Muestra del taller de música balcánica. FOTO: WIM
Muestra del taller de música balcánica. FOTO: WIM

Con más de 300 participantes, cada mes de julio y durante diez días, la localidad medieval de Frías se convierte, quizás, en la ciudad con más artistas per cápita del mundo. Al menos es lo que aseguran desde la organización del WIM, acrónimo de What Is Music, un encuentro que ha desembocado en una gran familia unida por su pasión por la música a través de cursos, talleres, jams o conciertos. Aunque el WIM es mucho más que música, también hay espacio para las artes escénicas, siendo uno de sus ejes principales el encuentro entre personas: “La música no cuando es, sino cuando somos”, rezaba el eslogan de este año, basado en un texto del poeta Héctor Castrillejo dedicado al festival.

Organizado por la asociación burgalesa Movimiento por la Cultura Libre, el WIM tiene como pilares básicos el desarrollo cultural de calidad, la inclusión social, el aprendizaje colectivo y la interculturalidad. Durante esta última edición, que se desarrolló del 19 al 28 de julio, se volvió a unir música, teatro, baile y circo, con un equipo docente internacional de primer nivel, entre los que destacan la colombiana Marta Gómez, ganadora de dos Latin Grammys, el pianista gallego Abe Rábade, el saxofonista neozelandés reconocido internacionalmente Hayden Chisholm o a los virtuosos y polifacéticos Diego Galaz y Joaquín Sánchez. Estas formaciones se completan con conciertos cada noche, además de las jams u otras actuaciones que salpican tanto el centro histórico de Frías como la zona habilitada para el encuentro.

Imagen del curso de Abe Rábade. FOTO: WIM
Imagen del curso de Abe Rábade. FOTO: WIM

Sus organizadores eligieron Frías como sede después de explorar otras opciones en la provincia de Burgos, un entorno de excepción con la zona de acampada en lo alto de la ciudad, junto a la muralla, con emplazamientos tan sorprendentes para las formaciones como iglesias, conventos o el propio castillo medieval. Lino, uno de sus impulsores originales junto a Pablo y Javi, explica cómo idearon esta propuesta basándose en encuentros de circo en los que cada participante expone lo que quiere enseñar al resto, sin estar nada preprogramado, tratando de replicarlo en torno a la música: “Cuando empezamos no estaba nada reglado, la gente ni siquiera se apuntaba, sí que elegías el curso pero los talleres eran libres”, recuerda valorando la colaboración de numerosos músicos para lograr dar forma a esa primera aventura, “fue la cosa más bonita que he hecho nunca”.

Aunque no todo fue luz y color, ante una idea tan poco común el público o los artistas no lo entendían y no querían acudir. Después de que incluso estuvieran cerca de cancelar aquella edición, recordando numerosos problemas con la intendencia o los talleres, llegó el domingo con las primeras muestras de lo aprendido y la semilla germinó: “Me puse a llorar, tanto tiempo que llevamos pensando esto y estaba sucediendo, ese domingo ya estaba claro que eso iba a seguir, la gente lo estaba viviendo”.

Actuación del dúo Zopli2. FOTO: WIM
Actuación del dúo Zopli2. FOTO: WIM

Hoy en día se ha convertido en una cita anual ineludible para una gran familia de artistas, tanto nacionales como internacionales, que sigue creciendo año a año: “Da mucho respeto, es mucha gente la que viene aquí, a veces pienso que es un poco jugar a ser Dios”, asegura Lino, “quien somos nosotros para marcar el cauce de esta creatividad”. “Lo que ha venido pasando estos últimos seis años es que se ha creado algo tan bonito entre tanta gente que ya no solo funciona por la organización, sino porque hay un grupo de personas que están con el WIM durante todo el año pensando o creando”, cuenta orgulloso, “se está convirtiendo en una familia que se reúne durante 10 días y empiezan a pasar cosas”.

“No es solo la música, en estos seis años hemos cambiado un montón y en un alto porcentaje es por el WIM”, reflexiona Lino sobre el desarrollo personal que ha conllevado. De hecho, es un ambiente más que propicio para afrontar problemáticas de forma horizontal, como el debate sobre género y la participación de mujeres en las jams, protagonizadas mayoritariamente por hombres. Aunque es un debate que ya surgió la pasada edición, llegando a acordarse que las mujeres abrieran la última jam session coincidiendo además con la luna llena, durante ésta se han realizado varias asambleas buscando ideas o propuestas, con el apoyo de la organización pero promovidas por las propias inscritas.

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