Miguel Ángel Galguera ayer durante la presentación del libro. FOTO: Gaspar Francés
Miguel Ángel Galguera ayer durante la presentación del libro. FOTO: Gaspar Francés

Miguel Ángel Galguera presentó su última novela 'El motín del pan' acompañado por el historiador Celso Almuiña.  Autor y presentador coincidieron en afimar que "no se trata de una novela histórica, es una historia novelada que es algo muy distinto". Igualmente coincidieron en señalar el vergonzoso comportamiento de la burguesía vallisoletana de mediados del siglo XIX en aquellos sucesos, cuya represión se saldó con el fusilamiento de 22 hombres y 2 mujeres, que participaron en la revuelta.

Con El motín del pan, Miguel Ángel Galguera (San Roque del Acebal, Asturias, 1953) cierra su trilogía 'de Valladolid o del amargor', tras Los locos de la Costanilla (2003) y La buena moza (2010). Entre medias ha publicado Olor a piedras rotas (2015) y con anterioridad El valle invisible (2001).

Enrique Miralles dijo muy acertadamente en la presentación del acto,  celebrado el martes 19 en la Biblioteca de la Plaza de la Trinidad,  que Miguel Ángel Galguera es "un escritor con estilo propio". Sus novelas, añadió, transcurren entre Asturias y Valladolid. "El motín del pan narra la revuelta de sangre y necesidad, encabezada por mujeres y que dio origen a la leyenda tan actual de Pan y Trabajo".

El catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de la UVa y presidente del Ateneo de Valladolid, Celso Almuiña, comenzó diciendo que Galguera se equivocó cuando vino a estudiar derecho a Valladolid en 1974. "Eres un filósofo y un literato, que tienes un bagaje intelectual concreto, extraordinario", dijo el profesor Almuiña, quien opinó que se trata de un autor que  "escribe muy bien, como lo demuestran sus publicaciones en últimoCero".

El presentador llamó la atención sobre la capacidad del novelista  para inventar términos: "Ladrocinio, dolorimientos, matrimoniados sin papeles oficiales, pecatrices... Es un innovador".

"Cuando se habla de novela histórica", añadió Celso Almuiña, "se pretende muchas veces dar gato por liebre. Miguel Ángel Galguera no hace novela histórica, lo que hace es una historia novelada. El 80 o 90 por ciento de lo que dice, los sucesos, los conoce muy bien, maneja fuentes.. La historia novelada es para mí más importante que la novela de historica",

Tras estas consideraciones, el historiador de la UVa analizó las causas que dieron lugar a los motínes del pan; el de Valladolid en junio de 1856. El profesor Almuiña se preguntó si se trataban de fenómenos del Antiguo Régimen o de algo nuevo. "Creo que son algo nuevo", afirmó.

Celso Almuiña calificó de 'clave' el año 1854 y el Bienio Progresista: "Hay un estallido y Valladolid apoya la sublevación de Manzanares. Es la primera ciudad que  se incorpora al progresismo, se resucita el cuerpo de la Milicia Nacional, las arcas municipales estaban a cero, se suprimen los fielatos... Además del 54 al 56 tiene lugar la Guerra de Crimea o de Sebastopol, y en el año 55 tiene lugar la primera huelga general. Las causas del motín no son tanto la escasez sino los elementos revolucionarios que vienen de fuera. Hay una organización: Valladolid, Palencia, Medina de Rioseco, Bevanente...".

"No se puede hablar", añadió el historiador, "todavía de anarquismo ni de marxismo. Pero hay unos indicios, una inquietud, una huelga general. Es la lucha de clases".

Frente a esta interpretación, planteó, ha habido otra: "Es la vieja lucha del carlismo contra el liberalismo".

"Esta división  de la sociedad vallisoletana es lo que Miguel Ángel Galguera recoge en el libro. Es la crónica anunciada de una revuelta que se convierte en lucha de clases", repitió el profesor Almuiña.

A continuación Galguera expresó, ante un auditorio lleno,  que a él le gusta hablar de literatura y más en un lugar como la Biblioteca, que según Enrique Miralles, es su segunda casa, por asiduidad en la búsqueda de obras, asistencia a las tertulias flamencas, etc.

"Aquí solo me ha faltado cantar; algún día lo haré", dejó caer Galguera.

