El escritor, Fernando del Val. Foto: Laura Fraile
El escritor, Fernando del Val. Foto: Laura Fraile

Fernando del Val (Valladolid 1978) -escritor que cultiva todos los géneros: poesía, relato, ensayo, periodismo...- rompió el silencio el pasado mes de abril con la publicación de 'Si te acercas más, disparo' (Difácil Editores). Dos meses después lanza el libro de poemas 'Los años aurorales', su primer poemario en los últimos cuatro años, presentado hoy y editado también en Difácil. Del Val aprovecha el lanzamiento de su última obra para repasar críticamente la vida cultural de Valladolid.

-Han pasado cuatro años desde el último lanzamiento.

-El tiempo, visto de ese modo, no importa. Lo significativo, decía Machado, no es hacer una cosa, sino hacerla bien. Y no me obsesiona la velocidad. Más bien al contrario.

-Los años aurorales es un ¿libro de amor?

-Sí y no. Tiene muchas capas: la historia, el lenguaje, el sentimiento, el yo, la autorreferencia... Pero indudablemente parte de una experiencia de ese tipo.

-¿Le ha costado escribir sobre amor?

-Me ha costado, al menos, ocho libros, si tenemos en cuenta los publicados. Es mi séptimo poemario. Lo escribo en dos mil siete y ya había seis títulos previos. Uno no puede empezar haciéndose una autopsia, como algunos indies del verso. Además, las suyas son autopsias artificiales. El pudor en el arte es fundamental, es una distancia básica con la propia obra. La templa. La pasión puede cegar el pozo de la inspiración, o romper el cedazo y ayudar a que todo pase, descontrolado.

-¿Aquí cuánta distancia hay?

-Mucha. Tengo otro libro, posterior, más desatado. Porque también creo que si las teclas que pulsas son veraces, logras igualmente transmitir los posos de eternidad que habitan en el instante. Pero sin poses, ¿eh? En definitiva, es un problema de verdad. Cuesta explicar que la verdad existe en estos tiempos relativistas, o que existe, al menos, la tendencia a la verdad. Machado también lo decía: “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”. Entonces, si la verdad es desatada, ¿para qué amordazarla? Bueno, puedes hacerlo. Pero mentirás.

-¿Qué diferencia a este poemario de otros anteriores?

-Los que lo han leído dicen que es bastante distinto, pero la voz continúa reconocible. Es una apreciación que me gusta porque todo autor aspira a encontrar un cauce que sólo sirva para sí mismo. Y el cauce tiene que discurrir, lógicamente, por parajes distintos. Una obra literaria detenida está muerta. En esos casos, más que detención, hay retroceso. Lo más peliagudo de repetirse no es escribir la misma obra, sino practicar avances que sólo detecta el autor.

-¿Hubo voluntad de giro?

-Lo deseable es que el movimiento no venga demasiado impuesto por cálculos intelectuales, es decir, que no sea impostado. Porque entonces caemos en la mentira. Y hemos quedado en que importa la verdad. Yo no hago el menor esfuerzo de plantearme un libro, precisamente, porque creo en los procesos naturales e intuitivos. En ellos se manifiesta mejor el mundo interior. Si un libro no está inspirado no me vale. El trabajo muchas veces es el refugio de los incapaces. Ahora bien, no niego que eso sirve más en la poesía que en otros géneros, y que es cierto que después de la idea debe llegar un trabajo costosísimo de afinación –porque cuanto más inspirado, más deslavazado-.

-Vive en Valladolid, ¿cómo respira culturalmente la ciudad?

-Con ventilación asistida.

-¿Mal?

-No quiero hacer sangre, pero negar que vive por debajo de sus posibilidades sería mentir.

-¿Hay mejora respecto a la etapa de gobierno anterior?

-Se está desaprovechando una oportunidad. Hay un continuismo sorprendente. Cualquiera lo ve. Existe como una especie de acomplejamiento, lo cual choca porque suelen ser partidos de otro signo los que se comportan así con la cultura. Claro, que también hacen buenas designaciones.

-¿A qué cree que se debe?

-Amateurismo, quizás. Uno espera de un dirigente que dirija, no que esté con el piloto automático, ni que gestione propuestas.

-¿Es cierto que cada vez va menos gente a las librerías?

-Pero ¡cómo no! Es lógico: se vendieron colocando en los anaqueles best-sellers infumables y, al ocuparse de los no-lectores, cuando estos faltaron –porque en el fondo no son lectores y te pueden sustituir por un móvil o un fin de semana en Benidorm-, se quedaron solos. ¿De qué viven las que viven? De servir a las universidades, en buena medida. El día en que éstas compren por internet o sencillamente equilibren el albarán con publicaciones digitales, ¿qué pasará? ¿Qué librerías subsisten?: las literarias. Las serias. ¿Te has fijado en el escaparate de los sitios que dispensan libros en las estaciones de tren, autobuses y aeropuertos? Hace diez años todavía quedaban autores. Ahora pasas por ahí y no conoces a nadie: es bazofia antiliteraria. Una intriga propia de topos. Y, claro, eso es pan para hoy.

-¿No va a librerías?

