Arantxa Aguirre.
Arantxa Aguirre.

Hoy se ha estrenado en España, incluída Valladolid (solamente durante una semana y con un único pase diario) un documental que puede hacer las delicias de los amantes de la música, de los amantes del ballet, de los amantes del cine, «Dancing Beethoven». En resumen una película sobre al arte en su conjunto y que conduce al fín último del mismo, nuestra mejora como seres humanos racionales. Arantxa Aguirre, directora presente en ediciones de nuestra Seminci, y premiada en la edición del 2016 con esta película, «Dancing Beethoven», nos enseña los entresijos de la dura preparación durante todo un año del ballet que ideara Maurice Béjart para la novena sinfonía de Beethoven. Muerto el genio y relevado por la magnética presencia de Gil Roman, bailarín que fue del propio ballet, asentado éste tras la zozobra propia de la pérdida del referente que lo creó (momento que la misma directora plasmó con gran acierto en otra película que también se vió en la Seminci, «El ánimo y el esfuerzo»), Aguirre consigue plasmar no sólo el momento artístico preciso de la representación, y el inmenso trabajo que lo precede, sino que el ballet, la música y el cine se impregnan de vida hasta introducir en la historia toda una serie de líneas de escape provocadas por el simple hecho del paso del tiempo y sus efectos sobre las personas. Mientras se baila hay también una vida cotidiana que produce cambios personales perfectamente reflejados por la cineasta. «Dancing Beethoven» merece que el público de Valladolid pague su entrada y disfrute, imaginen por un momento que tuvieran la ocasión de asistir a una representación del ballet de Lausana, que Zubin Metha dirigiera la orquesta, ¿estarían dispuestos a perdérselo? Sería imperdonable, y si ustedes responden en taquilla quizás la película pueda extenderse más de la semana que está prevista su exhibición en la ciudad. Para entender mejor la película y sus propósitos, aquí tienen una pequeña entrevista efectuada en la distancia que obliga un ordenador y una conexión de internet con la propia directora, disfruten, y disfruten, sobre todo, yendo al cine de la mano de una directora que sabe muy bien plasmar la música, la danza, el teatro, los actores, los técnicos en su filmografía.

Arantxa Aguirre, Doctora en Literatura, ha publicado los libros "Buñuel, lector de Galdós" (Premio internacional de investigación Pérez Galdós) y "34 actores hablan de su oficio", secuela de su documental "Hécuba", nominado a los Premios Goya. Tras haber sido ayudante de directores como Camus, Almodóvar, Berlanga, Saura o Martín Patino, ha dirigido documentales premiados internacionalmente como "Un cisne americano" o "El esfuerzo y el ánimo", este último estrenado en salas comerciales en Francia, Suiza y Japón."

Ser mujer, hacer cine en España, y además hacer cine documental, ¿pudo añadir alguna dificultad más para dedicarte a este arte? Lo comento porque hay un innumerable conjunto de mujeres detrás de cada producción cinematográfica en España, pero a la hora de la verdad, cuando hay que dirigir un largo, se vuelven casi invisibles, seguramente sufriendo los mismos estigmas que en la mayoría de profesiones donde siendo mayoría no ocupan puestos directivos ni, en el arte, se les reconoce al mismo nivel o con las mismas oportunidades que a los hombres.

Lo que mencionas es una realidad tan exacta e indignante que no he encontrado mejor modo de contrarrestarla que el tratar de actuar como si no existiera. Me niego a quedarme atrapada en el círculo de la queja y el mal humor, que es muy nocivo porque absorbe tu energía. Y para hacer películas se necesita mucha energía. No puedo permitirme el lujo de quedarme dando vueltas a este agravio o el de más allá. Yo tiro para delante concentrada en lo que quiero hacer, en lo que me merece la pena. Si en el camino me frena el paso una actitud machista, la sorteo lo mejor que puedo y trato de que no concederle demasiado espacio en mis pensamientos. Reservo ese espacio para aquello que me inspira, me alimenta y me ayuda en mi trabajo.

Se que no le gusta comparar tu última película «Dancing Beethoven» con la que ya hizo con el mismo ballet en 2009, «El esfuerzo y el ánimo», pero no naciendo una de otra, ¿aprecia semejanzas? ¿no cree que vistas las dos se pueden interpretar como la evolución y madurez de un gran ballet tras la desaparición del mito Béjart que lo creó?

