Campo de concentración franquista.
Campo de concentración franquista.

Mañana lunes 24, a las 19,30 horas, y en la sede del Ateneo Republicano, los directores Dietmar Post (que estará presente) y Lucía Palacios, estrenan en Valladolid su documental basado en el proceso judicial abierto en Argentina contra los responsables de los crímenes contra la humanidad llevados a cabo durante la dictadura franquista.

Una pregunta sobrevuela el nuevo documental de Lucía Palacios y Dietmar Post, el tercero del dúo alrededor del franquismo, sus herencias, sus heridas, sus homenajes en el presente; y no es otra sino la de si, en algun tiempo, momento u ocasión, habrá algún juicio con todas las garantías contra el franquismo, o mejor dicho, contra los responsables vivos, y alguno en activo todavía, de los crímenes contra la humanidad perpetrados desde 1936 hasta 1976, porque el juicio al franquismo, desde el lado histórico es pacífico y unánime para el profesional. Mi respuesta, a la vista del documental, y a la vista del entorno político, y jurídico, que aún hoy se mantiene en este país alrededor de la dictadura, acompañada de paños calientes, cuando no de alabanzas expresas, desde la más absoluta de las ignorancias e irresponsabilidades del político, es un rotundo no. Las herencias del franquismo simbólico son tantas, y están tan presentes en nuestra vida diaria, como el documental, sin afán catalogador ni extensivo, apunta, al igual que los anteriores, que, en este momento parece que sólo se puede aspirar a mantener viva la denuncia, a recopilar datos, recoger testimonios y seguir enfrentando al espectador con el contrasentido de mantener monumentos en homenaje a uno solo de los bandos de la guerra civil o permitir que se rinda homenaje en un espacio público a la memoria del dictador y seguir convencidos de la normalidad de este régimen democrático, que sigue sin castigar la apología de la dictadura franquista pero se permite castigar el negacionismo del holocausto.

En apenas 100 minutos recorrer 40 años de dictadura, guerra, represión, tortura, asesinatos de estado, puede provocar en el espectador que no lo conozca la acumulación de datos olvidables, pero no hay que perder de vista que el documental es un reflejo, en imágenes, del contenido de una querella interpuesta al amparo de la denominada «justicia universal» ante los tribunales argentinos cuando el Tribunal Supremo español decidió que en España nadie debía responder por los crímenes de aquella época. La extensión y los hechos de la querella se sustentan en 40 largos años de oscurantismo, cárcel, persecución y muerte, lógico es, por tanto, que la película trate de detallar todo aquello que es digno del juicio, no de la historia, sino de los hombres de leyes. Está este espacio dedicado al comentario, y al diálogo, cinematográfico, luego las contrarazones jurídicas que pueden oponerse a aquella decisión del Supremo están fuera de lugar, al resultar ajenas a la obra de arte; algunas de ellas se apuntan, aunque no se desarrollen, a lo largo del documental, las fundamentales serían la imprescriptibilidad de los delitos contra la humanidad, naturaleza de la que participan muchos de los hechos que se van mostrando en el film, como aquellos bombardeos a población civil en la huída de Málaga, o el arrasamiento de Guernica, la matanza salvaje y cruenta de Badajoz, las ejecuciones sumarias; también sería jurídicamente suficiente la firma de convenios internacionales por España que le obligan a perseguir este tipo de delitos, y, cómo no, la discutible y muy interpretable redacción del art. 2 de la ley preconstitucional de amnistía, una ley de punto final otorgada por el poder y para proteger al poder.

