El leonés Julio Míchel, director del Festival Internacional de Títeres de Segovia, TITIRIMUNDI.
El leonés Julio Míchel, director del Festival Internacional de Títeres de Segovia, TITIRIMUNDI.

El director del Festival Internacional de Teatro de Títeres, Titirimundi -que acababa de cerrar su 31 edición el pasado 16 de mayo-, Julio Michel, falleció ayer por la tarde cuando se estaba recuperando de una dura operación en Barcelona, que había superado con ánimo y con la que todo el equipo estaba esperanzado, tras convivir con un cáncer durante estos últimos meses.
 
El cuerpo de Julio Michel llegará a Segovia mañana domingo 25 de junio y será recibido en el Tanatorio San Juan de la Cruz (C/ de los Tercios segovianos s/n) a las 18h.

"No pensamos que tendríamos que anunciar y escribir nunca esta noticia. Pensábamos que era 'eterno'. Eternamente cabezota y eternamente querido, su espíritu, siempre joven y lleno de espontaneidad, así nos lo hacía creer, y empíricamente parecía estar demostrado. Hacemos pública y oficial su marcha de esta Tierra con una tristeza intensa para la que apenas tenemos palabras, sólo un silencio lleno de respeto y de amor. Hoy el mundo se ha hecho pequeño, pequeño, y no puede ser más gris a pesar del sol. Le queríamos. Hemos tenido la suerte de querernos, de discutir y negociar, y querernos, y seguir haciéndolo. Más adelante, cuando todas las emociones estén en su lugar, celebraremos su vida como él hubiera querido, con una fiesta. Una fiesta con comida, con música, con títeres. Porque Titirimundi siempre ha sido eso, una gran fiesta de los sentidos donde lo maravilloso irrumpe en lo cotidiano, y el espíritu de Julio Michel es quien conducía esta gran fiesta como un mago que en el último momento se sacaba siempre de sus propias manos -con una sonrisa picarona y mucha expectación-, un pañuelo que se convertía en un ratoncito. Hoy miramos al cielo con un as de corazones en la manga", se ha transmitido desde la organización del festival.

Julio Michel (San Martín de Valdetuéjar, León, 1946) había llegado a Segovia en los años 70, era un titiritero hijo de mayo del 68 que rechazaba toda fórmula oficial y encorsetada, con cuya compañía, Libélula –formada por otra heredera del romanticismo más revolucionario, Lola Atance–, actuaba en distintas ciudades. Decidió entonces que quería aportar su granito de arena para revitalizar la vida artística segoviana y desde La Promotora, una asociación de artistas plásticos, se encargó de gestionar la llegada de compañías de teatro a la ciudad. En 1985, y junto a Juan Peñalosa, Isabel Urzurrun e Isabel González, nacía en Segovia Titirimundi, en el deseo de una belleza que nunca se acaba y que el arte tiene el poder de regenerar una y otra vez con libertad, fantasía, creatividad, genuina alegría, entusiasmo, capacidad para la crítica e ironía. Un festival internacional que celebraba la primavera y que de forma altruista pretendía sembrar y difundir el teatro de títeres, invitando a la ciudad a un gran descubrimiento, con el mismo asombro que provocan los magos. “Quería crear un espacio en el que todos fuésemos ciudadanos y donde pudiésemos entrar al mundo de la utopía, ese mundo en el que todo se pone en tela de juicio”, expresaba en unas declaraciones dentro de un reportaje publicado en ADE Teatro. Y lo hizo con su espíritu, libre, soñador y juguetón, con su genio y sus manos y sus palabras, sabiendo que manejaba una herramienta dramática con poderes de sugestión próximos a la magia y la ilusión. El trabajo de su vida ha sido Titirimundi, un festival capaz de transformar Segovia en una ciudad tomada por el teatro de la ilusión, un gran escenario abierto formado por patios, iglesias desacralizadas, teatros y rincones históricos que forman parte del patrimonio- “una escenografía perfecta y envidiable”, afirmaba- donde “guardar las palabras en el bolsillo” o “tocar la luna con las manos”, no es una quimera, sino un sueño cumplido.

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