Estoy de acuerdo con esa interpretación. Concedo un gran valor al paso del tiempo. Mi relación con el Béjart Ballet es ahora más profunda que hace ocho años. Les conozco mejor y lo que puedo contar sobre ellos es más complejo y más sutil. Me atrae la idea de acompañarles con mi cámara a través de los años, como hizo Linklater en "Boyhood". Otro ejemplo: cuando Coppola muestra a una Diane Keaton madura bailando con Al Pacino en la tercera parte de El Padrino nos resulta muy emocionante porque les habíamos conocido jóvenes en la primera parte y no hay maquillaje por medio ni trampa ni cartón. Como cineasta me interesa mucho la intensidad que proporciona el paso del tiempo.

¿Puede contar cuál es, y ha sido, su relación con el Ballet de Lausana?

Descubrí la compañía de Béjart en el Palacio de los Deportes de Madrid cuando era una adolescente que estudiaba ballet. Para mí supuso una ventana abierta a otras formas de entender la danza y el teatro. Años más tarde tuve oportunidad de estudiar una temporada en la escuela de Béjart en Bruselas y pude conocerlos más de cerca.

¿Esa estrecha relación pasada es la que funciona como motor para que realice la película o necesitaba contar su historia cualquiera que fuera el ballet que pusiera en movimiento la música de Beethoven?

Lo primero, sin duda. No sólo ese resorte secreto que te impulsa a contar una historia tiene que ver con mi antigua relación con ellos sino que es esa relación la que dota a las imágenes de una densidad particular. Hay un personaje de la obra "Julio César" de Shakespeare que empieza un maravilloso parlamento afirmando: "Yo no sé hablar. Sólo sé hablar de lo que sé." Y, en efecto, cuando hablas de lo que sabes tu discurso puede remontar el vuelo.

Se aprecia un cariño y una emoción especial cuando filma a los cuerpos en movimiento, conoce la dureza de la preparación y lo fácil que es el error aunque para el ojo del no experto resulte imposible cuestionar la plasticidad de los cuerpos bailando. Me gusta de su película que, obviando esa representación final para la que se preparan, su cámara no busca la geometría en los ensayos, sino el sufrimiento, el agotamiento, el cansancio, el dolor. No parece tan importante la plasticidad del conjunto como transmitir la necesidad de ensamblar piezas individuales que han de ser armónicas sin olvidar que cada una necesita su tiempo, su espacio, su físico diferente.

Cuando ves un ballet en un teatro, admiras la bella y proporcionada punta del iceberg pero en mis documentales trato de mostrar la enorme masa sumergida que la sustenta. Desvelar lo invisible es una expresión que sintetiza muy bien la labor de un cineasta y de un artista en general.

Arantxa Aguirre.
La directora del documental.

Cuando surge la idea de la película ¿la planifica inicialmente o se deja llevar por lo que los ensayos y los meses de filmación le ofrezcan? ¿Hay un guión o hay horas de rodaje que se convierten en una historia en la mesa de montaje? Se lo pregunto porque, sin revelar nada al espectador, en esos meses ocurren cosas que no puede tener previstas al iniciar el rodaje porque no sabe que pueden ocurrir.

En el documental no trabajas con unos actores que dirán lo que se les ha indicado sino con personas que ejercen su libre albedrío. Lo único que puedes hacer antes del rodaje es documentarte al máximo sobre el asunto que vas a tratar. Una vez allí, tienes que estar muy alerta para no perderte todas las cosas interesantes que suceden sin tu permiso porque ahí estará muchas veces la parte más rica de tu historia. Será luego en la sala de montaje cuando te las arregles para encontrarles su lugar y su sentido dentro de la historia o para desecharlas si es preciso. Sin duda en el documental la escritura definitiva del guión se lleva a cabo durante el montaje.

La idea de la joven actriz como hilo conductor (con las sorpresas inherentes a cualquier película). Vista ahora, terminada la película ¿no hay un exceso de presencia de ella en detrimento del resto de bailarines y artistas?

Puede ser. Esta presencia es controvertida porque a algunos espectadores les gusta y a otros no.

En estos tiempos oscuros ¿pensaba transmitir optimismo, alegría, solidaridad, con la película? Músicos, bailarines, de tantos países diferentes unidos por una sinfonía que conoce cualquier profano de la música clásica. No hay razas, no hay fronteras, no hay enemigos, y sin embargo, sabemos que eso es efímero, lo que dura una representación.