-Sólo compro en la red libros descatalogados muy concretos. Claro que voy a las librerías. No quiero que desaparezcan. Pero están en caída. El otro día volví a ver un vídeo en el que Pedro G. Cuartango habla de su biblioteca, y comentaba que compra por Amazon. Conozco varias personas obrando así. Es que además te lo mandan a casa al día siguiente. Yo lo que me pregunto, al hilo, por ejemplo, de la Ferias del Libro, es qué pasará cuando no haya librerías –risas-. En la cadena del libro hay muchos agentes. Los más visibles, cinco: autor, editorial, imprenta, distribuidor y tienda. Pero también hay portadistas, etcétera. El agente más prescindible es el librero. Sin duda.

-¿Cómo ve Seminci?

-La oficialidad pronuncia declaraciones grandilocuentes acerca del prestigio del festival, yo me quedo patidifuso. Me pregunto si se ríen por dentro mientras. Cualquiera sabe que Seminci no vive ni de las rentas. Cualquiera advierte que es el quinto festival del país cuando hace veinte años era el primero, o, vale, el segundo en dura competencia con San Sebastián. En todo caso tenía la aureola de ser el primero en prestigio. No es sólo que San Sebastián disponga de más dinero. Disponen también de buenas cabezas y eso se traduce en ambición artística y de criterio. Por ejemplo, tienen a Quim Costa y Roberto Cueto de asesores. Aquí, a igualdad de presupuesto, seguiríamos haciendo un festival de circunstancias.

-Vamos, que Angulo no le gusta.

-Mantenerlo es un error garrafal. Tuvieron a huevo quitárselo de encima y escogieron un concurso. Los concursos son la trampa de la transparencia. De todos modos, confunden el culo con las témporas. Lo que hay que hacer es apostar por una cabeza. Yo me pregunto: aunque en su día Lara fue criticado, parece que hay unanimidad en torno a su valía. ¿Fernando Lara se habría presentado a un concurso? ¿Y Luis Alberto de Cuenta para Secretario de Estado para la Cultura? ¿Y Luis Racionero para dirigir la Biblioteca Nacional? Etcétera. Lo que hay que hacer es elegir a alguien que ejecute un plan. Si tienes a alguien con ideas, te sale Photoespaña. Hace poco un amigo me dijo que echaba en falta políticos que llevasen a cabo un programa sin complejos, que apostaran por una línea, la que fuera, dándoles igual ser reelegidos.

-¿Y literariamente?

-Bueno, hay actividades pequeñas, medio privadas, de librerías concretas, de la Fundación Segundo y Santiago Montes, y así, completamente meritorias. Merecen un aplauso. Luego, a nivel institucional, pues no sé que hay. Está la Feria del Libro, pero, bueno, permanece secuestrada por los libreros. No por los libreros en conjunto, sino por ciertos. Poner a esta gente a organizar un evento literario es como poner a organizar un campeonato de fútbol a los vendedores del equipamiento.

-Pero en Madrid también la organizan los libreros.

-Y tiene mucho de mercado persa. Pero igualmente una cosa indudable: hay autores. La diferencia, no pequeña, es que allí los libreros se pagan su fiesta y aquí es municipal: el ayuntamiento pone los trescientos mil euros. Da la sensación de que los libreros lo toman como una subvención directa. Y, claro, la relación calidad-precio es pésima porque ellos sólo conciben el libro como objeto comercial.

-¿Qué recuerda de su paso por ella?

-Más que un paso fue un tropiezo. Salí por pies. No hay que hacer nada que te pueda ruborizar. Igual por amistad sí. Pero fuera de ahí…

-Puede sonar a despecho, organizó parte del programa en 2016.

-Y me fui. Que suene como quiera cada uno. Ah, por libreros y añado: también por vendedores de reglas, gomas y rotuladores. ¡Las benditas papelerías!

-La edición de este año, ¿qué le pareció?

-La peor de los últimos casi veinte años. Es que está sin dirección, igual que Seminci, y se nota. Los años inmediatamente anteriores tampoco hubo dirección, pero se responsabilizó Paz Altés.

-En Seminci está Angulo.

-Pues eso, carece de dirección. Un festival de autor no puede abandonarse en manos de un relaciones públicas, eso es más propio de las discotecas. Es muy majo. Igual con eso basta.

-¿Y fuera de la Feria?

-No hay mucho más, ¿no?

-El Año Zorrilla.

-Como hubo Año Colón. Somos necrófagos. En el espejo de la cultura institucional Cocteau vería la muerte trabajando. Echar el resto con Zorrilla es de principiantes. Un autor como él, además, unánimemente reprobado. En todo caso, es como si en Madrid se volcaran en Juan de Villanueva y sólo en Juan de Villanueva. Pues vale. A ver: creo en la tradición como el que más, creo en el canon como el que más. Pero una sociedad que se vuelca en el pasado, y en estos casos habría que añadir que presupuestariamente también, dejando de lado actividades de baja intensidad necesarias, es una sociedad muerta. El compromiso ha de ser con el presente.

-También ha habido tertulias con Zorrilla al fondo de los que ha formado parte.