Ambos directores recorren los escenarios de las matanzas, de las torturas, de las desapariciones, de las fosas (España, aún ostentando el deshonroso segundo lugar entre los países del mundo con mayor número de personas desaparecidas por represalias políticas), escuchan a los familiares de las víctimas, señalan con la cámara el lugar en el que se encuentran los restos enterrados del mismo modo que el antropólogo recoge piedras de las fosas como recuerdo imborrable del horror, obtienen algún testimonio de los escasos supervivientes (el más notable el de Nicolás Sánchez Albornoz), visitan a alguno de los adeptos al régimen, como el exministro Utrera Molina, o a la hija del general Yagüe, incapaz de reconocer el lado oscuro y criminal de un padre ejemplar. Se apoyan en los científicos que a través de asociaciones y ONG,s han ido solventando el vacío oficial a la hora de abrir fosas desde aquella primera apertura con rigor científico llevada a cabo en Prioranza del Bierzo en el año 2000, nos recuerdan que el 17 de octubre de 2008 pareció llegar una normalidad institucional y judicial cuando se admitió a trámite una querella en la Audiencia Nacional contra más de 30 altos cargos franquistas, un procedimiento que generó una contrarreforma que terminó con el juez instructor sentado en el banquillo donde deberían encontrarse alguno de los pocos verdugos supervivientes y el cierre definitivo del proceso presente y futuro en España, aunque algún juez continue asumiendo la obligación de las exhumaciones como reparación a las víctimas sin mayor recorrido procesal.

La película se construye como un relato cronológico que va desgranando la propia naturaleza de una dictadura represiva y exterminadora del rival político, una dictadura de innecesaria explicación respecto a los afectos y apoyos internos, pero que revela las relaciones de amistad internacionales fraguadas no sólo con los regímenes similares de la Europa bélica, sino después de la segunda guerra mundial y que, como dice uno de los intervinientes, supusieron la verdadera derrota definitiva de la guerra civil. Loas y condecoraciones de la Alemania democrática al régimen español, abrazos y ayuda norteamericana al fiel aliado que evitó otro estado comunista en Europa, nula voluntad de las democracias occidentales para derrocar al dictador y la más de las absolutas soledades de los opuestos al régimen mientras daban, una y otra vez, con sus huesos en la cárcel, si no en una fosa. De los campos de internamiento españoles (185) a los campos de exterminio nazis pasando por los campos franceses; los republicanos españoles sufrieron una triple persecución en apenas 9 años, la interna, la del país que no los quería acoger, y la del régimen nazi que continuó la labor extermindora de Franco sin que el gobierno español moviera un dedo por sus nacionales. No es de extrañar que los opuestos al régimen y los que tenían familiares ejecutados optaran, en su mayoría por el silencio del miedo, un silencio, una renuencia a contar que estaba más presente en la anterior «Los colonos del Caudillo».

Especialmente hiriente es el episodio del juicio de Nuremberg donde altos mandos de la Alemania nazi respondieron como criminales de guerra, por ejemplo, por el bombardeo de Guernica (uno de los mejores momentos de la película por su exclusividad al tratar este aspecto) mientras el país que sufrió el bombardeo sigue siendo incapaz, y lo será para siempre, de juzgar a los necesarios cooperadores españoles. En definitiva «La causa contra Franco» es un capítulo más de una notable serie de documentales que, desde diferentes puntos de vista, se ocupan en los últimos años de dar voz al ignorado, presentar hechos incontestables frente a los que no es necesario mantener neutralidad alguna, plantear preguntas de dificil respuesta acerca de cómo es posible que, a día de hoy, persista la defensa ciudadana de tanto horror y crimen. Sólo por esa necesaria recogida de material histórico la película es necesaria, aunque siga removiendo la permanencia del dolor de quien no puede esperar que se haga justicia contra lo evidente e históricamente contrastado.

LA CAUSA CONTRA FRANCO. FRANCO ON TRIAL: THE SPANISH NUREMBERG?. España-Alemania. 2018. Producción: Playloud en asociación con ARTE & WDR. Escrita y dirigida: DIETMAR POST & LUCÍA PALACIOS. Productor: DIETMAR POST. Edición: KARL-W. HUELSENBECK & GERTRUDIS HANTSCHNK. Consultor histórico: FRANCISCO ESPINOSA. Asistente de producción: LAURA MARISELA MARTÍNEZ. Mezclas: ALEXANDER GOEHRKE – REKORDER. Corrección de color: DANIEL STÜBNER. 100 minutos.

 


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