Representación del viernes 4 de mayo en la Villa Romana de Almenara, del texto teatral Los últimos paganos por la compañía de Teatro Guirigai. Foto: úC
Representación del viernes 4 de mayo en la Villa Romana de Almenara, del texto teatral Los últimos paganos por la compañía de Teatro Guirigai. Foto: úC

El teatro tiene la fuerza de la vida, de la encarnación de los personajes y de la materialización de los sucesos frente al espectador. Un ritual que nos presenta como una aparición ante nuestros ojos unos hechos en los que no podemos interferir. Presenciar la puesta en escena de un relato histórico en el terreno que se plantea como el propio donde sucedieron los hechos tiene algo de ensoñación. Un reto teatral para la dirección de escena que exige saber aprovechar bien los elementos y dejar que ellos mismos arropen la acción, sin interferencias, sin perturbaciones.

Así fue la representación del viernes 4 de mayo en la Villa Romana de Almenara, del texto teatral Los últimos paganos por la compañía de Teatro Guirigai, bajo la dirección de Magda García Arenal. Una ensoñación materializada en el que se presume el propio lugar de los hechos. En el contexto del XV aniversario del Museo de las Villas Romanas Almenara, la Diputación de Valladolid programó dos funciones, el viernes 4 y el sábado 5 de mayo, de esta adaptación teatral de la novela homónima de Luis Díaz Viana que en 2010 ganó el premio Salamanca de novela. La adaptación, realizada por dramaturgo Agustín Iglesias y el propio autor de la novela, ha sido publicada por la Editorial Páramo de Valladolid.

Ambientada en Nivaria, un territorio del final del Imperio Romano en lo que luego sería Castilla, Los últimos paganos cuenta la historia de Máximo, señor de la villa que acaba de fallecer, a través de su amigo Antonio, quien visita la cripta familiar para velar el cadáver, en la noche del funeral. Es el momento de descomposición del Impero en el siglo V. En provincias alejadas como Hispania los bárbaros también invaden el territorio e imponen el cristianismo. Los señores de las villas están entre los últimos resistentes que aún sostienen todo el universo cultural y el legado romanos. Antonio ha organizado la defensa de la villa frente a los invasores. Se encuentra en la cripta con Vétula, sacerdotisa de los viejos dioses, quien le introduce en los antiguos ritos secretos, a través de pócimas y hongos que le hacen entrar en trance, para poder encontrarse con su amigo muerto.

La puesta en escena elegida por Magda García Arenal refuerza la acción en un marco privilegiado. Los sobrios juegos de luces respetan esa atmósfera que el propio espacio proporciona y las proyecciones de imágenes sobre la escena en los momentos culminantes de la acción llevan a un lugar onírico --de miedos, peligros y de encuentro con el más allá-- que explica la acción y la peripecia reforzándola. Un efecto excepcional es el del aprovechamiento del paulatino anochecer, de forma que se comienza con la luz del día y va llegando la noche, para que cuando la acción lo requiere, los actores hacen esa afirmación sin que se haya producido ningún efecto de los focos y ya se puedan introducir las previstas proyecciones mencionadas.

En la dirección de actores se ha optado por aceptar la ritualidad y la expresividad que el texto requiere, pero evitando los clichés. Magníficos momentos de Agustín Iglesias en la muestra del dolor ante el amigo muerto y del desconcierto del personaje de Antonio, con el delicado momento del trance. Y magistral ejercicio de contención de Asunción Sanz en la introducción de los ritos y en su conducción a Antonio al terreno de esos viejos ritos, así como en su transformación en Máximo en la escena final. Una transformación que se irá comprendiendo según avanza la escena.

El magisterio escénico de Guirigai, una compañía teatral de larga trayectoria, se muestra con claridad en un espectáculo cautivador. Lástima que nuestros programadores profesionales de Valladolid, públicos y privados, lleven dos o tres décadas sin traerlos y privándonos a los vallisoletanos de seguir la larga e intensa trayectoria de espectáculos de una compañía que sigue haciendo historia del teatro en España.

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