José Manuel de la Huerga, pregonero de la 1ª Feria del Libro de Tudela de Duero. FOTO: Gaspar Francés
José Manuel de la Huerga, posa con una de sus novelas junto a la iglesia de su barrio en Valladolid, La Pilarica. FOTO: Gaspar Francés

Esta madrugada ha fallecido a los 51 años de edad, José Manuel de la Huerga, escritor nacido en Audanzas del Valle en León, pero afincado en Valladolid desde su infancia, que consiguió, entre otros reconocimientos, el Premio de la Crítica de Castilla y León en 2017 con su novela Pasos en la piedra.

De la Huerga, que fue colaborador de últimoCero donde llegó a tener abierto un blog titulado La garza gris, estudió Filología hispánica en la Universidad de Valladolid y en la actualidad era profesor de Lengua y Literatura en un Instituto de Educación Secundaria en Tudela de Duero.

Comenzó a escribir desde muy joven, y en 1985, con dieciocho años, publicó su primer libro de poemas, Salmos de amor y de batalla, ganador del I Premio Internacional “Juventud” de Poesía.

En 1992 se alzó con el Premio Letras Jóvenes de Castilla y León por su relato largo "Conjúrote, triste Plutón". Su primera novela fue Este cuaderno azul, en 1998, con la que obtuvo el Premio de Novela Corta Ciudad de Móstoles.

Pasos en la piedra, su última novela, (Menoscuarto, 2016), ambientada en abril de 1977, durante la celebración de la Semana Santa de una ciudad imaginaria que se puede sustituir por Valladolid fue reconocida con el Premio de la Crítica de Castilla y León en 2017.

La concejala de Cultura, Ana Redondo, junto a José Manuel de la Huerga
La concejala de Cultura, Ana Redondo, junto a José Manuel de la Huerga

Las reacciones a su fallecimiento no han tardado en llegar:

El director de Menoscuarto Ediciones, José Ángel Zapatero, editorial con la que publicó tres de sus obras más recientes: las novelas Apuntes de medicina interna (2011), con la que obtuvo el Premio Miguel Delibes de Narrativa; la dos novelas cortas incluidas en SolitarioS (2013) y Pasos en la piedra (2016) ha querido expresar, la gran pérdida personal» que supone el fallecimiento de José Manuel de la Huerga. «No solo era uno de los narradores españoles más valiosos y reconocidos —como lo demuestran los citados galardones y otros premios que recibió a lo largo de su trayectoria—, sino también un amigo, con quien traspasé la mera relación de un editor con sus autores, compartiendo muchos buenos ratos de tertulia, casi siempre en torno a los libros y la literatura, que eran una de sus grandes pasiones», ha señalado.

Enrique Señorans, librero y amigo, también le ha dedicado unas palabras: Me piden los amigos que escriba sobre ti. Tal día que hoy, con el silencio roto. Soy un librero humilde que defiende los libros y en ese camino estrecho nos encontramos. Iba con la mochila llena de tus libros y tú con la pasión de contar las historias y llenar los oídos de lectores y públicos no muy agradecidos. Regresábamos juntos, a veces sin convencer a nadie, ni vender ningún libro. Ahora te diría que no sé dónde vamos, te preguntaría cómo va tu novela de balleneros del norte, qué hará la playa de Torimbia en fin de año, qué será de los chicos de Tudela el curso próximo, qué peleas ahora que te ha rendido un corazón tan grande. Voy a hacer lo de siempre, tenerte sentado y quieto en las estanterías y que no coja el polvo la palabra, los libros que escribiste trabajando con sueños”.

