Jeune Femme el primer largometraje de la directora gala Leónor Serraille.
Jeune Femme el primer largometraje de la directora gala Leónor Serraille.

Hoy se ha presentado en Seminci una de las películas más esperadas de la sección oficial de la Seminci. Se trata de Jeune Femme el primer largometraje de la directora gala Leónor Serraille. Jeune Femme venía precedida de encendidos elogios tras su paso por la pasada edición del Festival de Cannes donde su directora se alzó con el galardón a la cámara de oro. Como suele ser habitual en muchas primeras películas, hay elementos que presagian un prometedor futuro para la realizadora de esta película, sin embargo no se trata de una película para nada sobresaliente. Su inclusión en la sección oficial obedece más a cuestiones de distribuidoras que a la calidad de la película en cuestión. Su ubicación natural debería haber sido la sección Punto de Encuentro. La película se inicia prometedoramente cuando asistimos al primer arrebato de cólera de la treintañera Paula tras se abandonada por su novio, su antiguo profesor de fotografía, con el que se ha mudado a París tras haber residido durante un tiempo en México. A partir de ahí una escena, brillantemente interpretada por la actriz principal Laetitia Dosch en el papel de Paula, donde ésta manifiesta toda su rabia contenida e inestabilidad emocional al profesional sanitario que la atiende tras haberse autolesionado. Luego un largo deambular de la protagonista de la película por un París que resulta tan frío como hostil, para un ser frágil, quebradizo, que sólo busca un lugar donde poder anclarse sentimental y personalmente. Compañeros furtivos de la noche que la alojan esperando sexo a cambio, una madre que la rechaza por que le recuerda a su padre o su inmisericorde ex que rechaza volver a verla. Esta parte esta rodada muy al estilo del cine de los hermanos Dardenne, con mucha cámara en mano, planos rodados desde la espalda de la protagonista, sin estabilizador de imagen, en un sentido muy verista. Luego la película da un giro argumental cuando la protagonista logra encontrar primero un trabajo como canguro a cambio de alojamiento y posteriormente en una tienda de lencería. La película cambia de registro y se convierte en un drama romántico convencional sobre una chica irresponsable que tiene que madurar rápidamente para adaptarse a un ambiente hostil y que encuentra el verdadero amor. Pronto surgen las desavenencias con la madre separada que la ha contratado como canguro como consecuencia de la buena sintonía que Paula mantiene con la hija de ésta, también aparece un guardia de seguridad de color con el que se inicia primero una amistad y un posterior romance. Esta parte del guión de la película es mucho más previsible. La interpretación de Laetita Dosch es lo único que impide al espectador desconectar de una historia que ya tiene la impresión de haberla visto contar en muchas ocasiones en el cine francés por ejemplo en De óxido y hueso de Jacques Audiard.

La última parte de la película es la más floja, la más previsible y la más aburrida. Coincide con el retorno del antiguo novio fotógrafo, cuya aparición finalmente convence a la protagonista de lo que debe hacer realmente con su vida. Para empeorar las cosas la película termina con uno de esos mal llamados finales abiertos, que en realidad no es tal pues el espectador siempre tiene la impresión de que conoce perfectamente lo que va a ocurrir en el futuro con la protagonista. La película demuestra que la directora tiene buenos fundamentos audiovisuales y que conoce perfectamente las convenciones del género dramático pero no acaba de explotar las posibilidades creativas que ofrecía el guión.

Normalmente los cortos son los grandes olvidados de los festivales de cine hoy en día. Aunque se programa (más aún se abusa de su programación en los festivales) apenas se reseñan en los medios de comunicación, salvo en el caso de las revistas especializadas. Es un acto de justicia referirse al interesante corto de la sección oficial Kapitalistis, del director belga Pablo Muñoz. Se trata de un perfecto ejemplo de un corto inteligente que combina entretenimiento con una crítica más profunda sobre los fundamentos antropológicos del capitalismo como sistema de producción. El corto nos sitúa ante un padre, emigrante en Bélgica al que su hijo pequeño le ha confesado que un tío suyo le ha dicho que Santa Claus es capitalista, porque sólo trae regalos a los niños ricos. El niño entiende que no podrá disfrutar como regalo de navidad de una fascinante para él mochila de diseño. Su padre turbado por la confesión de su hijo se decide a ir a comprarla pero en la tienda (en una secuencia muy divertida) le ofrecen tres modelos, cada cual más caro. Como tiene un trabajo precario (repartidor de pizzas) tiene que buscar la manera de complementar sus ingresos, incluso de las formas más ingeniososas para poder comprar la dichosa mochila. El corto combina humor con una crítica velada al capitalismo como sistema económico que descansa sobre tres ideas básicas. La primera es que en el capitalismo los salarios no dependen de la productividad del trabajador sino de la coyuntura económica, la segunda es que en el capitalismo no se producen bienes para satisfacer necesidades, sino que se crean necesidades y para ello se producen bienes, muchas veces que no responden a ninguna necesidad (artículos de marca, que otorgan status). La tercera es que en el capitalismo se lleva a cabo una reducción ontológica del individuo, que queda convertido en mero factor productivo. Estas tres intuciones son desarrolladas en los 17 minutos que dura el corto, de una manera tan didáctica, como divertida para el espectador.

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