Pepe Pin en el Bar La Bici. FOTO: Gaspar Francés
Pepe Pin en el Bar La Bici. FOTO: Gaspar Francés

"Se ha dicho que nadie posa mejor que un gitano, aunque sea un mendigo". Lo recoge Alfredo Grimaldos en el prólogo de 'Flamenco. Pasión, desgarro y duende. Una historia fotográfica desde 1970', un libro maravilloso de Elke Stolzenberg y José Lamarca.

Como ejemplo basta con observar la imágenes recogidas en el citado libro -editado por Península-, resumen de dos tendencias: "la que busca el perfil humano,

los matices que hay detrás del profesional del cante, el baile o el toque, con el artista posando de forma consciente", caso de Pepe Lamarca, y la

otra, la de la alemana Elke Stolzenberg que basa su trabajo en "el retrato en directo; obtiene las imágenes de forma inadvertida, en plena actuación, cuando el artista se encuentra realizando el máximo esfuerzo".

Algo parecido ocurre en la pintura, o cualquier otra manifestación artística. En los apuntes, dibujos, cuadros... de Pepe Pín, o Pepe Rodríguez como aparece en el cartel anunciador de la exposición inaugurada en La Bici, conviven las dos tendencias.

"Unos han salido de las notas tomadas con un bolígrafo en un recital y otros los he hecho de principio a fin en casa, imaginando escenas, situaciones...", dice este personal artista, aficionado al flamenco, que es conocido por diferentes apellidos. El nombre de Pepe se asocia al real de Rodríguez o al de Pin, por los pines que también hace.

Pepe junto a sus cuadros en La Bici. FOTO: Gaspar Francés

"Otros me conocen como Pepe Lumpen. Pon lo que quieras... quizás mejor pon Pepe Pín",  confiesa minutos después de inaugurarse su última exposición, con una veintena de obras. Todas, menos un óleo, realizadas con rotuladores, sobre papel o cartón. Los precios: De 5 a 50 euros, "según el tamaño. Espero sacar para poder pagar los marcos y una ronda a los amigos", comenta.

"Esta es una exposición monotemática, en torno al flamenco; solo hay un cuadro, el del espejo, que está fuera del resto", comenta su autor. En las paredes de La Bici solo cuelgan cantaores, bailaores o tocaores, de cualquier género. Todos y todas en plena actuación, sobre el escenario de tabernas de mal vivir. En algunos, se han colado guiños a la tauromaquía, muy asociada al cante, al baile y al toque.

Llama la atención el colorido. Pero mucho más las imágenes, ejecutadas con absoluta libertad, ingenuidad, esponteneidad, imaginación... que algún crítico podría encasillar como naïf. Término que se queda pequeño para definir la obra de Pepe Pin, que zanja la polémica definiendo lo que hace como: 'falso naïf'.

Un estilo con el que desde hace años nos hemos familiarizado en bares de todo tipo, desde que en los años 80 comenzara a dibujar en unos cursos de cine que organizó el Ayuntamiento en las Delicias. ¿Quién no ha lucido uno de sus pines-cometa o guardado sus dibujos realizados en cajas de cerillas?

Pepe Pin conoce muy bien el mundo que rodea al flamenco, por experiencia propia, aunque también se ha interesado en conocer a los grandes artistas que lo han plasmado. Pero para él no hay cánones a seguir. Ni técnicas ni teoría. Un ejemplo es la bailora que con los brazos al viento no ha tenido inconveniente en transforma en la diosa hindú Shiva vestida de faralaes, con multi extremidades superiores para dar sensación de movimiento. O cuando  pinta  a las bailaoras (o cantaoras) con unos descomunales culos que se salen de plano y revientan el ceñido vestido de cola.

La exposición, inaugurada el pasado viernes y que puede verse durante 15 días, ha coincidido con la jubilación de Pepe Pin, que durante los últimos años ha trabajado en la Junta.

"Desde el día 8 estoy jubilado. Voy a tener más tiempo para hacer lo que quiera", intuye el artista, a quien le gustaría seguir haciendo lo que hace (que diría Mariano) y además, escribir.

"Siempre me ha gustado escribir; lo que escribo se lo enseño a los amigos y cada uno me dice una cosa... Además, lo que pasa es que hoy en día, todo el mundo escribe. Ya veré lo que hago", dice Pepe, quien en uno de sus cuadros ha incorporado la siguiente letra: "Qué mala suerte la mía/ que mi novia nos pilló en la cama/ con la muerte".

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