SWEET COUNTRY, el sólido western dirigido por al australiano Warwick Thorton.
SWEET COUNTRY, el sólido western dirigido por al australiano Warwick Thorton.

SWEET COUNTRY. Se trata de un sólido western dirigido por al australiano Warwick Thorton, famoso por su galardón al mejor director debutante en Cannes en 2009 por su melodrama Sanson & Delilah, que nos sitúa a mediados de los años 20's del siglo pasado cuando un aborigen de mediana edad, Sam Kelly, es detenido por el asesinato de un granjero local en el centro de Australia.La película se construye a partir de un primer flashback cuando Sam recuerda los hechos que le han llevado a comparecer ante un tribunal acusado de asesinato. La película tiene todos los ingredientes del western clásico y en algunos momentos recuerda a los Centauros del desierto de John Ford. Los personajes están sólidamente construídos y responden a los arquetipos del género. Un granjero cruel, atormentado por sus experiencias de guerra, y que destila un odio acendrado hacia los aborígenes. Otro granjero filántropo para el que trabaja Sam inicialmente y que cree en la igualdad de todos los hombres ante dios. La esposa de Sam que es un personaje femenino muy fuerte de carácter,como son las mujeres en el cine de John Ford, y que tiene que soportar en silencio la humillación de haber sido violada por ese granjero cruel que mencionábamos antes y un   agente del orden que ,como el personaje de Ethan (John Wayne) en Centauros, persigue implacablemente a Sam por el desierto australiano.

Warwick Thorton en la fotografía de la película intenta imitar los contrastes lumínicos de la cinta de Ford y el uso de las elipsis (aunque en este apartado no logra alcanzar la sutileza del maestro del western), consiguiendo un producto interesante pero no magistral. Lo más interesante de la película es la reflexión de fondo sobre el racismo, asunto muy espinoso en el caso del director irlandés pero que en el caso del australiano es muy claro; la película es un aleganto contra el racismo y en favor de la igualdad de todos los seres humanos. Sweet country es un intento de actualizar espacio-temporalmente los cánones de un género, el western, del que todavía podemos aprender muchas cosas.

Án annan veg, una buddy comedie con pretensiones verdaderamente autorales.
Án annan veg, una buddy comedie con pretensiones verdaderamente autorales.

OBJETIVO ISLANDIA. Este año el Festival ha elegido como país invitado a Islandia, por lo que el pasado jueves, como viene siendo habitual, ha sido el día de la celebración del cine islandés. Lamentablemente no se ha programado ninguna mesa redonda y la presencia de cineastas islandeses ha sido más bien escasa.La rueda de prensa del realizador Sigurdsson, que presentaba a concurso su película Undir Trenu, hizo las veces de improvisada plataforma de presentación de una de las cinematográfias más destacadas en los festivales de cine de los últimos años. El ciclo que ha programado seminci comprende de 17 largometrajes. Las propuestas han sido de lo más variado. Desde películas muy notables como la sobresaliente Nói Albinói del realizador Daur Kári, una road movie de resabios existenciales sobre adolescentes en fuga, la curiosa cinta de realismo mágico Kaldaljós de Hilmar Oddsson sobre un pintor con una infancia traumática marcada por una montaña “mágica” y destructiva, la muy premiada Án annan veg, una buddy comedie con pretensiones verdaderamente autorales que nos descubre la relación de los islandeses con el amor y el sexo, la sublime Eddjall, que ya tuvimos la ocasión de disfrutar en Valladolid en la seminci en el año 2011 y que le valió a Rúnar Rúnarsson la espiga al mejor director novel o esa pequeña obra maestra que es 101 Reykjavík del maestro Baltasar Komákur. Una historia de segundas oportunidades tan bien narrada como profunda. Mucho menos afortunada ha sido la inclusión de películas comerciales e insustanciales como la estúpida L' effet aquatique o la “sensación de vivir a la islandesa “ Óroi que no hacen justicia a una cinematografía muy joven (desde 1977 cuando se crea el Iceland film found) y que constituye un ejemplo de gestion pública muy eficiente. El iceland film center produce entre 12 y 15 películas al año para un país de menos de 300.000 habitantes y que ha convertido sus bellos parajes en un lugar favorito para rodar, debido a las ventajas fiscales que ofrece a la producciones que allí se ruedan. Una lástima que no se haya tenido en cuenta la experiencia del pequeño país volcánico y más cuando se programó una mesa redonda sobre la producción independiente.

 

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