SIN ARREGLO ANOCHE EN EL ESCENARIO ÚLTIMOCERO. FOTO: ÚC
SIN ARREGLO ANOCHE EN EL ESCENARIO ÚLTIMOCERO. FOTO: ÚC

El Summer End es y será siempre un festival pequeño, gratuito, una fiesta de la música en directo, de las bandas y músicos de Valladolid, y un regalo también para su público. Así sentenció Giovanni Olcese, director del festival, al finalizar la noche desde el Escenario últimoCero. “No queremos ser un Sonorama”, aseguró con autocrítica tras el intento fallido del pasado año en Arroyo de la Encomienda y el éxito que durante la tarde y la noche se cosechó en Simancas. El ambiente, tanto encima de los escenarios como entre el público, certificaron que la fórmula era esa y que los experimentos, mejor, con gaseosa.

Dos placas solares de Cooperativa Energética alimentaban el equipo de sonido, mientras los artistas del escenario de La Baruba iban pasando por él. Un ambiente relajado para empezar el Summer End, con el público sentado en la terraza, buscando sombra o soportando el sol, atentos al arte que iban desplegando cada uno de los grupos y solistas desde el porche del chiringuito. Los horarios estaban ajustados y el tiempo para cada artista era limitado, así que puntual arrancó Umimixx, la joven cantautora que prendió la magia y encandiló a los aun pocos presentes, dejando paso al Sr. Peñi que subió también con su guitarra y su característica barba. Momento entonces para unos debutantes, La Monda. Montse Sing y David Calle desgranaron unas cuantas versiones de sobra conocidas por muchos.

Sr. Peñi durante su concierto en el escenario de La Baruba. FOTO: Summer End
Sr. Peñi durante su concierto en el escenario de La Baruba. FOTO: Summer End

La unión hace la fuerza, será por eso que tres talentos como los de Marta Andrés, Natalia Fustes y Andrea Garcy se han unido para crea Capitall, siguiente banda en pasar por el espacio de Cooperativa Energética. El público iba nutriendo cada vez más las mesas mientras las voces de las tres cantoras acompasaban la tarde entre canciones propias de una u otra y versiones, como el “Mamá yo quiero ser artista / tengo conmigo misma / no puedo ser mamá” de Patricia Lázaro con el que empezaron. Si el factor humano es impredecible, el factor técnico no se queda atrás, así que el calor en el equipo de sonido hizo que todo se retrasara unos cuantos minutos en lo que volvía a su ser y a sonar. Ansiosos, Carlos Ortega, Marcos Merilla y María Ordoñez, músicos que conforman la banda de Buck Mulligan, esperaban ansiosos a que todo se solucionara y al fin su concierto, que cerraba la programación de la tarde en el chiringuito de Simancas, pudiera comenzar. Y así fue, con el esfuerzo y el sudor frío del técnico, Pablo Giral, mediante, Buck Mulligan y su banda rezumaron calidad en cada tema, en ocasiones excesivamente repetitivo para algunos oídos, atmósferas que paradójicamente hacían las delicias de otros.

Debido a los problemas técnicos del escenario de La Baruba, el comienzo de los conciertos en la Plaza Mayor, puntuales, se solapó con el último del chiringuito, por lo que parte del público tardó en subir las cuestas de Simancas hasta que Buck Mulligan terminó. Mientras, Paolo Fontana y la Banda del Patio empezaron a repartir cera sobre el Escenario últimoCero. Una banda con una ilusión contagiosa y un Paolo que disfruta cada acorde como si fuera el último, con canciones que se alargan hasta los diez minutos de duración. Eran una de las apuestas del Summer End, con un disco a punto de salir del horno bajo la producción de Kiko Sumillera y Pablo Giral, Brezmes inauguraron el Escenario Kafka de la Plaza Mayor. La banda que lidera Cifu Alonso presentó sus temas con una veterana y solvente banda, con guiños incluso a la jota, siendo el primero de la noche, pero no el último, en reivindicar la tradición castellana.

