Actuación de la Tábanas Cantoras en el patio de la Universidad rural del Cerrato. FOTO: Jorge Ovelleiro
Actuación de la Tábanas Cantoras en el patio de la Universidad rural del Cerrato. FOTO: Jorge Ovelleiro

La localidad palentina de Tabanera de Cerrato ha acogido un fin de semana repleto de actividades y aprendizaje, demostrando que, ante la lacra histórica de la despoblación, la vida en los pueblos es tan necesaria como posible. La tercera edición del Festival de la Tierra ha unido arte, tradición campesina y reivindicación, contando con la música y la poesía por la libertad de expresión de Guille Jové, Gustavo Duch y Tomàs de los Santos, y los conciertos de Luis Pastor, Pedro Pastor y los Locos Descalzos y El Naán, en otras actividades organizadas por la Universidad Rural del Cerrato.

En la era de los macrofestivales y la masificación, Tabanera de Cerrato ha vivido su tercer Festival de la Tierra, un encuentro de ambiente plural y amable, sustentable para el pueblo y su entorno, generando un ambiente de aprendizaje y alegría. Centrado este año en la reivindicación de la necesidad de apostar por la soberanía alimentaria, arrancó el viernes, tras una cena popular que desbordó las previsiones ante la incesante llegada de visitantes, con un recital por la libertad de expresión bajo el lema ‘No callaremos - No callarem’.

De la mano del poeta catalán Gustavo Duch y los cantautores Guille Jové, vallisoletano, y Tomàs de los Santos, valenciano, en el salón del baile de la Uni Rural, ante una tenue luz y un publico tan embelesado como alegre, brotaron los versos y las canciones. Unas en castellano, otras en catalán, recorrieron desde Tabanera las luchas y vivencias de personas de todo el mundo que siguen peleando por la tierra y la dignidad, ahondando en la soberanía alimentaria y la libertad de expresión, denunciando la situación de los presos políticos catalanes que siguen en prisión, dispersados, por sus acciones en pos del derecho a decidir. Como sorpresa final, Guille Jové invitó al escenario a Pedro Pastor para volver a cantar a duo ‘Dulce despertar’, como ya hicieran hace años en sus diversos encuentros en Valladolid.

El programa de bienvenida terminaba ahí, pero las Tábanas Cantoras, grupo de mujeres que quedan durante el año para tocar, compartir y aprender canciones, tomaron las riendas de la fiesta en el patio al calor de la hoguera. Demostrando que la música no son dones, sino voluntad, conquistaron al público que aplaudía y pedía más, mientras ellas, entre panderos y panderetas, ofrecieron un divertido recital que culminó sacando al público a bailar la botella. Tras esto, la noche quiso alargarse al calor de la lumbre en el patio o de las canciones en el salón del baile.

En la mañana del sábado, tuvo lugar una mesa redonda analizando el papel de la cultura como altavoz de la cultura campesina, máxima en la que se basa este Festival de la Tierra, siguiendo con un vermú musical a modo de micro abierto en la puerta de la Uni Rural. Ya durante la tarde, mientras una parte se refrescaba y seguía cantando en la piscina natural de Tabanera, dos actividades se desarrollaron en paralelo, haciendo incluso varios turnos ante el interés del público por ambas. En la sede de la universidad se proyectó el documental ‘Tangasogó’ de Agustí Corominas, seguido de un espacio de debate, mientras que en la jaima, que durante la noche daba cobijo a los foráneos, tuvo lugar el recital ‘De cuerpo y tierra: una cartografía’ de la poeta galega Lara Dopazo Ruibal, que recogió aplausos, sonrisas y emoción de un público embelesado. Los juegos populares, como la tuta -también conocida como tanga o tanguilla-, los bolos o la rana, y el taller de germinados impartido por Alipio Muñiz, precedieron a la cena popular mientras el pueblo y la uni seguían llenándose de visitantes.

El plato fuerte del encuentro era la música del sábado, con una introducción de excepción, el pregón que corrió a cargo de Uxi Delgado y Jeromo Aguado. Un pregón lejos del soporífero autobombo y anecdotario habitual, siendo una reivindicación de la tradición, de los saberes populares, de la lucha por la tierra y de las mujeres campesinas. No solo en Castilla, sino también en América por los pueblos ancestrales latinoamericanos y su cultura del buen vivir en armonía con el entorno, bajo la amenaza constante de las transnacionales en forma de represas, expolio y monocultivos, poniendo en jaque las economías sostenibles y de subsistencia: “Luchamos por que la comida sea un derecho humano y no se convierta en una mercancía”, reclamó Uxi.

