La directora Laura Ferrés.
La directora Laura Ferrés.

¿Qué queda de la Laura Ferrés directora que hizo A perro flacode la que ha hecho Los desheredados? Se lo pregunto porque no deja de haber una unidad temática a partir de la estética del perdedor, pero lo que en 2014 parecía desesperanza absoluta y un callejón sin salida, en 2017 se transforma en un mensaje con cierto optimismo vital tras ver Los desheredados, un optimismo dentro de una crisis económica que permanece. ¿Sólo es un diferente enfoque por la edad de los protagonistas o su visión de la realidad del país ha cambiado?

Sin duda la temática del perdedor siempre me ha conmovido. Me gustan los personajes que viven al margen, en la periferia, tanto mental como físicamente y por ello hasta ahora filmo mis trabajos en mi ciudad natal, El Prat de Llobregat, a las afueras de Barcelona, o alrededores. Supongo que me veo así en ciertos aspectos de mi vida e inevitablemente ese sentimiento impregna mis historias. De hecho, creo que cuando uno hace un retrato de otro personaje, sea ficticio o real, se acaba retratando a uno mismo.

Por otro lado, el enfoque más optimista se debe a un cambio en mi visión de cómo afrontar las dificultades. “A Perro Flaco” es mi proyecto final de carrera que empecé a escribir en 2011 a pesar que se estrenó en 2014 tras una postproducción infernal. Me gradué uno año más tarde, es decir, en 2012, uno de los picos más agudos de la crisis. De hecho, la noticia del rescate que aparece en “Los Desheredados” corresponde a 2012. Supongo que el inminente final de una gran etapa de mi vida, de estudiante a entrar en el mundo profesional, con el correspondiente vértigo que ya de por sí genera ese cambio y además las pocas expectativas ante la situación del país, hicieron que “A Perro Flaco” fuera menos esperanzador. De todas formas, estaba más interesada en hablar sobre la relación entre madre e hija, concretamente del miedo a decepcionar a nuestros padres. En cambio, “Los Desheredados” se pone en marcha a finales de 2015, sin duda todavía en periodo de crisis, de hecho no considero que vaya a tener un final, sino más bien que se ha ido normalizando y que generaciones enteras sufrirán las consecuencias. En definitiva, como ves, estuve sin grabar bastantes años entre proyecto y proyecto debido a esa falta de expectativas y dinero mientras en paralelo la situación de mi familia empeoraba considerablemente. No obstante, todo eso acabó resultando en una especie de caldo de cultivo que me sirvió para encontrar un motivo para volver a rodar. Siempre había querido hacer algo con mi familia pero nunca había encontrado la anécdota que me hiciera seguir adelante hasta que mi padre me dijo que tenía que cerrar el negocio que inició mi bisabuelo, una pequeña empresa de autocares, y me di cuenta de que más que nunca tenía sentido hacerle un retrato, que intenta llegar a ser uno generacional para que tanto hombres y mujeres de su edad como su entorno puedan sentirse identificados. Me gustaría pensar que llega un día en el que la gente, incluso en periiodos de crisis, se planta. Creo que es la hora de construir ese tipo de personajes. A pesar de todo, “Los Desheredados” contiene un mensaje positivo: es un canto a la dignidad.

Con “Los desheredados” consigue lo que muy poca gente tiene en este país, un premio en un festival A como Cannes, con un corto, sin repercusión mediática de ningún tipo, digamos que olvidada institucionalmente, ¿cómo asume ese éxito personal en un país que vive de espaldas a la cultura y la creación artística?

El corto siempre se ha considerado un género menor, en este país y en cualquier otro. Desgraciadamente, parece que no empiezas a tener una carrera hasta que no haces tu primer largometraje. Sin embargo, sorprendentemente, “Los Desheredados” sí ha tenido repercusión mediática y hasta se estrenará en cines a finales de año. En cuanto al premio, es una recompensa increíble después de tanto trabajo, un bonito recuerdo que jamás olvidaré y un aliciente para seguir. La principal dificultad a la que me enfrenté fue que mi padre me dijo que tenía que cerrar su negocio con sólo tres meses de antelación, así que sólo tuve ese tiempo para desarrollar la idea, escribir el guión, encontrar el equipo y todo lo demás por mi cuenta. Desde el punto de vista económico, también fue difícil porque hubo una parte inicial que rodé con mis ahorros hasta que conseguimos varias subvenciones. "Los Desheredados" es un proyecto pequeño sobre un evento muy personal, así que ya sólo ser seleccionado en la Semaine de la Critique - Cannes 2017 fue totalmente sorprendente, puesto que recibieron unos 1700 cortometrajes, y muy emotivo porque pude celebrar el premio con mi familia, pareja y equipo allí.

