Gatoperro
Gatoperro

Al paso que va la burra, llegará el día en que la autenticidad no se valore. Hasta ese momento, podremos seguir brindando por gente como David Llosa. Su disco Cowboys (2017), sacado a fuerza de tesón y verdad interior, es un ejemplo de escritura rock. Cuesta imaginar una sílaba o un acorde en él no salido de las entrañas. Pero no sólo eso. Él dispara y acierta. Su alma está curada en los mejores secadores del rock. Y enferma. La salazón la han puesto, se nota, los grandes del género. Él aporta una manera de contar distinta y brillante.
Esa mezcla de tradición y discurso autónomo se nota en cada hito, y está presente en la portada. En ella, un caballo trota sobre una pared de cueva y el caballo, que podría salir de la hebilla de un cinturón, o yo qué sé de qué sitio, adquiere perfiles de bisonte. Gatoperro actualiza la gran pintura rupestre del rock. No te lleva del brazo. Te deja en el descampado y tú sabrás dónde mirar. “El juez se puso en pie y se alejó hacia lo oscuro”, cita a Cormac McCarthy en el libreto.


Si las fotos de portada y contraportada no son suyas -Bonita Parker-, sí participa del diseño general. Es decir: estamos ante un autor. Autor es quien participa de la toma de decisiones y no deja de estar presente en los procesos –también mezcla y arregla-. No siempre es así. Él tiene su visión y nos la participa; y nosotros agradecemos que lo haga. Pero también sabe delegar, y, sobre todo, en quién: la producción corre por cuenta de Josu García, ahí es nada.
Habría que derribar el tópico de quedarse con una canción, sobre todo ahora, en tiempos de escuchas digitales que fragmentan el fragmento. Los discos hay que escucharlos de principio a fin, pero me apetece señalar ‘El tigre albino’. El mejor Josele Santiago habría soñado componerla. Música preciosa, ejecución lograda, y letra… bueno, la letra es de esas que no salen a base de cincel, con trabajo, sólo salen si las ideas están por salir. Sociología y casi geopolítica. Todo, sutil: “El tigre albino del zoo de Tiflis se ha apuntado un tanto. No está mal para un animal enjaulado probar carne de condenado (…) Lo ha hecho bien y por eso brindamos con él (…) Por mi parte, con unos amigos he deglutido algunos rumiantes. A los veganos no hay quien los aguante, yo prefiero los tiempos de antes”. Y termina: “Pobre humano, a ti quién te va a salvar”. Por cierto, un tigre albino se cepilló a su cuidadora hace unos días, al norte de Cambridge. Igual el animal había escuchado a Gatoperro.
Las resonancias del disco dan para varias páginas. David Llosa exuda ironía, filo, nula autocompasión con la Especie, pero con algo de pena y melancolía. Esta noche los que acudan al Matadero de Valladolid -hoy Lava- se alegrarán mañana de haberle visto en directo. Directo y sinuoso. Dulce como un limón. Como un mordisco. Suave, en definitiva.

Gatoperro EN LA ACTUACIÓN EN VALLADOLID. FOTO: DEL VAL
Gatoperro EN LA ACTUACIÓN EN VALLADOLID. FOTO: DEL VAL

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