José Manuel de la Huerga a la izquierda de la imagen junto a Marga de la Asociación de Vecinos del Barrio de la Pilarica en primer plano. FOTO: Gaspar Francés
José Manuel de la Huerga a la izquierda de la imagen junto a Marga de la Asociación de Vecinos del Barrio de la Pilarica en primer plano. FOTO: Gaspar Francés

César Sanz, editor de Difácil y amigo de José Manuel también se suma a las voces que lloran su pérdida: Esta mañana, tras enterarme del inesperado fallecimiento de José Manuel de la Huerga, he buscado entre sus versos algo que pudiera consolarme, que pudiera consolarnos, y en cada página volteada, en cada verso leído, he encontrado un motivo más de congoja. Qué grande eres, amigo. Cuánto te llevas y qué pena nos dejas. A José Manuel le conocí en el instituto: era el que ganaba los premios literarios, le traté algo en los años de la carrera, le admiré luego como autor, le aprecié como amigo y tuve la inmensa suerte de ser uno de sus editores. Hoy, ahora, que ya le estoy añorando, que estoy echando de menos su conversación y su talento, sintiendo la ausencia de esos nuevos versos y novelas que no podré tener, todavía no me consuela saber que su recuerdo pervivirá entre sus amigos, que su voz se queda entre nosotros, ni poder leer:

«Sus canciones eran de la luz y a la luz iban.

Quien las cantaba escondía el corazón bajo flores muy pequeñas.

Allí lo podía olvidar.

Lo encontraría si repetía la canción».

La ex presidenta de la Federación de asociaciones de Vecinos Antonio Machado, María José Larena, amiga personal del autor ha usado el formato de carta para su despedida:

Querido Jose Manuel:

No sabes cómo me gustaría quedar contigo en un café y que me entregaras , de nuevo, tu próximo libro.

Y andar por Valladolid, tu ciudad vivida, y charlar de tu música preferida, de libros, de la Pilarica ese barrio “con quien tanto querías”.

Oír tu risa, con esas carcajadas tan tuyas, comentando alguna anécdota cómo aquella de un ángel emisario de plicas llamado Gabriel.

Mirar a lo lejos y pensar todo lo que nos queda por delante. Todo lo que vas a escribir. Todas las luchas por ese barrio tan querido y esta ciudad tan nuestra.

Daría mucho por discutir contigo sobre talleres de escritura creativa y poesía. Y escuchar tus comentarios siempre acertados, certeros y cercanos.

Y aquí estoy …recordando mil momentos compartidos : En Junio La Esgueva, Comandos Lectores, Tertulias en grupos de lectura, cumpleaños en tu casa, carnavales en La Unión, manifestaciones en Pilarica, Día del Libro en Huerta del Rey…. Y siempre Ana y Miguel y Marina.

Y me encuentro deseando que tu vida, como si fuera uno de tus libros pudiera tener una segunda parte….. porque te has ido muy pronto compañero.

Me despido con un haiku de Borges.

Para ti escritor, amigo, compañero

"¿Es un imperio,
esa luz que se apaga,
o una luciérnaga?".

En verdad , nos hemos quedado un poco más a oscuras sin ti José Manuel.
José Manuel. Imperio de la palabra.
José Manuel.Luciérnaga.

Su compañero Eduardo Izquierdo también se suma al recuerdo del escritor: De José Manuel se están diciendo muchas cosas hermosas en la redes, a mí me gustaría dejar una semblanza que hice de uno de sus libros, "La casa del poema", junto a tres versos que él escribió en ese mismo libro: 

"¿Qué se llevan los muertos en el viaje?
¿Qué se abisma en sus ojos hacia dentro?
¿Hacia dónde cae o sube?"
Cuando pude leerlo todo casi de un tirón, el poema me dejó emocionado; pensé de inmediato en cómo habría sido el proceso escritor, y tuve claro que lo fundamental fue una idea, una idea magnífica de un lugar y un tiempo del que el autor seguramente sienta nostalgia, un tiempo que funde muchos tiempos ya pretéritos antes del imparable avance de la modernidad que tanto cambió los paisajes y a las gentes que los habitaban. Después, sólo después, con tiempo, saldrían mezclados recuerdos vividos, relatos de sus mayores, sensaciones que quedan cuando nada queda, y sobre todo la capacidad para habitar una casa vieja y dotarla de vida, mucha vida, toda la que cabe en la infancia rememorada.
Gustavo Martín Garzo, Jorge M. Molinero, José Manuel de la Huerga y Ana Redondo. Foto: Laura Fraile

