Presentación de Tierra de Nadie, nuevo disco de Castijazz, en el LAVA. FOTO: Gaspar Francés
Presentación de Tierra de Nadie, nuevo disco de Castijazz, en el LAVA. FOTO: Gaspar Francés

La cita era especial, después de más de un año desde que comenzaran a prepararlo, con un intenso trabajo durante los últimos meses para darle forma, era el turno de presentar en directo el segundo disco de Castijazz, Tierra de Nadie. A escasas localidades de colgar el cartel de no hay billetes, Carlos Soto y su Folk Quintet mostraron en la sala Concha Velasco del LAVA el fruto de su talento y trabajo.

“Nos ha tocado ser la oveja negra del folk”, asumía Carlos durante el concierto, citando al profesor Joaquín Romano para explicar que la función de éstas era que el resto del rebaño se acostumbran a ver cosas distintas y no se asustaran, asumiendo ese papel en el panorama tradicional “para que nadie se asuste y cada uno pueda hacer lo que le venga en gana, siempre con respeto a la música”.

Esa es la bandera de esta banda, plasmada en el título de este segundo trabajo Tierra de Nadie, ser una ventana abierta a las músicas de Castilla para que corra el aire y se impregnen de otros sabores, olores, ritmos y culturas. Así viaja desde los sonidos ibéricos al este de Europa, Latinoamérica o el magreb, moviéndose también en el tiempo para recuperar sonoridades y canciones serfardíes.

Pese a ser el primer concierto tras el lanzamiento de Tierra de Nadie, gracias a una exitosa campaña de crowdfunding, la banda se conoce y se entiende, además de la experiencia y el talento, firmando un gran espectáculo no falto de sentido del humor. Carlos Soto desplegó su repertorio de vientos, desde las flautas traveseras al saxo soprano, entre otros, ejerciendo vocalista y maestro de ceremonias.

Contaron con la colaboración de la violinista Agueda Sastre, que comparte con el guitarrista de Castijazz, Carlos Martin Aires, el grupo Alicornio con el que acaban de publicar su primer trabajo, además del acordeonista Jaime Vidal, compañero también de Martín Aires en otra formación, para interpretar sus ‘Seguidillas tempranas’.

Quisieron también dar la oportunidad de debutar al grupo de percusión ibérica que lleva meses gestándose en Valladolid con el nombre de Al Calor de tu Pandero. Bajo la batuta de Adal Pumarabín, batería, una decena de panderos cuadrados, panderetas, sartenes y cedazos pusieron la base rítmica a ‘La Molinera’ y ‘El mandil de Carolina’, dos de las canciones de este nuevo disco. También María Alba, que forma parte de El Naán junto a Adal, se unió a esta banda después de haber colaborado haciendo segundas voces al inicio del concierto.

El Carlos Soto Folk Quintet lo completan César Díez al contrabajo y Rubén Villadangos al piano, dos caras conocidas de numerosas bandas dentro y fuera del folk, y María Desbordes, impulsando el proyecto junto a Soto, a la voz, whistles y percuisones.

El concierto viajó de momentos atmosféricos a las palmas y los coros del público, como con ‘Palmira’, una de las últimas canciones del concierto y de las más destacados de Tierra de Nadie que se lleva el tradicional romance de la Palmira a tierras caribeñas para quitarle la pátina de moralina original.

Tras presentar a la banda y encadenar varios bises, después de repasar también algunas canciones de su primer trabajo homónimo, se despidieron de una sala Concha Velasco repleta y de un público que entró en la Tierra de Nadie desde el primer tema.

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