Mentar su condición de mujer ya es un sinónimo de que algo no funciona bien como país cuando hay que recordar día tras día la escasa visibilidad femenina en el mundo del cine español (este mes se publicaba una estadística de la Academia de las artes audiovisuales donde la diferencia entre profesionales masculinos y femeninos es abrumadora, salvo en interpretación, donde casi es similar, y maquillaje y vestuario). ¿Es un aliciente más para seguir, un escollo que endurece tu respuesta, no le ha dado tiempo a asumir que España sigue siendo jerárquicamente machista o ya lo está sufriendo en tu trabajo? Aunque en Cataluña algo se estará haciendo bien desde proyectos como la ESCAC o los trabajos fin de grado de la Pompeu i Fabra cuando son mayoría las directoras, hay regeneración con una cantidad enorme de creadoras y se filma con cierta continuidad, ¿qué hay en el modelo ESCAC que no existe en otros territorios?

No sólo hay más hombres que mujeres haciendo películas, si no juzgándolas. También hacen falta más mujeres que sean directoras de festivales, programadoras, jurados, críticas, educadoras y este otro tipo de figuras porque son otras formas de mirar que también suelen ser masculinas y que, al fin y al cabo, determinan la carrera de las películas y por tanto escriben parte de la historia de un país. Aunque ser una mujer cineasta no es un aliciente ni un escollo. Simplemente nací mujer y me gusta hacer películas que intenten reflejar cómo somos y, en ese sentido, también queda mucho por hacer para que los personajes femeninos empiecen a ser más reales. Hay que ir de pequeño a grande y, si las cosas cambian en el arte, también lo harán en el conjunto de la sociedad. En cuanto al modelo ESCAC, creo que destaca sobre otros porque se realizan muchas prácticas a diferencia de otras universidades donde los estudiantes sólo llevan a cabo un proyecto al final de la carrera. Y no sólo eso, sino que justamente mientras se van haciendo esos ejercicios, los compañeros de clase con los que estás empezando a trabajar se pueden acabar convirtiendo en verdaderos profesionales y colaboradores en el futuro.

Corríjame si me equivoco, pero comparando “A perro flaco” con “Los desheredados”, y salvando las distancias enormes de calidad entre una y otra, parece que su primera película estaba muy encorsetada por el guión y con la última la narración fluye como si todo fuera espontáneo, como si estuviera con la cámara y dejara a sus personajes expresarse y moverse libremente, como si se hubiera limitado a hacer unas indicaciones genéricas y dejar que la acción fluya hacia donde corresponda.

Como te decía, “A Perro Flaco” es un proyecto final de carrera, que no deja de ser otra práctica dentro del marco de la universidad y creo que hay que juzgarla como tal. Además se trata de una historia de ficción mientras que “Los Desheredados” va por otro lado. Al tener como protagonista a mi propio padre, primero me centré en volcar anécdotas que habían ocurrido sobre papel y posteriormente recreamos algunas de ellas mientras que otras escenas resultaron más improvisadas. Supongo que convergieron dos cuestiones: conocer a mi padre y los espacios agudizaron mi intuición y, por otro lado, la capacidad de adaptarme a él porque rodamos en localizaciones reales mientras él estaba cerrado su negocio y la cámara está cerca de él en pocos momentos para no que no sea una intrusa, intentando trabajar también el fuera de campo, sobre todo sonoro, para que cualquier detalle del exterior me sirviera para reflejar qué ocurría en su interior y en definitiva cómo se sentía atravesando ese momento de su vida (“La vista no requiere esfuerzo; sí requiere distancia espacial; la vista puede apagarse: tenemos párpados en los ojos, no tenemos puertas en las orejas” Susan Sontag, “Concerning the Pain of Others”). Lo que me gusta es trabajar con elementos reales pero abordarlos con una puesta en escena más propia de la ficción para ordenar de alguna manera una serie de anécdotas que van ocurriendo a lo largo de mi vida y por algún motivo me llaman más la atención que otras.

El personaje que interpreta su padre, ¿ha sido una sorpresa para usted o ya intuía que detrás del hombre había una historia tan cinematográfica? ¿Le ha resultado complicado exponer a sus familiares más próximos a un ejercicio de desnudo público?

Sinceramente, soy la primera sorprendida y le agradezco todos los matices que acabó aportando al corto. En realidad mi padre y yo no hemos convivido habitualmente desde que tengo 8 años. De hecho, hasta que rodamos “Los Desheredados”, hacía mucho tiempo que no pasaba una semana entera con él. Quizá en parte por eso me apetecía acercarme a su figura. No es casual que en “A Perro Flaco” no aparezca la figura del padre. En cualquier caso, disfruté rodando con ellos y creo que todavía más cuando vuelva a ver el corto dentro de unos años. Justamente testimoniar el fin de su negocio cumple el objetivo de poder regresar tanto a aquel lugar como a ellos. Mi propio padre me dijo que era increíble que un hecho tan triste se haya transformado en un motivo de celebración.

