemos derecho a decir cosas estúpidas de las que nos arrepintamos nosotros mismos”, comenta en referencia a la persecución tuitera que limitan la libertad de expresión.

Ramón, Monóxido, durante la entrevista. FOTO: Gaspar Francés
Ramón, Monóxido, durante la entrevista. FOTO: Gaspar Francés

El sonido de Monóxido quiere recordar a grupos como Def Con Dos o la contundencia de Rage Against the Machine. Para conseguirlo han grabado en los madrileños Estudios Brazil con Javier Ortiz, donde ya han trabajado para producir sus discos anteriores, tal y como explican en el libreto del CD: “Tocando todos a la vez como Ros manda y con una política integrista de no edición de no mover ni un puto bombo”. Huyen de los plugins y la postproducción que marcan los discos grabados en la actualidad: “Es un disco que hay muchas cagadas, que no suena a directo, pero nos mola”. La formación de Monóxido se completa con Nico Tallac, “profesor de guitarra de Buenos Aires afincado en Castilla la Vieja”, Germán de Pedro, “guitarrista y productor reconvertido a bajista para la excepción del fenómeno rural”, y Fran Huerga, “baterista metalero de contundencia iónica que no sabe todavía cómo acabó en Monóxido”.

Los planes de futuro pasan por girar por festivales y salas cercanas en Venta de Baños o Medina del Campo, aunque pretenden salir de la provincia con fechas ya confirmadas en Navarra, Cantabria o La Rioja hasta el momento: “Queremos hacer nuestros veinte conciertos máximos al año y suficiente”, reconoce Ramón que prioriza participar en eventos como el pasado Pucelalegre Festival, donde compartieron escenario en el LAVA con grupos como Mama Ladilla o Los Gandules. Las ilustraciones del disco son obra del colectivo vallisoletano Bobotontos Producciones, con Alberto Sobrino, Jorge Consuegra y Handry Bogart: “Yo hice unas chorradas de poner peleladas sobre la filosofía del menosunismo y ellos lo han ilustrado bastante fidedignamente”. Este trabajo lo han hecho en colaboración con Ricardo Palomino, habitual diseñador y autor de la iconografía de Monóxido. Esta estética parece que cada vez está más de moda, aunque en su caso llevan años tomándola como referente, pero anuncia alguna novedad: “Ahora quiero uno azul, quiero hacer algo yugoslavo, algo de la Jugoplastika, de la Cibona o algo así”, anuncia Ramón, aunque de manga corta, “las camisetas de tirantes son para los hipsters, eso es para cuando vayamos otra vez al Sonorama”.

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