Rozalén durante su actuación en la Plaza Mayor de Valladolid. FOTO: Gaspar Francés
Rozalén durante su actuación en la Plaza Mayor de Valladolid. FOTO: Gaspar Francés

Rozalén ha hecho de la autenticidad su bandera, dejando su impronta en una Plaza Mayor de Valladolid llena con un concierto que aunó emotividad, reivindicación y diversión, con su cara más brava y luchadora conviviendo con la ternura que contagia. Compartiendo la felicidad que sentía al ver “tanta gente delante”, los gritos de sus fans la aclamaban mientras el inicio del espectáculo se retrasaba por problemas técnicos, recordó su primer concierto en la ciudad con poco más de medio centenar de personas como público.

Aquella primera visita de Rozalén a Valladolid, que hoy se recuerda con cierta nostalgia, fue uno de los episodios más tristes para la cultura local. Su actuación en el Café Teatro del 15 de febrero de 2013 fue interrumpida por la policía que entró en el local y paró el concierto. No solo éste, sino que marcó el inicio de la prohibición de la música en vivo en Valladolid, sumándose a las redada policiales sufridas por Cañoneros en el Tío Molonio o el ‘Cabaret Fin del Mundo’ en el Beluga, generándose una problemática que aun colea y escuece en buena parte de la escena local y la hostelería.

Más allá de tristes episodios pasados, en aquel concierto el público estaba formado por poco más de medio centenar de personas, lo que contrasta con las 20.000 de anoche en la Plaza Mayor de Valladolid durante su actuación en estas fiestas: “Es flipante ver tanta gente delante”, reconocía la artistas emocionada. Con la primera canción dejó claras sus intenciones, enarbolando la bandera feminista con ‘La puerta violeta’ reivindicando “un mundo entre iguales”, discurso presente de forma transversal en muchas de sus composiciones. No en vano forma parte de Arte Muhé, un proyecto que comparte con otras mujeres artistas como Eva Sierra, La Mare, Jhana o La Otra para reivindicar el merecido espacio de éstas en la música y los escenarios.

Su espectáculo es un derroche de amor propio y complicidad con sus compañeros de banda, en especial con Beatriz Romero, intérprete de lengua de signos que desde hace años la acompaña para que sus composiciones lleguen también a las personas sordas. Además de la romántica sensibilidad y cercanía que transmite en sus canciones, las historias de su pueblo y su familia sirven de pretexto para abordar diversos temas. Como la historia de Miguel, cantada en ‘El Hijo de la Abuela’, huido de Euskadi por sus ideales independentistas al que acogió en su casa. O la historia de Justo, el único que no volvió de los que se llevaron al frente en su pueblo, Letur, en la albaceteña sierra del Segura: “He crecido en una familia con esta historia de dolor”, reconoció Rozalén, “era nuestro desaparecido de la Guerra Civil española”. No obstante, compartió su alegría ya que recientemente ha podido dar con la fosa común donde estaban sus restos y “después de casi 80 años he podido llamar a mi abuela y decirle se dónde puedes llevar una flor a tu hermano”, deseando que esto se repita con el resto de víctimas: “No es cuestión política, es más humana”, sentenció, acabando la canción visiblemente emocionada.

Recordó también la historia de su padre, que fue sacerdote durante diez años hasta que se enamoró de su madre, teniendo que llevar su relación en secreto, otro tabú familiar y social al que con su música ha dado voz en ‘Amor prohibido’. Aunque la intensidad de los temas contrasta con lo alegre de los ritmos que los acompañan, avisó de que en adelante tocaba “todo cachondeo, ahora solo bailar”, no sin antes darse el gusto de cantar a guitarra y voz ‘La llorona’, el clásico popularizado por Chavela Vargas, junto a Beatriz interpretando cada verso con sus gestos.

En un derroche rítmico de la banda que la acompaña, enfilaron la recta final del espectáculo a base de chacarera, cumbia, ska o reggae con ‘Somos’, ‘Bajar del mundo’, la aclamada ‘Saltan chispas’ o ‘Comiéndote a besos’. Así, entre coplera y flamenca con alma mestiza, enfilaron los bises cerrando el espectáculo con el sentimentalismo de ‘Vuelves’ contrastando con la bailable y entusiasta ‘Girasoles’, introducida por el discurso del expresidente uruguayo Pepe Mujica. Ya en el frente del escenario, sin instrumentos y al ritmo del drum & bass de ‘Respect’, entre bailes dio por enésima vez gracias a un público entregado y presentó a los integrantes de la banda, despidiéndose con un: “Cuídense, cuiden de quien tengan cerca”.

Compártelo, apoya el proyecto

ÚltimoCero | Hazte cómplice HAZTE CÓMPLICE

No hay comentarios