Una lucha internacionalista por la riqueza natural y la hermandad de los pueblos, siendo la Universidad Rural del Cerrato un ejemplo de ello, ya que provenientes de su pueblo hermano Amayuelas y apoyando en la organización del festival, vinieron numerosos africanos que, repletos de cicatrices e historias desgarradoras, lograron saltar las vallas de la frontera sur y cruzar el Mediterráneo. Ahora han sido acogidos en una zona que necesita gente para revivir y desarrollarse, dándose así una oportunidad mutua para la esperanza y el futuro.

Jeromo Aguado y Uxi Delgado durante el pregón. FOTO: Jorge Ovelleiro
Jeromo Aguado y Uxi Delgado durante el pregón. FOTO: Jorge Ovelleiro

Si el pregón fue emotivo, recopilando aplausos y reconocimiento, la aparición de Luis Pastor en el escenario rememorando en verso su pasado y recuerdos del campo extremeño, subió un grado más la emotividad y la alegría. Guarnecido en el escenario por Lourdes Guerra en los coros y Pedro Pastor a la guitarra, a quienes se fueron sumando los Locos Descalzos, hicieron las delicias de un público local que vivió como un sueño hecho realidad la poesía y canciones de Luis junto a la iglesia de su pueblo. Recién recuperado de una afección ocular, eufórico, se despidió con un fragmento de sus memorias en verso, culminando a petición del público con su aclamado poema ‘Qué fue de los cantautores’.

En un ambiente tan mágico como helador por el clima nocturno de la meseta, bajo un techo de estrellas, Pedro Pastor y los Locos Descalzos -Nico Martos al bajo, Álvaro Escudero a la guitarra eléctrica y Alan Denis a las percusiones- ofrecieron un soberbio concierto en el que desgranaron varios de sus temas ya conocidos además de presentar algunas de las composiciones que conformarán su próximo disco, que anunciaron grabarán en breve de la mano del músico y productor burgalés Diego Galaz. Viajando de la más profunda emotividad, cargada de reflexiones sobre la deconstrucción personal de las identidades socialmente impuestas, a los ritmos latinos que adoptaron en su último trabajo ‘Sololuna’, demostraron que la senda que con él abrieron era solo el primer paso de una carrera que hace tiempo dejó de ser promesa de futuro para convertirse en un halagüeño referente de la fusión y la canción de autor.

Literalmente en la puerta de su casa, El Naán subió al fin al escenario, en una noche que parecía no tenía fin, ni nadie quería que llegara. La banda afincada en Tabanera define su música como afroibérica, siendo una acompasada amalgama de sonidos y tradiciones, desde la senegalesa región de Kolda al Cerrato, tirando en parte de sus propios textos, firmados por Héctro Castrillejo y Carlos Herrero, y de los recopilados por el maestro folclorista Agapito Marazuela. Con estos mimbres han dado forma a un trabajo titulado ‘La Danza de las Semillas’ que está llamado a ser una imperdible referencia de la fusión tradicional transfronteriza.

En un espectáculo que hizo de la plaza una pista de baile, sin electrolatinos ni bisbales, destacó el arte de María Alba y su destreza al pandero cuadrado o la pandereta, entre otras percusiones, además de su voz. Un concierto sin remilgos ni clichés, contando con la colaboración de Pedro Pastor para uno de los temas, y la espontánea aparición de Luis Pastor, despojándose de su manta para soportar el frío, ante la euforia de un público que no dejó de cantar, bailar y aplaudir hasta el último compás.

La mañana del domingo, tras una intensa noche de música y emoción, fue para recorrer las calles y caminos de Tabanera con un paseo etnobotánico conociendo las propiedades y características de las plantas que lo habitan, de la mano de Vanesa León y Ana Merino, para terminar con una comida popular en la zona de las bodegas, con más música y la aparición de los Cabezudos.

Apurando hasta el último momento, cuando la programación ya había acabado, el ambiente no parecía demostrarlo, ya que a las puertas del teleclub seguían sonando palmas, panderetas y dulzainas, demostrando que la alegría y la cultura residen en esa tierra denostada y pretendidamente vaciada por las autoridades político-económicas, pero que como gato panza arriba resiste y se reinventa, negándose a renunciar a sus ancestrales saberes.

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