Eloy Arribas y Julià Panadès. FOTO: Javier P. Miñambres
Eloy Arribas y Julià Panadès. FOTO: Javier P. Miñambres

Desde principios de mes hasta el pasado 23 de abril, el Huerto del Tertuliano ha sido la sede de la residencia artística de Eloy Arribas y Julià Panadès que ha dado forma al proyecto ‘Arder. Notas a la meseta’. Un diálogo entre el territorio y el trabajo de ambos artistas, caracterizado por su frescura e inmediatez, además de por su puesta en cuestión de algunos de los pilares que sustentan el actual sistema del arte. Un trabajo comisariado por Marta Álvarez, que ha sido la gran impulsora de la idea: “Esto viene de una serie investigaciones e intereses personales que hemos hecho que confluyeran”. Tanto Eloy como Julià comparten una visión de arte opuesta a las concepciones comúnmente aceptadas, lo que ha querido potenciar y enfocar hacia este proyecto Marta. Para ello no han podido encontrar mejor sede que el Huerto del Tertuliano, un espacio concebido por y para la creación artística alejado de toda convención.

El Huerto del Tertuliano es más que una sala de exposiciones, una vivienda o un taller, es una combinación de todos estos espacios puesta a disposición de la creación. Desde que se abriera en 2003, por él han pasado ya cerca de cincuenta artistas, de distintas áreas artísticas, incluidas también la literatura y la música además de las plásticas. Abre la puerta a la participación de científicos para así poder crear algún tipo de debate o puesta en valor de ideas de la sociedad y la ciencia con el arte. Su temporada de actividad abarca desde abril o mayo hasta octubre o noviembre, dependiendo de las circunstancias, tiempo en el cual Rubén, su responsable y valedor, se encarga de todas las tareas doméstica, incluyendo compra y cocina, para que quien esté allí residiendo se enfoquen hacia la creación: “Comparto todo lo que hay aquí menos mi pequeña habitación”.

El Huerto del Tertuliano durante la inauguración de 'Arder. Notas a la meseta'. FOTO: Javier P. Miñambres
El Huerto del Tertuliano durante la inauguración de 'Arder. Notas a la meseta'. FOTO: Javier P. Miñambres

Ubicado en Fuente-Olmedo, en plena ruta del Mudejar, a cuarenta minutos de Valladolid capital y a una hora escasa de Segovia, Ávila y Salamanca, una localidad con unos doce habitantes en invierno que la mayoría pasan de 65 o 70 años: “La integración es de poquito a poquito, al principio te acogen con cierta desconfianza, no entienden esto, pero luego poco a poco han ido viniendo. Es más, quizás la gente más mayor es la más receptiva, la gente un poco más joven es la que no viene por aquí porque entiende que el arte es como algo superfluo, ellos como han conocido el pueblo con otra vida quieren que vuelva a haber vida en el pueblo”, reflexiona Rubén sobre su integración en la pequeña localidad. Pero ahí radica también su motivación: “Darle vida a un entorno que está condenado a morir, también creemos que el arte es una actividad que puede tener un lugar en sitios como éste, no creemos que se necesite para la creación grandes centros urbanos”.

“Lo sustento yo con un cierto toque de locura”, explica sobre la peculiar financiación del espacio, “a mi el arte me ha dado muchas cosas, si has recibido hay que dar y yo creo que sobre esa base la sociedad es mucho más justa”. También es responsable de elegir los proyectos que acoge el Huerto del Tertuliano, basándose en su intuición y gusto personal, con una dilatada experiencia en su empresa de producción de arte, “que es con la que he vivido y me ha permitido este tipo de cosas”, comisario de exposiciones o gestor cultural, además de su trabajo como escultor.

Arder. Notas a la meseta

“Hace como cosa de un año Rubén me comentó que le apetecía que pudiera hacer un comisariado aquí”, así explica Marta cómo se abrió la oportunidad de trabajar en el Huerto. Ya había trabajado anteriormente con Eloy en diferentes proyectos y a los dos por distintas vías les interesaba el trabajo de Julià, por lo que las piezas del puzle fueron encajando casi por su propio peso. “El tema sobre el que hemos querido trabajar es doble: el concepto de la herejía, qué significa eso de ser un hereje, y por otro lado qué significa hacer eso aquí, no solo en el Huerto del Tertuliano en Fuente-Olmedo sino en general en este entorno”, relata la comisaria. Eloy es de Pedrajas, bien cerca del sitio, con lo que está familiarizado con el entorno, lo que contrasta con Julià que es balear y jamás había visitado esta tierra, lo que era un gran potencial para el proyecto.

