Pedro Lópeh. FOTO: Gaspar Francés
Pedro Lópeh. FOTO: Gaspar Francés

“Soy maestro de música… soy músico popular y pianista clásica”, y desde hace relativamente poco, escritor, faceta que trajo a Pedro Lópeh (Siberia Extremeña, 1986), el pasado viernes a La Otra Librería para presentar su libro, “Ramo de coplas y caminos” (AKal Editorial. 2019).

Un libro de música, pero sobre una música que no ha interpretado, ni tocado a lo largo de su trayectoria musical –la más duradera, con la Barrunto Bellota Band, música tradicional europea: balcánica, klezmer, zíngara, mediterránea, ibérica…-: una novedad llamada flamenco.

¿Por qué el flamenco?

Me viene de la familia. Me crié trabajando en el campo, con mi padre, que era aficionado al flamenco, y lo escuchaba cuando iba con él, en el coche. No soy de una familia flamenca, ni gitana. Luego, cuando me voy a vivir a Madrid, justo cuando empezó la crisis, me quedé sin trabajo, sentí un sentimiento de desarraigo brutal, al menos yo que soy de pueblo, y de las pocas cosas que me hacían como estar más tranquilo era escuchar flamenco (y hacer recetas de mi abuela, señalará más adelante). El enganche final, en mi caso, con el flamenco fue una elección personal.

Lo personal y lo profesional, lo que siente y lo que sabe Pedro Lópeh, puestos al servicio del flamenco, de su descubrimiento profundo del flamenco, que le lleva a intentar lo que no había hecho antes como sugiere el título del libro, “Ramo de coplas y caminos”; y de compartir con los demás ese descubrimiento. Así lo explica:

Son varios géneros dentro del mismo libro. Didáctico: explico de una manera sentimental, no técnica, no para músicos, los palos flamencos, unos 50, de forma que cualquier persona lo pueda entender, apelo a los sentimientos que de cada cante emanan. Poético: me da un poco vergüenza decirlo así porque yo no soy poeta, pero he escrito una letra para cada palo, que cumplen unas normas. Y por último, un viaje personal: yo escucho flamenco, mucho, pero hasta que no me pasó una desgracia en mi vida, que me hizo estar muy mal, no lo valoré también como una herramienta; y en ese año de mi vida que estuve muy mal me ayudó mucho a salir de una depresión Impresionante.

Ejemplares de “Ramo de coplas y caminos”. FOTO: Gaspar Francés
Ejemplares de “Ramo de coplas y caminos”. FOTO: Gaspar Francés

¿Podrías ampliar lo de aprender a sentir el flamenco?

El flamenco, aunque es popular no es un arte folklórico, es un arte culto que requiere mucho adiestramiento para interpretarlo, si sabes un poquito de flamenco lo disfrutas más, igual que si sabes un poquito de pintura o de música disfrutas y valoras más por qué Velázquez o Beethoven son tan buenos. Por eso intento que la gente se acerque a comprender el flamenco, no desde la técnica, por eso no hablo de compases, de armonías, sino a distinguir los palos escuchándolos. Yo soy de la teoría de que cada palo tiene un sentimiento, por eso hay los que hay y no hay menos. E intento dar trucos para que la gente pueda descodificar esos palos.

Tú no eres músico flamenco.

No, yo soy músico popular y pianista clásico. Intérprete de flamenco no soy, y cantar, canto en mi casa, pero muy mal (risas). Sí me influye en la música que toco. Creo que en el flamenco no hay nada que sea gratuito, no hay desarrollos pomposos, los cantes duran lo que duran y son muy profundos, como una saeta. Intento que todo lo que hago sea conciso, transmita algo, no hacer divagaciones o desarrollos que son más propios de técnicas clásicas.

¿Por qué has querido hacer este libro?

