Manolo Sierra en la inauguración. FOTO: Gaspar Francés
Manolo Sierra en la inauguración. FOTO: Gaspar Francés

Manolo Sierra es fiel al calendario en el que tiene marcadas fechas inolvidables que siempre celebra con una exposición. Una es el 1º de Mayo;  otra, antes de las fiestas de despedida del año, y entre medias, lo que surja. Sus pinturas, hasta el 10 de diciembre, han vuelto al Puerto Chico con el título: Lo que miran esos pájaros.
Son diez cuadros de pequeño formato, recién pintados con los habituales colores planos en su Babia leonesa, en cuyas cumbres ha asomado la nieve. Un cuadro de mayores dimensiones, datado en 2007, que tiene su particular historia. Y una carpeta. Todo con una misma temática: los pájaros. Y todos tricolores, menos uno: una graja, negra. El pasado año, por estas fechas y en mismo marco, el título fue: Vino (Hiriart) y a continuación Paisaje circular, en la Galería Lorenzo Colomo.
"Siempre he enredado con los pájaros", comenta Manolo Sierra quien recuerda la presentación que Olvido García Valdés hizo a una carpeta con tres pájaros dada a conocer en la Fundación Segundo Montes.
"Olvido, conocedora de mi obra, se sorprendió que por primera vez pintara pájaros; anteriormente solo habían aparecido a través de pequeños puntos en acuarelas y linograbados que podían intuirse como referencias a aves volando. Los pájaros siempre han sido buenos emisarios. Luego ya hice una exposición entera de pájaros en El Portón. La presentación la hizo Gustavo Martín Garzo. Erán pájaros que se acercaban a una ventana, una especie de diálogo entre el exterior y el interior...", dice el pintor.
Muchas personas se acercaron a la inauguración. FOTO: Gaspar Francés
"(...) Cuando Manolo Sierra pinta sus pájaros, no lo hace para hablar de la futilidad de la vida; ni para dejar constancia de cómo son los pájaros reales; ni tratando de hacer de su figura un símbolo de nuestros anhelos de libertad. No, a Manolo Sierra no le interesa saber de dónde vienen, ni lo que representan, sino dar cuenta de su llegada (...)", escribió Gustavo Martín Garzo.
"Este oficio", añade Sierra, "es muy solitario, silencioso, para el que necesitas información que te traen los pájaros. Esa era una de las claves que expuso Gustavo".
Manolo Sierra ha continuado con los pájaros -en 2003 hizo una exposición titulada Estos pájaros pequeñosy en 2016, De mujeres y Pájaros- , expoleado al ver que hay partidos políticos que los eligen como su icono. "Te quitan las palabras como democracia o libertad. Las pervienten.  También quieren apropiarse de los pájaros. No podemos consentirlo. Si ellos lo usan, nosotros no podemos quedarnos quietos", afirma el artista.
"Yo traigo aquí los pájaros y la República, siempre, venga de quien venga y como venga", sostiene Sierra quien se declara como pintor heredero de la tradición flamenca: "Dentro del cuadro hay otro cuadro".
Tres de las obras expuestas. FOTO: Gaspar Francés
Tras la ventana, el color del cielo, las hojas de los árboles...: "Lo que pinto en verano nada tiene que ver con lo que hago en invierno, aunque trabajo de noche, con halógena, para salir del condicionante de la luz según la hora del día o de la estación. En mi tierra no se habla de invierno, primavera, verano e invierno.Allí solo existe tiempo bueno, tiempo malo y entretiempo".
En el interior del cuarto, una serie de objetos que son otra constante en la pintura de Sierra: tazas con restos de café, vasos de agua, libros, limones, quinqués... "Es lo que me rodea, representan la cotidianidad doméstica", según sus palabras.
En la exposición inaugurada el 14 de noviembre, además de la novedad de la graja que se ha colado en una de las láminas de la carpeta -que  puede adquirirse en la Librería Sandoval-, hay una curiosidad: El cuadro grande, con un pájaro en medio, con un fondo de agua recortada por las montañas que acaban en el pantano, fue pintado en 2007, diez años antes que los demás. El cuadro ha sido uno de los primeros en venderse.
Manolo explicando la exposición al público asistente. FOTO: Gaspar Francés
"Lo tenía una galerista, Marisol [Lorenzo Colomo]. Un día me llamó para decirme que tenía un cuadro del que yo no me acordaba. Pues de ese cuadro han salido el resto", comenta el pintor a punto de salir para Francia, a Argèles-sur-Mer, donde existió un campo de internamiento en el que el gobierno francés recluyó  a miles de refugiados que huían tras la caída de Barcelona por el golpe militar del 36.
"Cada año pinto allí un mural, siempre en espacios públicos que tienen que ver con la educación, con el objetivo de que no se pierda la memoria de esas mujeres, muchas de ellas embarazadas, que vieron nacer a sus hijos entre la verja y el mar. Me llaman y me reúno con los nietos y biznietos de esas mujeres. Es un homenaje a mujeres como Elisabeth Eldenbez y siempre insistiendo en el plano didáctico a través de elementos plásticos", manifiesta Manolo Sierra.
 Mientras Manolo regresa, tras una parada en Colliure para visitar la tumba de Antonio Machado, los pájaros tricolor continuarán su vuelo en las paredes de Puerte Chico (calle Nicasio Pérez): "Si la gente no va a ver las exposiciones, llevo la pintura donde está la gente, en los bares", dice Manolo Sierra.
Seis cuadros de la exposición. FOTO: Gaspar Francés

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