José Luis Cancho, en el Ateno Republicano, durante la presentación de
José Luis Cancho, en el Ateno Republicano, durante la presentación de "Los refugios de la memoria". Foto: Gaspar Francés

José Luis Cancho (Valladolid, 1952) presentó ayer en Valladolid, en un abarrotado Ateneo Republicano, su autobiografía “Los refugios de la memoria” (papelesmínimos ediciones), un trabajo “entre la nostalgia y la utopía” que “indaga en la memoria” del propio autor, huyendo de la concatenación de anécdotas.

El periodista Fernando Valiño inició la presentación del nuevo trabajo de Cancho poniendo sobre la mesa cuatro nombres: José Antonio Benayas Junquera, Cipriano Belver Azcona, Manuel Arribas Díaz y Manuel Gallego, los cuatro policías “torturadores aprendices de Billy el Niño” que el 18 de enero de 1974 arrojaron a Cancho desde una ventada del tercer piso de la Comisaría de Felipe II, tras haber sido brutalmente torturado. Los cuatro fueron procesados, pero no llegaron a ser juzgados gracias a la amnistía del 77.

“Me tiraron porque pensaban que me habían matado. Pero lo curioso fue que no solo no me habían matado, sino que tampoco me mataron cuando me tiraron” declaró años después a la prensa Cancho, que por culpa de aquellas torturas “estuvo una semana inconsciente, seis meses más sin poderse mover de la cama, un año más caminando con muletas y dos años en prisión por su militancia en la Joven Guardia Roja y el Partido Comunista de España (Internacional)”.

Público asistente a la presentación del último libro de José Luis Cancho. Foto: Gaspar Francés
Público asistente a la presentación del último libro de José Luis Cancho. Foto: Gaspar Francés

En “Los refugios de la memoria”, según indicó Valiño, “no cabe la fantasía. Él es el protagonista, desnudo, sin atrezzos. Utilizando su propia vida como materia narrativa. Un espléndido libro que rezuma autenticidad y cierta tristeza”, apuntó el periodista antes de contraponer el “ajuste de cuentas” de Cancho con el pasado al realizado por “el también ex camarada Andrés Trapiello” en su obra “El buque fantasma”, en la que “ridiculizó su militancia”, hecho que “le sirvió para que se le abrieran las puertas a cenáculos intelectualoides de Madrid y los pesebres de Prisa y acabar siendo candidato al Senado en diciembre de 2015 por UPyD en Madrid”.

“Todo lo contrario que la trayectoria del ‘imprescindible’ Cancho, que renunció a ser héroe o víctima”, dijo.

José Luis Cancho y Fernando Valiño, ayer en el Ateneo Republicano. Foto: Gaspar Francés
José Luis Cancho y Fernando Valiño, ayer en el Ateneo Republicano. Foto: Gaspar Francés

Cancho, sin embargo, inició su intervención reconociendo que no se considera, ni mucho menos, “una persona ejemplar”, colgándose el calificativo de “desertor” para poder explicar que “la renuncia” (a su activismo frenético, a su plaza de profesor…) forma parte de su vida. “Mi propósito, en definitiva, es ahondar en ese yo secreto al que de tanto ocultar ni a mí mismo me resulta fácil acceder, en parte porque a estas alturas de la vida creo haberlo perdido”, reconoce el autor en las primeras páginas de su autobiografía.

A la hora de escribir este último trabajo, Cancho apuntó que “pensó en los ciclos esenciales” de su vida, más con el objetivo de “indagar en su memoria” que con el ánimo de “recopilar anécdotas una tras otra”. “Me reconcilio con mi propia vida” y “saldo una deuda con viejos camaradas”, comentó Cancho, que confesó que a la hora de enfrentarse al primer folio en blanco, dudó si incluir los nombres de aquellos con los que compartió alguna etapa de su vida. Finalmente, su autobiografía incluye, al menos, los de cuatro policías, algunos autores y los amigos con los que salda una deuda y ayer le acompañaron en la presentación en Valladolid de “Los refugios de la memoria”, un libro “que se lee de un tirón y deja un regusto que te provoca su relectura”.


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