También el escritor Fernando del Val, amigo de De la Huega, le dedica sus reflexiones:

Darwin

Los escritores no destacan por ser imparciales, dice Murakami. Ni falta que hace, añado yo. No se tiene un punto de vista porque sí, ni se posee una visión del mundo como si nada. Es necesaria la subjetividad. El escritor es un animal subjetivo y olvídate de los que templan gaitas. Tal visión reconcentrada no es óbice para alcanzar cierta ambigüedad, siempre que la persona se la proponga y la suerte le acompañe. Un escritor verdadero –el dos por ciento de los que la sociedad contempla- ha de ser subjetivo en la medida de sus conocimientos y ambiguo en la de sus posibilidades.

El escritor, continúa Murakami, es competitivo. ¡Cómo para no! ¡Si compite contra Homero! ¡Si compite contra Proust! O más bien compite para que ellos, y gente como ellos, le hagan un hueco en la fosa. El escritor sabe que lo importante no es participar. Y que lo único que no puede –no digo no debe- permitirse, como escuché a Christina Rosenvinge hablando de la canción, es la mediocridad. Aunque al final sólo compite contra sí. Se trata de una lucha inofensiva, socialmente. Nada que ver con los arribistas. “Su carácter no suele ser apacible y pocos poseen algo digno de admiración. Sus comportamientos son extraños”. Igual un pedagogo no lo entiende, y menos en estos tiempos de lacerante corrección, pero es bueno que así sea. Apropiado. Quien escribe es persona orgullosa. Para ella, La Obra representa lo primero, lo segundo y lo tercero. Su escala de valores es de un sólo peldaño. O de dos. O de tres. No muchos más. Desconfía de un escritor que no sea vanidoso. De la Huerga lo era, claro, así mandan los cánones. Pero, aquí el desvío, también era generoso. Con los nuevos y con los viejos. Ayudando, interesado, a los primeros; y respetuoso, y admirativo, con los segundos. Podría citar varios ejemplos, pero me quedaré en el discurso que pronunció al recibir el Premio de la Crítica de Castilla y León. Igual otro -en un presente en el que nadie lee, ni siquiera los pocos a los que se les supone, y en el que la cultura y la creación son linces ibéricos-, igual otro, digo, llegaba y daba las gracias sin una línea. Igual yo. Aquel discurso dio cuenta de su catadura literario-moral. Hasta me hizo participar, sin media gana, de cuatro embolados para mí irrazonables. Así se lo dije. Palabras más, palabras menos. “No es la amistad. Es que en un mundo de pavisosos, amuermados, pusilánimes e indiferentes, hay que apoyar la ilusión, y tú tienes la tuya y la mía”. La ilusión, aprendamoslo, es el excipiente en el que van los leucocitos.

Y de lo personal a lo literario: José Manuel era, sobre todo, poeta. El libro que sorteará el curso de los años es La casa del poema. Cada autor tiene uno, por muchos que haya escrito. Éste lo tiene todo para ser así. Como nadie lee, insisto, nadie se enterará. Pero no quita para que las cosas sean como son. Y La casa del poema, publicado en 2005, raya a una altura intemporal. Él, que gastó ingentes esfuerzos, propios de un lapidario a tiempo completo, logró sin proponérselo la pieza maestra. Porque, también lo dice Murakami -o algo así-, escribir puede ser sencillo. El poeta es hablado. No soy original. Fue dicho. El poeta tiene algo de médium. Luego, la palabra ha de ser bruñida, todo lo que precise, pero la palabra es en el tiempo en la medida en que ha sido revelada.

