Ricardo Romero, Nega. Foto: Gaspar Francés
Ricardo Romero, Nega. Foto: Gaspar Francés

Ricardo Romero estuvo ayer viernes en Valladolid para presentar, 'Llamando a las puertas del cielo' (Editorial Akal), un nuevo libro dentro de su faceta de escritor, que viene realizando en paralelo a su trayectoria como Nega, integrante del grupo Los Chikos del Maíz. Sí, habrá nuevo disco y sí, se va a llamar ‘Comanchería’: “como la película”, señala Ricardo en la Librería Sandoval momentos antes de la presentación de un libro escrito en primera persona.

-¿Libro de memorias?

-Tiene partes; iría más bien de un libro de viajes.

-¿Por qué este libro? (los anteriores entrarían en el ámbito del ensayo, lo teórico)

-Pues le he dado muchas vueltas a esa cuestión. Por un lado, me ha gustado escribir siempre. Concursos literarios en el instituto, concursos de poesía, de relatos, luego el grupo… siempre esa necesidad de comunicar. Por otro lado, una cuestión de clase. Creo que todas esas historias que cuento de mis abuelos, de mis padres si no se cuentan se olvidan para siempre, y creo que esas historias nos dan forma a nosotros como personas, como clase social, ese hilo rojo del que venimos. Llevamos toda la vida escuchando los ricos también lloran; la historia de la literatura y el cine es la historia de la clase media y la clase alta y creo que las historias de la gente de abajo deben contarse.

-Al mirar al pasado, tu pasado, habrá habido una mirada crítica.

-Claro. Hay cosas de las que reniego, cosas que al echar la vista atrás dices, madre mía cómo es posible que yo estuviera en esto, pensara así; y hay otras de las que siento orgullo. Pero bueno, creo que es un proceso bonito.

-Ahora, en cuanto a la cuestión de clase a la que hacías referencia, ¿cómo estás?

-Hombre, viendo el panorama (sonríe), más orgulloso que nunca de venir de donde vengo. El panorama es bastante terrorífico. La clase obrera, la clase trabajadora es la gran invisibilizada, a todos los niveles, no sólo en cine y en publicidad, sino en literatura, los medios de comunicación. Creo que hay que romper una lanza y reivindicarla.

- Escribir libros, ¿cómo ayuda a este combate?

-Los libros son una herramienta cargada de futuro, que decía aquel de la poesía. Pues mucho menos de lo que me gustaría. Ojalá un libro sirviera para que la gente tomara conciencia, pero creo que hay tal saturación, tal cantidad de información, unos flujos de información tan brutales que… se pierde ahí. Echar un vistazo al mundo editorial, es tal cantidad de libros que se publican, que yo ya me conformo con que se llene una librería como esta y charlemos, ya me parece una gran victoria. Estoy conociendo el mundo del libro y es muy endogámico como el mundo de la música. Veo libros que son una auténtica basura, con una promoción… creo que contra eso es muy complicado competir.

Un momento de la presentación del libro 'Llamando a las puerrtas del cielo'. Foto: Gaspar Francés
Un momento de la presentación del libro 'Llamando a las puerrtas del cielo'. Foto: Gaspar Francés

-Con la música has llegado a una mayor audiencia.

-Sí, sí. Creo que la música tiene más rendijas por las que colarse. Sobre todo con internet y la explosión de las nuevas tecnologías y todo lo que son las nuevas formas de comunicarse. La música es más directa que el libro, en ese sentido.

-¿Alguna idea de cómo arreglar eso?

-(Risas) Qué va. Bueno, las instituciones deberían jugar un papel. Pero la relación de las instituciones con la cultura es tormentosa, daría para tres o cuatro libros.

-Decía Jean-Luc Godard que no hay que hacer cine político sino hacer políticamente cine ¿tú…?