Enrique Miralles, Celso Almuiña, Miguel Ángel Galguera y Elisa Pintado Maroto. FOTO: Gaspar Francés
Enrique Miralles, Celso Almuiña, Miguel Ángel Galguera y Elisa Pintado Maroto. FOTO: Gaspar Francés

El motín del pan fue calificada por su autor como "una novela que acaba mal. Un motín es el inicio de una revolución y una revolución es un motín que triunfa. No es una novela histórica, que yo no sé hacer, y que es otra cosa. La novela cuenta la vida de los protagonistas del motínHay personajes como sombras que aparecen y desaparecen, que son los que me gustan. Esa es la marca de la casa. De todos ellos me quedo con la Madrileña"a la que en el libro llama Generosa Petrel, 'una mujer del pueblo (...)' que vive 'en la Solana Alta' y que se dirige una mañana de un domingo al Mercado del Campillo de San Andrés , 'con el fin honesto de mercar el pan reciente para el desayuno y demás yantares de su casa' y se encontrará con que la panadera Romana Concheso 'aprovechando la escasez de pan, por su cuenta y riesgo, había aumentado unos minutos antes, así, a humo de rastrojos y de buenas a primeras, el precio de un cuarto por barra. Y un cuarto por pan de dos libras y media era un asunto serio en junio de 1856, Representaba mucho subir, sí, señoras'La Madrileña pide explicaciones:

-¿Por qué razón de Dios el pan a diecesiete cuartos, si el bando municipal dice bien claro que a doce o lo más a trece?

"A mí me interesa la vida. Los hechos históricos son el andamio sobre el que se construye la novela.  Con ella se acaba la trilogía de Valladolid o del amargor", expresó su autor, quien sostuvo que "Valladolid es una ciudad que como territorio da mucho más de sí" y lanzó una recomendación: "Deberíamos querer más a esta ciudad. Lo dice uno que no nació aquí", al tiempo que dejó caer otra sugerencia: "Me gustaría que el Premio Literario que lleva el nombre de Valladolid primara a las historias, no digo a los autores, de Valladolid".

[El motín del pan fue escrita entre 2006-2007 y presentada al Premio de Novela Ateneo Ciudad de Valladolid. No fue premiada y hasta ahora no había visto la luz. Ha sido editada (100 ejemplares) por IG La Libre Ediciones], y su precio es de 6 euros. Su representante, Elisa Pintado, en el acto explicó la corta vida del proyecto que nace modestamente con un objetivo calro: "Hacer libros asequibles". También expresó su satisfacción por poder editar El motín del pan. "Un tema que desconocía, a pesar de haber estudiado historia, y que nada tiene que ver con la Castilla pasiva de la que tanto se habla, y, además, protagonizado por mujeres".

El motín del pan ha empezado a reivindicarse por parte de  organizaciones de izquierda, con manifestaciones, coincidiendo con su aniversario; canciones como la de Guille Jové del mismo título o edición de láminas y camisetas por colectivos como Moscas de Compañía. Galguera habló ayer de un documento inédito de Teléforo Medrano...].

El papel de la 'burguesía harinera'

Miguel Ángel Galguera criticó el comportamiento "egoista de los harineros por su afán de acaparar trigo el 22 de junio del 56. La burguesía harinera tuvo un comportamiento vergonzoso", manifesto el escritor. A sus palabras se sumó el historiador Almuiña que se atribuyó el haber acuñado el término "burguesía harinera", y cuyos nombres, como los del resto de los personajes, han sido modificados. 

"Semprún en la novela es Semprón; no quiero faltar. Somos los biznietos y biznietas...", puntualizó Galguera.

Y es que detrás del término la 'burguesía harinera' han estado -y sus herederos lo siguen estando- las grandes familias que en Valladolid han controlado no solo las fábricas de harina sino la industria cerámica, la electricidad, el transporte, El Norte de Castilla...

Celso Almuiña y Miguel Ángel Galguera comentaron que la mayoría de los fusilamientos con los que se aplacó el motín se realizaron, en presencia de los propietarios, ante las fachadas de las fábricas de harina que habían sido quemadas.

"Decir que El motín del pan fue cosa de mujeres es una verdad a medias", dijo Galguera, sin embargo, para despejar cualquier asomo de duda dedica la novela a: 'A la memoria de Dorotea Santos González, la Cascaja, obrera de Palencia que,con tan sólo 19 años, vivió el motín y no pudo contarlo'.

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