Un momento del espectáculo Fronteira.
Un momento del espectáculo Fronteira.

Venía anunciada como una pequeña joya teatral, desde su estreno en mayo en la Escuela Oficial de Idiomas de Valladolid. Una breve pieza teatral en portugués, basada en un relato del magnífico narrador luso de frontera Miguel Torga (en realidad, seudónimo de Adolfo Correia da Rocha, quien tomó el nombre de Miguel de Unamuno). Y así fue y no defraudó. Ideada y coordinada por la filóloga del portugués Concha López Jambrina y dirigida por el dramaturgo y poeta cubano, afincado en Valladolid, Luis Enrique Valdés Duarte, la obra logró un gran aforo en el Teatro de Zorrilla y causó verdadera sensación.

La pieza cuenta la historia de un pueblo portugués de la frontera con España que vive del contrabando y la peripecia que se produce con la llegada de un nuevo policía de frontera dispuesto a terminar con la verdadera fuente de ingresos del pueblo: el contrabando. La aparición del amor dará un giro inesperado a la posición del policía y a la historia.

La puesta en escena opta por un escenario en negro, con eficaces juegos de luces y un vestuario de ropas negras tradicionales, donde las mujeres llevan negros pañuelos y pañoletas en la cabeza y los hombres ropajes adustos con camisas blancas. La esquemática sencillez de la caracterización de los personajes permite al espectador reconocer con claridad la colectividad rural, de modo que la elección de esta estética rotunda, bien identificable, otorga una unidad estilística que trae ecos de la del polaco Tadeusz Kantor o de los dramas de Valle-Inclán. La combinación de música y canciones con el desarrollo de la trama no deja de evocar al teatro de Bertold Brecht y su conocido efecto distanciamiento, pero en este caso sin los elementos épicos característicos del alemán, en una historia, aunque colectiva, mucho más íntima. Resultan impactantes las composiciones que se consiguen establecer con los personajes, como la rueda de comadres del pueblo en una suerte de “filandón”, todas con el huso, hilando en grupo y hablando mientras hacen su tarea. Sorprende también el buen hacer actoral, la sobriedad en la interpretación, con algunos momentos de gran dramatismo muy bien resueltos, e incluso la sonora dicción portuguesa.

En suma, una pieza breve llena de sabiduría teatral y mimo en su factura, en la que nada perturba el uso del portugués para su completa comprensión. Un magnífico y fructífero resultado de la colaboración entre Concha López Jambrina y Luis Enrique Valdés Duarte. Una deliciosa sorpresa en medio de la feria del libro.

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