De Perdidos al Trio en el escenario ÚltimoCero. FOTO: ÚC
De Perdidos al Trio en el escenario ÚltimoCero. FOTO: ÚC

De Perdidos al Trío fueron, para muchos, la sorpresa del festival. Aunque su éxito y reconocimiento cada vez es mayor, mucha gente que asistió al Summer End pudo disfrutar por primera vez de su música en directo. Las caras entre sorpresa y satisfacción del público, y las palmas o coros como respuesta a las invitaciones que desde el Escenario últimoCero hacían a participar del espectáculo así lo atestiguaban. Aunque a De Perdidos al Trío, como al resto, se les quedara pequeño el tiempo disponible, la fiesta no podía acumular retrasos ante todo lo que faltaba por llegar. Octubre Polar estaban ya dispuestos en el Escenario Kafka, arrancando con contundencia su directo con un sonido que quería incluso recordar a bandas como Los Planetas. Lanzando confeti mientras parte del público coreaba sus canciones, fueron desplegando su repertorio entretanto la plaza de Simancas iba llenándose. La Orquesta Castellana de Guille Jové está en constante evolución, sobre todo ante la imposibilidad de cuadrar agendas entre sus músicos, pero, tal y cómo aseguraba Jové, es un lujo y una suerte contar con la colaboración y disponibilidad de los músicos vallisoletanos, en este caso Nacho Tomillo, De Perdidos al Trío, al saxofón y Daniel Clérigo, siempre dispuesto, a la batería, que completaron la Orquesta con Carlos Ortega al bajo y Rocío Torío a los coros, que hacían doblete, Jon Andoni a la trompeta y Juancar Martín a la guitarra eléctrica. El tiempo lo permitía, así que en solitario interpretó una jota celebrando que, poco a poco, parece que el folclore castellano se va recuperando por parte de las nuevas bandas vallisoletanas.

Cosmic Birds, uno de los cabezas de cartel, dieron un gran concierto sobre el Escenario Kafka. La banda vallisoletana es una de las que más reconocimiento están cosechando de la generación de grupos que han surgido la última década. Además, quisieron celebrar un hermoso reencuentro con su primer cantante y fundador del grupo, Mario Llana. Un momento emocionante para él, como reconoció al bajar del escenario, al reencontrarse con sus antiguos compañeros después de que tuviera que abandonar el proyecto para continuar sus estudios en Estados Unidos, situación que, aunque le distanciara del grupo, no rompió la amistad que con sus antiguos colegas mantiene. La noche avanzaba y en el Escenario últimoCero los músicos de Sin Arreglo estaban con los instrumentos preparados para hacer bailar al personal. Y así lo hicieron. Acompañados además de parte de la sección de vientos de Seiskafés, ofrecieron un bailón directo a base de ska, punk y rock. Encapuchados y con una inquietante estética irrumpieron Kitai en el Escenario Kafka, dejando perplejo al público con una suerte de metal-indie, con su sudoroso y espídico cantante pidiendo los gritos, saltos y palmas del público de forma insistente, parte indisoluble de su papel de arrogante frontman.

El Meister fue la sorpresa de la noche. FOTO: ÚC
El Meister fue la sorpresa de la noche. FOTO: ÚC

Los rumores sobre la sorpresa que la organización del Summer End guardaba para el final de la noche recorrían la plaza, muchos lo sabían y no soltaban prenda, algunos lo intuían y otros tantos erraron. Todo se disipó cuando Giovanni, director del festival, después de agradecer al público y los colaboradores su apoyo, presentó a Javier Vielba, El Meister. En solitario, guitarra al hombro, dio un concierto personal, con canciones de su proyecto en solitario, otras de su banda Corizonas, que recogen numerosas referencias a la vida vallisoletana, y otras versiones, como la coreada ‘Ladrones’ de Corzo. Pidió un espontáneo aplauso para últimoCero y a continuación siguió dando las gracias por el apoyo al resto de colaboradores que hacen posible el Summer End, un festival al que, como demostró, profesa un enorme cariño. Como reflexionaba Guille Jové durante el espectáculo, en esta edición se registró un “récord de jotas”, ya que Vielba es otro de los que llevan por bandera recuperar estos cantares. Y eso no era todo, ya que en uno de los autobuses de vuelta a Valladolid las guitarras amenizaron el viaje cantando versiones de ritmos castellanos.

El fin de fiesta en Simancas lo puso el Dj Oscar Mina sobre el Escenario Kafka, ataviado en principio con una careta de Donald Trump mientras los beats y los decibelios iban inundando la plaza. Una sesión frenética que hizo entrar en calor al público, animada por el inquieto dj que no paraba de invitar a los valientes que aguantaron hasta esa hora a engancharse a su sesión. La música paró y la plaza se vació, mientras la gente buscaba transporte a la capital, donde la fiesta continuó en el Kafka con La Sonidera Garbanza.

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