Mujer observando una de las esculturas. FOTO: Gaspar Francés
Mujer observando una de las esculturas. FOTO: Gaspar Francés

Manuel Paz, Iñacio Basallo, Paco Pestaña, Luis Borrajo, Mon Vasco, Silveiro Rivas, Manuel Ruibal, Francisco Leiro... son escultores gallegos, la mayoría nacidos en los años 50, que jugaron un papel importante en lo que se denominó Atlántica (1980), que revolucionó el arte en Galicia, junto a pintores como Antón Patiño, Menchu Lamas, Xosé Freixanes, Anxel Huete, Reimundo Patiño, Antón Lamazares, Manuel Quintana Martelo, Xesús Vázquez, Din Matamoros, Berta Caccamo, Manuel Moldes...

De todos los escultores citados, Francisco Leiro (Cambados, 1957) es el más importante de su generación y uno de los más internacionales; en 1980 se traladó a Nueva York, donde abrió taller que cerró no hace mucho, para instalarse en Madrid. En su localidad pontevedresa de nacimiento sigue dando forma a la piedra al aire libre; su padre fue 'canteiro', oficio que él aprendería.

Además, Leiro es nieto de panadera y ebanista. A los 11 años ya sabía que iba a ser escultor. Creció haciendo figuritas con la masa de pan y los restos de maderas. En su primera exposición, en la Sociedad Cultural de Cambados en 1975, las figuritas infantiles habían crecido tanto hasta convertirse en gigantes de madera o granito creados desde la abstracción de la figura y el cuerpo.

La escultura 'Afrodita' en el Patio Herrerianio. FOTO: Gaspar Francés
La escultura 'Afrodita' en el Patio Herrerianio. FOTO: Gaspar Francés

Precisamente 'Giant' se llama la exposición que desde el 14 de marzo y hasta el 1 de julio, reúne cuatro piezas: tres - 'Meat Market''Bouzas' 'Mariscador'- en la capilla del Museo Patio Herreriano y 'Afrodita', en un pasillo. El visitante se siente enano, insignificante ante la monumentalidad de las esculturas, lo que obliga a dirigir la vista hacia arriba y guardar una cierta distancia para apreciar la obra en su conjunto. Ejercicio que se repite con las creaciones de Leiro que, en algunos casos como 'El Sireno' -mezcla de hombre y pez-, realizado en acero inoxidable e instalado en la Puerta del Sol de Vigo, supera los 13 metros de altura.

Las cuatro piezas de 'Giant' son de madera (pino, chopo o cedro); dos de ellas policromadas: 'Bouzas'y 'Afrodita', esta última la más antigua (1997), formó parte de una exposición sobre los géneros que hizo en la galería Marlborough de Nueva York. "Se trata de una fantasía con zapatos que tienen tres tacones y con una gran cola de plumas que podría evocar los carnavales de Brasil o una 'drag queen' de las Islas Canarias", ha dicho el artista, que también ha trabajado el granito, mármol, hormigón, acero inoxidable, hierro forjado...

La capilla del Museo Patio Herreriano con la muestra de Leiro. FOTO: Gaspar Francés
La capilla del Museo Patio Herreriano con la muestra de Leiro. FOTO: Gaspar Francés

'Bouzas' es un homenaje a los trabajadores de los astilleros de Bouzas (Vigo), objeto de una salvaje reconversión. Impone la figura, realizada de chopo teñido de negro, que recuerda por el color del 'chapapote' de las 'Recolectoras', serie de cuatro piezas en homenaje a las solidarias de 'Nunca Mais' y a los sufridores del desastre del 'Prestige'Una característica de Leiro es trasladar a su obra la actualidad. Dar testimonio. Este año en Arco presentó 'Alepo', conjunto escultórico alusivo al dolor de la guerra

Igual de impresionante es el 'Mariscador', que se acompaña de un, igualmente, gigante 'raño',instrumento utilizado para recolectar berberechos, almejas... que completa la escultura, a la que se podría poner un único pero: ser muy estática, como la de 'Bouzas', algo que Leiro ha resuelto en posteriores creaciones, en las que la inmensidad de las formas han sido dotadas de una movilidad que las hace todavía más creíbles, de mayor fuerza.

La cuarta pieza titulada 'Meat Market' es un homenaje a los empleados del extinto mercado de la carne en Chelsea, Nueva York. Como en las anteriores, pero incluso más en este caso, requiere circular alrededor de la obra para apreciarla en toda su dimensión. En la mano izquierda un impresionante machete; la derecha sobre el hombro, cargando un cerdo abierto en canal.

Son cuatro piezas de Leiro, que como toda su obra dotadas de un estilo inconfundible.  Su origen hay que buscarlo en la escultura románica, el arte popular, la tradición policromada... muy presente en el escultor desde su infancia, influida por el mundo marinero. Para Leiro, como para Miguel Ángel, la escultura es quitarle al bloque lo que le sobra. Y Leiro lo hace a machetazos o cincelando de manera brutal hasta dar con formas voluminosas, directas e irónicas que son ya parte de la Historia del Arte.

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