“Hay gente que tiene algunas ideas preconcebidas negativas de aquí, incluso la gente de aquí las tenemos y vivimos con eso, y forma parte de mi obsesión personal cambiar ciertas visiones que tenemos”, reconoce Marta como una de sus motivaciones. Han estado trabajando desde el 4 de abril, momento desde el cual no solo se han quedado en el Huerto sino que han recorrido distintos paisajes visitando otras localidades como Urueña o han podido observar cómo es la Semana Santa en Castilla, alimentando de alguna manera esa búsqueda de respuestas ante el concepto de herejía.

Paisaje, obra conjunta de Eloy Arribas y Julià Panadès. FOTO: Javier P. Miñambres
Paisaje, obra conjunta de Eloy Arribas y Julià Panadès. FOTO: Javier P. Miñambres

Julià Panadès, graduado en Arte y Diseño, Ilustración y Animación en la Escuela de Arte y Diseño Josep Serra i Abella de Barcelona, se caracteriza por ser instalativo y multidisciplinar, manteniendo siempre una base escultórica: “Me encanta recoger cosas de playa o el campo, de ahí viene mi trabajo escultórico e instalativo, por ahí llego a mi trabajo de materiales povera”, en referencia al arte pobre, corriente crítica con el arte burgués de mediados de los sesenta en Italia. Esto se convierte en un problema cuando el fruto de su trabajo convierte su estudio en almacén, hasta que hace un año dijo basta y dejó de hacer y almacenar para re-enfocar su trabajo. Desde entonces pone cada vez más en valor el proceso, “al final queda eso, la documentación de lo que ha sido y el proceso”, lo que relaciona directamente con su trabajo en el Huerto, siendo más destacable para él esta etapa creativa que el resultado final que queda expuesto tras la inauguración.

Al igual que buena parte de su sector, su trabajo a veces ni siquiera se puede calificar como precario, con becas que dan todo tipo de facilidades y proporcionan interesantísimas experiencias pero ningún sustento económico. Estas vivencias las adopta para su creación: “Yo me aprovecho de los handicaps para hacer cosas y hablar de ellas”, explica destripando parte de la crítica que tiene su obra. Como ejemplo, en una discreta esquina de la solemne sala blanca que alberga la expo, colgado de un cordón hay un ambientador de pino de los que antaño plagaban los espejos interiores de los coches, observando irónicamente la sala, fruto de su reflexión que le requirió el hecho de tener que ambientar la sala con su obra: "Mi práctica últimamente reflexiona sobre mi propia práctica, por qué hago arte o de qué sirven estas cosas que hacemos, siempre desde la crítica pero también desde el humor", cuenta Julià.

Julià Panadès, Eloy Arribas y Marta Álvarez en Fuente-Olmedo. FOTO: Javier P. Miñambres
Julià Panadès, Eloy Arribas y Marta Álvarez en Fuente-Olmedo. FOTO: Javier P. Miñambres

Eloy Arribas, licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, relata como se enfrentó inicialmente a este proyecto: “Traté de traerme solo papeles para hacer collage, usar solo lo que tiene aquí Rubén y ponerme ciertos condicionantes para trabajar de otra manera”. Como paisano de la zona conoce las cualidades del entorno, desde su extrema dureza en los meses más fríos a la soledad que intrínsecamente vive, aunque también su gran belleza: “Esto es espectacular, hemos pillado la primera fase de la primavera que es espectacular, hemos pasado de tener tierra casi con casi la hojita saliendo a tener unos campos de cebada que con el viento parece el océano”. Como lo primero que hicieron fue pasear por el entorno, la primera pieza que se nos ocurrió fue hacer una especie de escenografía con el paisaje, que finalmente fue la parte de la exposición que muestra su trabajo expresamente conjunto.

"Más allá de lo que cuente la propia expo, el propio espacio, el propio Huerto del Tertuliano o lo que hace Rubén aquí, incluso las propias inauguraciones, es una actitud bastante herética, supone una especie rara avis, el sur de Valladolid, junto con Soria es de las zonas más despobladas de España”, señala con perspectiva Eloy.

El ritmo de trabajo y producción ha sido completamente atípico, partiendo de estar desde el primer momento creando lo que serán las piezas definitivas que conformarán la muestra, casi sin tiempo para la reflexión sobre cada una de ellas a diferencia del ritmo de un estudio en el que pasan semanas o meses hasta que se completan, además de que la rutina está marcada por el espacio: “Lo que hemos hecho básicamente es pasear mucho, leer mucho y cuando el cuerpo pide trabajar te vas al estudio y te pones a currar”, afirma Eloy.

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