-Es que no ser contradictorio resulta cada vez más temerario. Pero no era para hablar de Zorrilla. En el caso que conozco, se subcontrató a una empresa, lo sé porque vi aparecer a dos chicos, y les pregunté. Pagaron a la empresa y pagaron a los bares donde se celebraban actos, aunque sólo fueran las consumiciones. Ahora bien, a los autores, ni un vale a canjear por libros. A ver si en este país vamos dándonos cuenta de que los autores son el eslabón imprescindible –y no los libreros-. Sin autores –y sin editores si me apuras- no hay nada. Pero vivimos en una fanfarria consentida: pagamos el adsl pero nos cuesta pagar por un disco. Estamos enamorados del envoltorio, no de los contenidos.

-¿Tanto le molestó que no le pagaran?

-No me molestó. Nadie escribe por ese motivo. Porque no hay dinero bastante para pagar. No. Pero en la retribución hay un reconocimiento. Si una institución se respeta a sí misma no debe actuar así.

-¿La Junta de Castilla y León cuida más el libro?

-Pues más de lo mismo. En el resto de autonomías suelen cuidar el libro. En algunas quizá demasiado, como Andalucía. Aquí hubo unas ayudas a la edición, que eran risibles, y, cuando llegó la crisis, las eliminaron. En fin.

-¿Y en el campo del arte qué nos puede decir?

-Hay suplementos de cultura nacionales que hablaron del Patio Herreriano y cambiaron adrede de nombre a la concejala. Lo dejo ahí.

-¿Mejor con el PP?

-Yo no digo eso. Llamé a De la Riva Mamachicho en una columna. Pero la impresión general es que los técnicos están dando al repeat. No creo en los especialistas, estoy con Ortega en que son despreciables, pero, ojo, hay que saber al menos qué tienes entre manos. No basta ser simpático. La impresión es que las decisiones reposan en gente que no se sabe. Me sobran las buenas maneras, las sonrisas, los discursos fraseológicos, tan vacíos y llenos de rodeos y anacolutos. Me sobran los comportamientos angélicos y buenistas. Se está decapitando la excelencia. Y el arte o es excelente o no es. Cualquiera que haya dedicado un poco de tiempo a pensar o a leer, si es que una cosa y otra no son lo mismo, sabe que la cultura tiene su polo vector. Y gracias a él, precisamente, aunque suene discordante, se alimenta el resto. Pero, claro, a la gente que corta el bacalao le hablas no ya de Epícteto, sino de T S Eliot, y se cree que es un delantero del Liverpool. Mandan personas que todavía ignoran que lo que menos importa de una novela es el argumento. Creen que leer es bonito. Una ingenuidad tierna y perniciosa. No se es más igualitario por seguir los sondeos de opinión. Es falso que cualquiera, por principio, pueda pintar un cuadro. Una falacia. Como tampoco cualquiera puede operar. Estamos en el todo vale.

-¿Entonces está en contra de una política abierta al ciudadano?

-No. Cómo voy a estar en contra de eso. Claro que debe estar abierta al ciudadano. Porque debe representar al ciudadano. Lo que digo es que no hay que confundir la excelencia con el clasismo. Y que respetar al pueblo tampoco es estar todo el día recibiéndole o cortando cintas o buscando agradarle. Eso es ser un botones. Un dirigente deberá gastar horas al día encerrado en su despacho, pensando. Digo yo. No dando cita. Un órgano de poder político no es un ambulatorio. De todas formas, los políticos suelen llevar tapones. Yo los he visto. Son amarillos, de esos que venden en las farmacias, de esos que se ponen los músicos para entrar al local de ensayo. Y confunden la independencia con la oposición. Y a los próximos les exigen fidelidad, no lealtad. Y… en fin.

-Por último, ¿la cultura está tratada convenientemente en los medios informativos?

-Es que cultura ya es todo… Mira lo que ha pasado con la Semana Santa. Cuando menos conexión tiene con la gente, más presencia recaba en los medios. Es folclórico y ridículo. Por no entrar en el comportamiento del ayuntamiento, que puso la bandera a media asta. Peor que ridículo. Pero me da igual ya todo, ¿eh?: se meten por otra parte tanto con la iglesia que dan ganas de abrazarla, porque también hay una moda en ese sentido, igual que a favor de los animales. A mí me han rechazado tres veces la petición de apostasía, ¿eh? Es decir, no soy sospechoso. Pero junto al anticlericalismo hay una erradicación completa de la espiritualidad, por lo que, de momento, no solicitaré una cuarta apostasía. Ya me da igual. Tan cursis son unos como otros. Hay que ceder espacio a la diferencia. Pero hacer de la procesión un elemento central, eso es de risa. Y el de Podemos en Cádiz le ha concedido una medalla a la Virgen. Para ir a mear y no echar gota. Pero no me extraña. Muñoz Molina, en Todo lo que era sólido, dedicó unas páginas a explicar cómo la izquierda favoreció el repunte de la fiesta religiosa tras la muerte del dictador.

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

Compártelo, apoya el proyecto

ÚltimoCero | Hazte cómplice HAZTE CÓMPLICE

No hay comentarios