Me gusta cómo usa la luz sobre tu padre, su realidad diaria es bastante agobiante, con una empresa en crisis, unos pocos trabajos de subsistencia y que suponen más una humillación que una solución, y sin embargo la luz del sol le acompaña, le acompaña cuando no trabaja, cuando fuma un cigarrillo después de decidir el cierre, cuando deja a los borrachos tirados en un área de servicio. ¿Cómo se planteó la iluminación de la película viniendo de otra tan fría y gris como la primera?

Creo que en parte esta respuesta tiene que ver con lo que contesté en tu primera pregunta. O, al menos hasta ahora, el momento en el que me encuentro no es sólo determinante para elegir la historia que contar sino también la forma de iluminarla. Al final todo es parte de lo mismo. Justamente me gustaba la idea de que su rutina estuviera acompañada de luz para explicar cómo es el personaje en realidad: lleno de esperanza, a pesar de todo. En vez de sólo definirlo por lo qué hace o dice. En cuanto a referentes, sinceramente apenas hubo debido al escaso tiempo de preproducción y más bien me guié por mi intuición porque estaba trabajando con un material que no me resultaba ajeno. Por otro lado, rodamos con luz natural, obviamente porque no tenía dinero, aunque en realidad me gusta trabajar así desde el anterior corto. Sin duda cuando ruedas con luz natural es probable que la imagen que tenías en la cabeza no se pueda conseguir por un simple cambio metereológico. Sin embargo, hasta cierto punto esa probabilidad me excita ya que deberé improvisar pero, si consigo mi objetivo inicial, la satisfacción será inmensa. En general, prefiero trabajar con pocos elementos y equipo de rodaje reducido. Supongo que es una manera de controlar más la situación, aunque también me gusta que el equipo participe en las decisiones y eso sólo es posible si hay poca gente y se genera un clima de confianza. En este sentido, me gustaría destacar la labor de Agnès Piqué, directora de fotografía de “Los Desheredados”, que me ayudó a dar forma a todas estas ideas.

Los protagonistas de sus películas no se quejan, no culpan a nadie de su situación, incluso son maltratados por gente de su mismo nivel social, ¿piensa que su cine refleja una realidad de falta de solidaridad que sólo la familia suple o solo es consecuencia de las historias puntuales que ha querido rodar?

No sé si haría una afirmación tan categórica, pero la verdad es que me siento afortunada porque tanto mi madre como mi padre me han apoyado siempre, además nos llevamos muy bien ya que compartimos diversas afinidades. Supongo que es inevitable que, al tener tanta importancia en mi vida, también la tengan en mis historias.

¿Y ahora? Se levanta por la mañana con el premio más grande que una directora insultantemente joven puede esperar, se presenta en una productora y ¿piensa que recibirá un mejor trato, que se le escuchará, que sus proyectos serán mejor acogidos, o que el reconocimiento de la cinefilia no se extenderá a los demás? ¿Hay algún largo en marcha o prefiere seguir con el mundo del cortometraje?

El premio ya me ha servido de bastante en cuanto a visibilidad se refiere. “Los Desheredados” está siendo seleccionado en otros festivales importantes tras la Semaine de la Critique - Cannes, como Curtas Vila do Conde International Film Festival (Portugal) donde ganó mejor corto europeo y por tanto quedando automáticamente nominando a los European Film Awards que se celebran a finales de año en Berlín, justamente poco antes de su estreno en salas en España, y en New York Film Festival (USA). En cuanto a futuros proyectos, confío en que resultará más fácil llevarlos a cabo, aunque obviamente mi nivel de exigencia tiene que seguir siendo alto. Por otro lado, ya estoy pensando en mi primer largometraje que volverá a girar entorno al tema de la familia, sobre el que siempre tengo la sensación de que quedan cosas por decir. Aunque no descarto volver al cortometraje en algún momento ya que, al fin y al cabo, lo importante es que las historias encuentren su tiempo preciso.

Cuando compruebas el tipo de cine español que triunfa entre el público y un modelo de lenguaje cinematográfico impuesto por las televisiones, ¿no le asaltan las dudas o la rabia ante lo que parece un muro insalvable para su futuro como cineasta?

No me parece un muro insalvable. En todo caso, mi preocupación es encontrar algo que sienta que merece la pena plasmar en una película y después conseguir llevarlo a cabo. De hecho, no suelo pensar en el público durante esos procesos porque confío que tarde o temprano la misma obra lo acabará encontrando ya que, a pesar de que mis gustos no se correspondan con el lenguaje cinematográfico impuesto por las televisiones, sé que existe una parte del público que comparte referentes y preocupaciones similares a las mías. No considero que trate temas que nos sean ajenos y la prueba está en que “Los Desheredados” ha gustado en Francia, Portugal, Macedonia, Grecia, Estados Unidos, España y Japón, por citar algunos países donde se verá seguro de momento.

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

Compártelo, apoya el proyecto

ÚltimoCero | Hazte cómplice HAZTE CÓMPLICE

No hay comentarios