Es curioso porque, si acudes al texto original de la "Oda a la alegría", allí no se dice en ningún momento "todos los hombres somos hermanos" sino "todos los hombres se harán hermanos allí donde se extiende el ala suave de la alegría". De modo que, en efecto, Schiller se está refiriendo a la fraternidad como una impresión fugaz, casi casi una "ilusión óptica". Pero ese tipo de ilusiones son vitales para poder orientarnos. En tiempos oscuros conviene no perderlas de vista.

Un fotograma del documental.l.
Un fotograma del documental.l.

¿Por qué los cuatro capítulos? ¿Por mera reminiscencia musical con los cuatro movimientos sinfónicos?

Me interesan los números y su simbolismo. Por supuesto en los cuatro capítulos hay una alusión a los cuatro movimientos de la Novena Sinfonía, pero también a las cuatro estaciones del año en las que se desarrolló el rodaje y, por lo tanto, al ciclo de la vida, del que también trata la película. En cierto modo, se trata de un cuadrado contenido en un gran círculo, que es el diseño que presentan tanto el suelo del decorado como el vitral de la catedral de Lausanne. Creo que las buenas películas deben tener una red interna de conexiones y correspondencias que contribuya a dar cohesión a la historia.

Viendo la película y oyendo la música uno de los clichés que se rompen en pedazos es el de la música sinfónica, la música de ballet, la música de cámara........parece que de la mano del ballet de Lausana todo es bailable, hasta la Novena de Beethoven.

Previa mediación de un coreógrafo genial, todo es bailable.

La película parece que está siendo muy bien recibida en Alemania, en Suiza... ¿Qué espera de un público tan poco dado a las artes como el español? ¿No es un poco triste que una película premiada en un festival como Valladolid, que en su tiempo fue referente del documental, se vea relegada a pases únicos en salas, a cortos periodos de exhibición preprogramados sin esperar a ver si la película es rentable o no en taquilla?

Yo creo que en España hay público más que de sobra para esta película. El gran problema es que, en su mayoría, ese público ni siquiera se va a enterar de que existe. El machaque publicitario se reserva para otro tipo de cine y, particularmente, para las películas producidas por las televisiones, sean buenas, malas o regulares. En este desolador panorama, el conseguir estrenar en más de veinte ciudades españolas simultáneamente me parece un hito (conseguido gracias al buen trabajo de la distribuidora Márgenes, hay que decirlo), aunque en la mayoría de estas ciudades se contemple un pase único o un corto periodo de exhibición. Lo veo como una oportunidad de abrir una brecha en el muro. Y, en el peor de los casos, no todo en esta vida es cuestión de cantidad. El último documental que acabo de hacer, "La zarza de Moisés", sobre la compañía de teatro Els Joglars, me lo encargó la propia compañía porque en su día vieron "El esfuerzo y el ánimo" en los cines Girona de Barcelona, donde se proyectó unas pocas semanas pero las suficientes para que de ahí naciera otro proyecto apasionante. En fin, me pasa como con el asunto del machismo, trato de no dejarme amilanar por la triste realidad sino de aprovechar al máximo cada pequeño resquicio.

No deja de ser triste que en España haya enormes festivales de documentales como Punto de Vista, Alcances, Documenta Madrid, que el lenguaje novedoso del documental sea punta de lanza del nuevo cine español y, sin embargo, su exhibición en salas se vuelva algo casi clandestino ¿Qué nos falta para convencer al público y previamente a los exhibidores?

Supongo que nos falta presencia en los medios y tal vez soluciones imaginativas en el campo de la distribución y de la exhibición. Pero este es ya un asunto que me rebasa. Yo bastante tengo con responsabilizarme de que, una vez dentro de la sala, el espectador disfrute de una historia bien contada. A ello dedico todo mi esfuerzo.

Una última pregunta, ¿la persona de Gil Roman es tan carismática como su puesto de director del ballet revela? Porque si algo muestra la película, como ya hizo en la anteriormente mencionada, es la fuerza del personaje y su convencimiento en lo que hace.

Lo es. Es un artista con una sensibilidad absolutamente excepcional y, además, un verdadero animal cinematográfico. No tengo que manipular mucho su imagen sino todo lo contrario, dejar que mi cámara la refleje con la máxima transparencia.

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