Tal vez, por la gente, los amigos… Sí quería hacer pública la parte didáctica, porque ya había visto la reacción de mis amigos cuando se lo explicaba, “ahora lo entiendo, tienes que hacer algo”. Y empecé con un programa de radio (El Café de Silverio, aún en activo) donde explicaba los palos tal como están en el libro y la sociología del flamenco, su sustrato social, que es bastante desconocido, de dónde viene, por qué durante una época de la historia de España se le ha asociado al franquismo, cómo han vivido los cantaores, la situación de las mujeres en el flamenco, que es bastante particular… Y me animaban. Está bien explicar a la gente lo que es una seguiriya, una bulería, pero faltaba algo, me parecía. Ya que es una música que transciende los sentimientos, tenemos que ir más allá. A través de mi experiencia personal intenté poner de ejemplo cómo conociendo el flamenco te puede ayudar en un momento duro de la vida. El flamenco trata de cosas trascendentales, de experiencias dolorosas. Yo tengo clarísimo que me libré del sicólogo por el flamenco. Y si a alguien le ayuda, adelante. Que también puede pasar con otras músicas. Pero para mí el flamenco lo identifico con la cultura que tengo más cercana, con mis padres, abuelos, la gente que ha vivido como yo; como español y en mi caso, habitante del sur me ayuda mucho. Tengo que decir que el libro lo imprimí, en folios, y lo vendía en mis conciertos, hasta que llegó un periodista, lo reseñó y al tiempo Akal me lo publicó. He tenido muchísima suerte, en este sentido.

¿Qué flamenco escuchas?

El que más me gusta es el que se hizo entre los años 50 y 80 del siglo pasado. A partir de ahí, me puede gustar, pero me dice menos. Y el anterior a esos años, por sus limitaciones técnicas en cuanto a la grabación, no me entra, no soy capaz de abstraerme a los ruidillos. Intento estar al día, pero ahora el flamenco como mercado no me interesa en absoluto. Te puedo decir nombres, Mairena, Paquera, Tía Anica la Piriñaca, Menese…

¿Te planteas el flamenco del siglo XXI?

No reproduciría lo mismo que antes. El flamenco ha sido siempre un arte muy vivo, ha sido innovador y revolucionario, siempre. Una cosa de las que yo creo debería reflejar el flamenco en el siglo XXI es la de renovar las letras, creo que es una de las cosas en las que menos ha evolucionado. También creo que ahora hay una cosa que no pasaba antes, que está muy mediatizado por la industria. Y, aunque sea tirar piedras a mi tejado como músico que soy, no puede ser que los flamencos le hayan dado el poder de contratarles a las administraciones, si sólo depende de los políticos el flamenco está perdido. Y ahí si debe cambiar bastante. Pero bueno, ya te digo que no me interesa mucho la actualidad, no la sigo.

Intervención de Pedro Lópeh. FOTO: Gaspar Francés
Intervención de Pedro Lópeh. FOTO: Gaspar Francés

Lópeh también ha hecho incursiones, se ha relacionado con la música pop y rock en colaboraciones con grupos como Pájaro Sunrise, Amigos Imaginarios o Vetusta Morla, “son amigos”, dice, “y unos grandes músicos, por si la gente no lo sabe. Yo cuando empecé a tocar en grupos de pop y rock aprendí muchísimo, con Vetusta Morla y Pájaro Sunrise toqué por toda España, por el extranjero, conocí público, aprendí cómo se hace una prueba de sonido y a escuchar músicas como el country, el bluegrass, la música electrónica, me encanta la electrónica minimal.”

En estos encuentros donde presentas tu libro, ¿cómo ves la reacción de la gente, que no parece muy del ambiente flamenco?

Me sorprende muy positivamente; aunque me lo imaginaba, que la gente joven vuelva a sentir cierto respeto o aprecio por el flamenco, como que es algo que merece la pena, de indagar en él. Me alegra que se estén quitando ciertos prejuicios que había con el flamenco, como su asociación a la derecha, con el franquismo, lo cual me parece muy injusto; algo que se da en gente de más de 35-40 años, la gente más joven, por mi experiencia, se ha quitado esos prejuicios gracias a la labor que empezó Menese y luego otros.

