Ángel Cantalapiedra frente a su exposición 'Siluetas'. FOTO: Gaspar Francés
Ángel Cantalapiedra frente a su exposición 'Siluetas'. FOTO: Gaspar Francés

Ángel Cantalapiedra se define como artesano más que como artista, aunque a la vista de sus obras lo adecuado sería un híbrido entre ambas profesiones, componiendo cuadros a base de cartulina negra y bisturí. Creadas en su taller aMímeGusta elPapel, las piezas que dan forma ‘Siluetas’ están expuestas en el bar Puerto Chico desde el pasado 5 de noviembre.

Detalle de la exposición de Angel Cantalapiedra. FOTO: Gaspar Francés
Detalle de la exposición de Angel Cantalapiedra. FOTO: Gaspar Francés

Un total 22 obras de temáticas diversas, mezclando paisajes urbanos y naturales, a veces incluso uniendo ambos como consiguen los cables de la luz o la cuerda con ropa tendida entre dos árboles, a base de trazos que, en este caso, da el filo de la cuchilla y no el pincel. “Cuando una persona es artista se puede permitir el lujo de hacer el tema que quiera”, asegura con humildad Ángel reconociéndose artesano y realizando obras que quizás “no me pide el cuerpo tanto hacerlo” pero cree que “van a gustar a la gente”.

Pared principal de la exposición 'Siluetas' en Puerto Chico. FOTO: Gaspar Francés
Pared principal de la exposición 'Siluetas' en Puerto Chico. FOTO: Gaspar Francés

Con una pieza central compuesta por tres estrellas reproduciendo los colores de la bandera republicana, los cuadros de Canta, como es conocido entre sus amistades, visten desde principios de este mes las paredes del bar restaurante Puerto Chico de Valladolid (C/ Nicasio Pérez, 1). Tres estrellas que son una de las pocas notas de color y su guiño a los movimientos sociales, siempre presentes en sus exposiciones, al igual que al movimiento feminista en una obra titulada “Trabajando por la revolución”.

Ángel Cantalapiedra. FOTO: Gaspar Francés
Ángel Cantalapiedra. FOTO: Gaspar Francés

Sus materiales y herramientas son exclusivamente la cartulina negra y el bisturí, aunque según explica el artesano cada cuchilla dura una media hora ya que “rápido pierden el filo y hay que cambiar, las compro por centenares”, asegura Ángel Cantalapiedra, que de niño se aficionó a la papiroplexia y de mayor vive por y para el papel.

 

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