De José Manuel hay que admirar su tenacidad en la novela, el sacrificio invertido, y la soltura en la poesía, desplegando versos como piedras labradas al primer martillazo. “Escribir una o dos novelas buenas no es tan difícil”. Lo que cuesta es mantenerse. No cejar. “Extremadamente”, también lo opina Pierre Michon. Se puede acertar por casualidad, pero no dar en el centro de la diana. Y si dos novelas no hacen a un novelista, un verso sí hace a un poeta. De la Huerga fue novelista y poeta. La selección natural sabe que nadie tiene memoria. Ni la tendrá -al menos, humana-. Pero apuntará su nombre. Y eso, sin ser nada, lo es todo. Dejó en las letrsa, y en cuantos le apreciaban, cuerpo, alma y corazón. Tanto que al final, según parece, le faltó del último un poco para él.

Joaquín Robledo, "compañero de letras y militancias", también ha escrito unas líneas:

En mi cabeza había dado vueltas la posibilidad contraria. La muerte, no la teórica sino la realmente posible, es así; de repente llama a tu puerta y te convierte en un ser egoístamente abstraído, aleladamente ensimismado. Todo se centra en uno mismo, lo hecho y lo que dejo por hacer, lo vivido, lo sentido, lo amado, lo querido… y el tiempo que perdí. El mundo se para, piensas que nada se mueve excepto tú que te vas, imaginas esa ciudad sin ti céteris páribus. Hasta que un puñetazo te saca del lamento, te devuelve a la realidad. José Manuel se ha ido, así, sin avisar. Puta vida cuando no estás, cuando obligas a recordar lo que fue el antes, a echar de menos eso mejor que pudo haber sido, a lamentar lo que ya no podrá ser…

Ahora me sabe a poco, a casi nada, y a la vez guardo como un tesoro, cada uno de esos encuentros ocasionales en los que nos buscábamos cuando coincidíamos; aquellos ratos en los que pueblo, religión, enseñanza, libros o política se adueñaban de la conversación. Momentos en los que una tímida sonrisa se arrancaba de esa cara –espejo del alma- de buena gente.

Ahora me sabe a poco, pero volveré a ti a través de tus libros. Saldré del ensimismamiento. Qué pena no haber tenido a mano unos apuntes de medicina interna para que pudieras dar más pasos en la piedra.

Violeta González Alegre, también amiga del autor:

Parece que estás delante todavía, dejando caer la mirada sobre algún verso que todavía no has escrito. La piel, apenas atardecida, se ilumina al ilusionarte, tú, por algún repentino vuelo de gorrión tardío. Tuviste que irte, bajamar y luna llena, sin tiempo para más aprovisionamiento que un puñado de arena en los bolsillos.

Llevando siempre delante su deber como escritor, más bien poeta, de ser permeable a cada viraje de la vida -capeando el temporal mientras soplaba de galerna- tiene, Jose Manuel, especial habilidad para la elección de la hoja más delicada del árbol, y además para disfrutar de su caída. El hábito del ciclo y la observación del mismo hacen de él un escritor que, incluso en novela, deja ver el verso cayendo entre las líneas. Si bien es amplia su trayectoria y prolífica su pluma, a través todas sus obras -conclusas o no, que eso siempre es irrelevante- se deja entrever el jardín marino que cultivó bajo la palabra escrita, que, partiendo de él siempre vuelve en poesía.

Es él quien se encuentra tras los versos del decimocuarto poema de Baudelaire:

“¡Hombre libre, siempre amarás el mar!

El mar es tu espejo; contemplas tu alma

En el desarrollo infinito de su oleaje,

Y tu espíritu no es un abismo menos amargo.”

Añado: Pero sí tan profundo y bello.

Tuvo que irse.

Ahora nos ha dejado aquí, pero siempre sabremos dónde buscarle.

Te vamos a echar muchísimo de menos, querido amigo.

 


 

El equipo de últimoCero se une al dolor de los familiares y amigos de José Manuel, al que siempre recordaremos por su amistad, generosidad y talento. 

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