Acción de La Fontanería con las vecinas de la calle Silió. FOTO: Gaspar Francés
Acción de La Fontanería con las vecinas de la calle Silió. FOTO: Gaspar Francés

Estrenando el sol de primavera del mediodía este jueves, La Fontanería ha reunido a las vecinas de la calle Silió donde se ubica el centro, para llenar este 21 de marzo los 21 huecos de los soportales con otros tantos geranios, rememorando anécdotas, vivencias o recuerdos de su vida en el entorno de la Plaza de los Vadillos. Han celebrado así el Día Mundial de la Creatividad, dentro de las actividades de CreaVa para conmemorarlo.

“Esta acción es un regalo, supone rescatar y compartir los recuerdos de las mujeres del barrio y vestir con 21 flores los 21 huecos de este viejo soportal”, explica Vanesa Calzada, impulsora del espacio creativo La Fontanería y de esta idea. Tratando de vencer los reparos de algunas vecinas, otras incluso se escondían tras las columnas ante la presencia de la prensa, antes de colocar cada flor tenían que compartir con el público un recuerdo del barrio.

Otra de las patas de la acción de La Fontanería fue un mural textil con fotografías antiguas del barrio, algunas de ellas aportadas por la propia Vanesa, que vivió su infancia en esos soportales ya que sus padres eran los que regentaban la tienda original de fontanería que da nombre a su espacio, otras aportadas por la asociación vecinal Bailarín Vicente Escudero.

“Los recuerdos que no se comparten se pierden”, advirtió Vanesa antes de arrancarse rememorando sus vivencias de niña entre esos mismos soportales, jugando a las casas entre las columnas o empleándolas para atar la goma: “Siempre había niñas y niños jugando”, reflexionó apoyada por una de sus vecinas que recordaba las heridas que se hacían al caerse o que incluso tenían que ir al Clínico para curarlas. Continuaron venciendo la vergüenza, como una de ellas que vive allí desde el año 85: “He sido muy feliz, muy buena gente”.

Recordaron también la historia del tapicero con el que comparten soportales, Jose Vielba, que además era mago y hacía trucos para los peques del barrio, explicando que aun hoy, aunque estén cerca de jubilarse tanto él como su pareja, Tere, mantiene el local decorado por dentro con los carteles de sus actuaciones. Así fueron entrecruzándose las historias de “cuando el barrio era todo campo”, o de las antiguas fábricas de gaseosas y cerveza que se ubicaban en el actual edificio de “la Telefónica” o el de Tráfico.

Calzada espera hacer próximamente unas jornadas de fanzines con las que poder elaborar uno sobre peques y otro que reúna las vivencias de las vecinas de su calle. Entre estos recuerdos y anécdotas, decidió compartir lo que la ocurrió hace pocos días al cerrar La Fontanería, entorno a las diez de la noche, cuando salió a los soportales y los encontró repletos de globos azules que había caído presuntamente desde las casas, aunque no se conocen más datos.

Se empezaron a arremolinar entorno a las fotografías, escudriñándolas para tratar de identificar los lugares o las épocas en las que habían sido tomadas, estando todas impresas en blanco y negro a modo de recortes de periódico. Un vecino, que se acercó para conversar y analizar las imágenes, recordaba el origen del nombre de la Plaza de los Vadillos, cuando la Esgueva aun atravesaba esa zona y en vez de puente había una serie de pequeños vados para cruzarlo. Recuerda también que en el entorno de esta plaza, hace pocas décadas, en una de las calles paralelas a Silió había un rebaño de ovejas, además de numerosas vaquerías en el entorno de los Vadillos.


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