-Hombre, Godard estaba bastante equivocado. En el 68 dijo, vamos a hacer cine que no sólo aborde las cuestiones sociales o laborales sino que quiso hacer cine políticamente y se fue a las fábricas a rodar y además a dar las cámaras a los obreros. Y fue un desastre porque un obrero no sabe sacar un plano, no sabe estructurar un guión y se dio de bruces con la realidad. Luego volvió al redil con Todo va bien, ya con actores, estrellas de Hollywood, un guión, una producción en condiciones. También él dijo, no se trata de criticar Love Story, sino de hacer un Love Story con lucha de clases, y creo que ahí reside la clave, hacer un producto que seduzca, que emocione, que esté dentro de ciertos parámetros, llamémosle comerciales, pero que a su vez tenga una carga política y tenga un mensaje interesante. Pero si nos salimos tanto como pretendía Godard vamos directos al precipicio (hay otra pregunta más sobre el tema, cuya respuesta voy a saltar porque es repetir lo ya dicho –sería para debatir lo de Godard-, sólo el añadido de hablar del estado del cine y las series -Netflix, “todo horrible”; aunque recomienda Damnation. Volvemos al libro).

-Se me ha ocurrido pensar con este libro tuyo, ¿si hay un novelista en ciernes?

-Es un poco la idea. Llevo tiempo pensando en escribir narrativa. Mi idea es un libro de relatos cortos. Me gusta la línea cruda, social, de gente como Lucía Berlín o Raymond Carver, en la que los protagonistas son gente de abajo. Con el tiempo, darle una vuelta a eso.

 

-Elecciones… A ti, a Los Chicos del Maíz, se os coloca en lo político, ¿qué pasa con el tema de votar?

-Hoy mismo me he marchado de twitter porque no soportaba la tensión, la disputa entre estos, a mi juicio, ingenuos, happy flowers que creen que votando se va solucionar todo versus los que piensan que todo es una mierda, que las instituciones no sirven para nada y que cuanto peor mejor, en plan, ya veréis que cuando gobierne el tripartito este facha con Vox se avive la llama revolucionaria y entonces… Creo que ni una cosa ni la otra. No hay que hacer política yendo a votar cada cuatro años, ni lo otro. Yo creo que sí que hay que votar, yo voy a ir a votar, pero eso no es ningún cheque en blanco, ni es una forma de desentenderme, yo voto y ya he cumplido. Se puede hacer política de muchas formas. Esto es algo que siempre hemos reivindicado. Siempre se lo digo a los chavales en este tipo de charlas y reuniones, que el mundo no se cambia escuchando a Los Chikos del Maíz, u otros grupos comprometidos, el mundo se cambia yendo a tu asociación de vecinos, militando en el ANPA, militando en un sindicato en el trabajo, en el estudiantil…

(Se cuela en la conversación Hunter S. Thompson, uno de sus referentes –“muy lúcido”-; ¿Tienes claro tu voto?, le pregunto. “En las generales, sí; en las municipales-autonómicas, no tanto. Y no te voy a decir más”, dice, sin acritud. ¿Algún tipo de intuición sobre lo que puede pasar? “No me atrevo a vaticinar. Lo que no me gustaría es que saliera una mayoría de Voxppyciudadanos; sería una tragedia, una oscuridad cultural, de retroceso, cercenar derechos, un escenario que dan ganas de meterse en la clandestinidad”).

-¿Crees que las mujeres van a tener un papel importante en estos momentos?

-Ojalá, ojalá lo tuvieran. Se viene el 8 de Marzo y ojalá sea una barrera de contención frente a toda esta ola de oscuridad que se nos viene encima. Espero que sea masiva, por lo menos como la del año pasado.

-¿Se necesitaría que más tíos se apuntaran?

-Hombre, no es una cuestión de apuntarse. Sí, tenemos que quitarnos muchos prejuicios de encima, y muchos complejos porque creo que los hombres, nuestra masculinidad está llena de complejos, y sí habría que sumarse sin ningún tipo de ambigüedad; y sumarse significa ponerse al lado o detrás no ponerse delante.

-¿Eso lo asume bien el hombre, y el hombre de izquierdas, también?

-Uff, creo que cuesta. Me he dado cuenta, que pasa al tiempo y dices, hostias, aprender a ponerse al lado, no querer ser siempre el centro…

(Salimos a la calle, con más temas aún por hablar –ya que citamos al Doctor Thompson: las drogas- y sobre los ya hablados profundizar más, debatir. A la salida, un chico y después una chica, adolescentes, le piden hacerse una foto con él, acepta; son seguidores del grupo, cuya historia ocupa buena parte de Llamando a las puertas del cielo: “No es un libro pensado sólo para los seguidores del grupo, creo que puede decirse que es para todos los públicos; que quien no conozca la trayectoria del grupo encuentre un libro ameno, entretenido de viajes, historias”).

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