Rodolfo Otero, acompañado por Pedro Sanz. Foto: Pablo Gestoso
Rodolfo Otero, acompañado por Pedro Sanz. Foto: Pablo Gestoso

Fallecía el pasado sábado, Rodolfo Otero, bailaor, bailarín, maestro de baile, a los 86 años de edad, en su Valladolid, donde encontró su amor total, incondicional por el flamenco y su baile. Por la danza, en general, pues conoció y practicó la danza clásica, la folklórica, y admiraba a todo aquel y toda aquella que hiciera del baile su vida, ya fuera este moderno, clásico, contemporáneo, de esta o aquella música.

Hasta su fallecimiento ha sido, “la personalidad más importante del flamenco y la danza española en Valladolid, que a fuerza de tesón, de lucha consiguió llegar a ser primer bailarín de uno de los grandes del baile flamenco y el ballet español, Antonio Ruiz Soler, Antonio el Bailarín”.

Fueron palabras dichas por Pedro Sanz, director de las Jornadas Flamencas ‘Ciudad de Valladolid’, artífice del reconocimiento brindado a Rodolfo Otero en el territorio del arte que fue el suyo por propia elección y afinidad, el flamenco, y a través de él eligió el baile como medio de expresar todo lo que sentía, aspiraba, le colmaba.

Le acompañaron ese día, además de Sanz, Blanca del Rey, gran dama del baile flamenco, José María Vázquez Gaztelu, ejemplo de buen aficionado que ha contribuido como pocos a la difusión de este arte, desde que dirigiera la mítica serie de televisión, ‘Rito y Geografía del Cante’.

Con aquel reconocimiento se saldaba una deuda con Rodolfo Otero y el saldaba sus cuentas pendientes con Valladolid. De todo esto da cuenta el libro, ‘Rodolfo Otero: Amor por la danza’, una biografía contada con sus propias palabras y transcrita por quien esto escribe (Creo que conviene decir, que el día antes de su fallecimiento a causa de un ictus cerebral, su mujer, Puri, y demás familiares recibieron una carta del alcalde de Valladolid, Óscar Puente, donde les trasladaba “mi afecto” y hacía votos por la recuperación del bailarín Rodolfo Otero, quien “ha llevado a gala y con orgullo el nombre de Valladolid por los escenarios de todo el mundo, a los que le han conducido su valía profesional en su larga trayectoria artística”).

En aquellas Jornadas Flamencas de hace dos años, se hizo una segunda presentación del libro y para que fuera diferente a la primera se llamó al activista librero Enrique Señorans, de la librería A Pie de Página, y al escritor Miguel Ángel Galguera (uno de los elementos clave en la publicación del libro, al facilitar el contacto con Julio Martínez, responsable de la editorial Fuente de la Fama). Los dos buenos amantes del flamenco.

En su intervención Señorans rescató una serie de párrafos del libro dichos por el bailaor, “que me parecen fundamentales para entender a Rodolfo”:

“El flamenco no es de España, ni de Andalucía, es un arte. Que se tiene o no se tiene. Y en ello va el temperamento que cada uno pueda tener y el conocimiento que uno pueda tener. Conjuntado sale todo eso que se llama flamenco”.

“Tienes que bailar con el alma, si no, no hay flamenco, ni nada de nada. Tiene que salir de las tripas”.

“Lo primero que tiene que tener un bailaor es lo que dicen los gitanos: amor por la libertad”.

“No salen boxeadores de la clase alta, ni nadie que se exponga. Como el flamenco. Sale de la clase humillada, jodida, ese grito de libertad, de querer poder, de luchar por ello y dar el alma. Uno que tiene dinero… para qué. Ni se le pasa por la cabeza”.

“Hay mucha mala leche en Valladolid. Producto de la envidia. Producto del clima, producto de una sociología muy ramplona, no es una ciudad espléndida en gestos, en abundancia de afectos”.

La intervención de Galguera fue, por utilizar términos flamencos, una mezcla de cante libre y a compás. Habló del baile, “que yo entiendo poco, pero cuando vi al Farruco hacer aquello de la soleá, sientes una cosa como por dentro, ¡joder qué está haciendo este hombre!”; habló de que “el flamenco es una arte imperfecto; si usted quiere perfección ahí está Montserrat Caballé, con todos los respetos. Que lo hace perfectamente bien… El flamenco es un arte de genios, de genios oscuros como Rodolfo”, o Manolito de María, quien “ya anciano, el pobre, andaba por una finca esquilando ovejas” fue encontrado por Caballero Bonald y el resto es historia del flamenco. Y citó una frase del libro, “que a mí me pone los pelos como escarpias: El flamenco, dice Rodolfo, es una rebelión del hombre contra su propio destino”.

A continuación, para cerrar el acto, Rodolfo dijo las siguientes palabras: “Yo no soy una persona muy dada a la grandilocuencia. Me encanta la gente que tiene cultura, me encantan los poetas, los literatos, los escritores; me encanta lo que yo haga si lo hago bien, si lo hago mal me detesto. Porque lo más precioso que puede haber en esta vida es estar conforme con uno mismo, sabiendo que lo que hace es de verdad y que no engaña a nadie. Que es muy difícil, porque a la mayoría de la gente le gusta engañar, aparentar, ser… y el que es de verdad no hace falta que lo diga, se le ve.”

Adiós maestro, seguimos bailando.

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