¿Crees que esa parte de compromiso social, de activismo, incluso, de nombres como el que citas, es parte fundamental del flamenco?

Lo que me parece es que el flamenco, porque así es como se coció, revele sufrimiento. Hubo unos años, los de la ópera flamenca, que esto se intentó suprimir, todo lo que fuera doloroso para el público. Y qué pasa, que luego hubo gente que accedió a la política, era del Partido Comunista, en los años 60, que antes también había compromiso… Para mí tienen el mismo valor los que son más comprometidos en las letras que los que menos lo son. Lo que sí que creo es que, hombre, si tú vienes de donde vienes, de una extracción social humilde, al menos tu forma de vivir tiene que ser acorde, no se le puede estar bailándole el agua a los políticos ni a los señoritos. Por suerte hoy… mi pueblo es de los más pobres de Extremadura y nadie se muere de hambre. Los de antes eran mucho más valientes. Hay declaraciones públicas, en los 70, en el franquismo, de Camarón, de la Paquera, de Morente, de Lebrijano… de que eran antifranquistas. Yo no lo conozco en ningún otro ámbito de la cultura de masas en España, ni en la música, ni en los deportistas, ni en los artistas, los flamencos se posicionaron todos, menos dos o tres, Pepe Pinto, Caracol, Marchena, que luego les pagó el entierro a cantaores gitanos que habían muerto en la miseria… Ahora, aquel servilismo, ese venderse por cuatro duros…

¿Crees que libros cómo el tuyo pueden hacer entender que el flamenco es un Arte, que, por ejemplo, Agujetas es un artista al mismo nivel que cualquiera que merezca tal distinción?

Al mismo nivel que Goya. Sí que cuesta… Hay una cosa que perjudica al flamenco y es que se piensa que viene de una forma natural. Yo que soy maestro de música y músico clásico, te digo que los cantaores tienen un talento musical acojonante. Para hacer esos giros, pillar los tonos, los cambios de modo hay que tener una inteligencia musical fuera de lo común. Para que el Agujetas cantara así, eso es que lleva aquí (se señala la cabeza) y tener un sello único… No es sólo talento, raza, sustrato cultural.

Charla de Pedro Lópeh en La Otra. FOTO: Gaspar Francés
Charla de Pedro Lópeh en La Otra. FOTO: Gaspar Francés

Es la primera vez que La Otra Librería (C/Juna Mambrilla, 19) presenta, dentro de sus actividades, un libro de flamenco. Arantxa, de la librería, cuenta que todo empezó a través de un amigo de Pedro Lópeh, que le pasó “Andalucía, su comunismo (libertario) y su cante jondo”, un libro recomendado por el músico extremeño, y como él mismo confiesa le impactó, le marcó mucho, “luego, cuando estaba de maestro en Arroyo de la Luz descubro una placa en una calle conmemorando el nacimiento de sus autores, perseguidos por el franquismo”. Obra de Carlos y Pedro Caba Landa publicada en 1933 –después de los escritos de Lorca, los hermanos ampliaron con este libro el análisis, conocimiento del/lo flamenco-; recuperado por la Universidad de Cádiz en 1988 sería reeditado en 2008 por Renacimiento.

A Arantxa también le gustó el libro y poco tiempo después recibió de la editorial Akal, “Ramo de coplas y caminos”. Y recordó el nombre de Pedro Lópeh, y supo que podría ser interesante tenerle en la librería y que, de paso, estuviera por primera vez en Valladolid, “había estado tocando en Simancas y Urueña; debe ser una de las tres o cuatro ciudades de España donde no he tocado”, dice un hombre a quien le gusta conversar, tanto que nos tienen que dar un toque, amable, pues va empezar la presentación.

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