Exposición de Luna Arboleda en La Fontanería. FOTO: Jorge Ovelleiro
Exposición de Luna Arboleda en La Fontanería. FOTO: Jorge Ovelleiro

Inaugurar una exposición no tiene por qué ser un acto ni solemne ni estirado, puede convertirse en algo alegre y participativo. Así lo ha querido Luna Arboleda que, además de un curioso picoteo formado por galletas, tomates y frutos secos, ha convidado al público a una sesión creativa en La Fontanería, lugar de la muestra, relacionada con el motivo de la obra: la belleza que se encuentra en la imperfección. Sus estilo además rompe con las muestras de fotografía tradicionales, interviniendo sobre las piezas impresas.

Sara Arboleda, o Luna, como se hace llamar, llegó a Valladolid hace años desde su Medellín natal. Aquí comenzó su trabajo artístico tras un taller sobre arteterapia y creatividad impartido por Vanesa Calzada, impulsora de La Fontanería, y Alma Aguado. Desde entonces ha expuesto en numerosos bares del centro de la ciudad, especializándose en la fotografía, aunque de una forma muy particular: “Estoy jugando a hacer todo lo que me dicen que no haga mis profesores, encuadres descompensados, tomas de cara al sol, halos de luz, desenfoques, ruido, distorsión”, explica Luna.

Momento de la dinámica creativa durante la inauguración. FOTO: Jorge Ovelleiro
Momento de la dinámica creativa durante la inauguración. FOTO: Jorge Ovelleiro

Según reflexiona, se encuentra en un momento de ruptura, de cambio, impulsada en lo personal por su apertura a otra músicas u otras formas de edición de vídeo, referenciando a la productora madrileña Craneo Media o la artista argentina Nathy Peluso, lo que de alguna manera ha derivado en esta forma de replantearse su propia muestra. “Me apetecía mucho exponer pero no quiero que sea lo típico y lo mismo”, por lo que tomó las fotos que iban a mostrarse e intervino sobre ellas para aportarle una vuelta más al contenido y la forma de su obra.

Sus fotografías retratan la belleza que alberga la imperfección, a través de retratos de mujeres en proceso de transformación y crecimiento, todas jovencísimas como ella. Una vez impresas, y casi sin procesado, ha jugado a realizar una edición manual, rallando, manchando las imágenes de manera amable o agresiva, dejándose llevar por impulsos más sentimentales que racionales. También ha roto con la distribución perfeccionista de las obras por paredes de la sala, dejando que cada foto cuelgue a su aire sin paralelismos ni simetrías.

“La belleza femenina no es lo que vemos en las revistas”, explica como trasfondo de su exposición, “todos los mensajes que vemos en las revistas para mujeres me duelen muchísimo, es todo eliminar la flacidez, adelgazar, y eso no es real, lo que es real es lo que vemos sin meternos en el gimnasio”. Tanto ha apelado a lo emocional que, en torno a esta idea, su propia intervención sobre las fotografías ha hecho aflorar aspectos personales más allá de lo racional: “Me han salido muchas cosas que tenía metidas y no sabía que me estaban haciendo daño”.

Si bien recalca su motivación de romper en su obra artística, la forma de inaugurar la exposición no ha sido menos, invitando al público a participar en una sesión creativa. Tras una meditación guiada, repartidos por el espacio de La Fontanería, cada asistente ha plasmado sobre papel lo que sería su propio ideal personal, utilizando para ello diferentes técnicas de pintura o collage, según la inspiración dictara.

Una vez cumplida esta tarea, en un ambiente tan distendido como divertido, luchado contra la vergüenza y los corsés, han pasado a una forma distinta de expresion: el baile. Al son de ‘Inca Yuyo’ de Perotá Chingò, con dispar desparpajo y desinhibición, guiados por el marcado ritmo y sus evocadores versos. Como final a la dinámica de la curiosa inauguración, tras el baile, han retomado las obras que mostraban el ideal para intervenir sobre ellas y transformarlas en la imagen real.

La muestra de Luna Arboleda puede visitarse hasta el 15 de febrero en La Fontanería, el “laboratorio de creación” situado en el corazón del barrio Vadillos, en los soportales de la calle Silió.

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