Ana Redondo junto a Juan Carlos Quindós durante la inauguración de la exposición
Ana Redondo junto a Juan Carlos Quindós durante la inauguración de la exposición

La sala 0 del Museo Patio Herreriano de Valladolid acoge desde hoy y hasta el próximo 1 de julio, la exposición del artista vallisoletano Juan Carlos Quindós titulada "Necrópolis". Ha sido presentada por la concejala de Cultura y Turismo, Ana María Redondo, y es la cuarta muestra de artistas locales en lo que va de año en el museo de arte contemporáneo vallisoletano.

La obra se basa en unas imágenes realizadas en el verano de 2010 en una urbanización fantasma en la primerísima línea de playa del parque natural de Es Trenc en Palma de Mallorca: "La fuerza icónica y casi primitiva de estas construcciones en bloque de cemento, (congeladas en el tiempo en el momento previo a la segura llegada del festival de balaustres y cornisas, me llevaron a pensar en la irónica posibilidad de convertir Ses Covetes en una falsa necrópolis, un monumento fatuo al desarrollo insostenible que nos ha llevado al punto actual", explica Quindós.

Juan Carlos Quindós de la Fuente (Valladolid, 1977), es Arquitecto de formación. Su labor profesional ha estado vinculada a la fotografía de arquitectura y la documentación de obras de arte y patrimonio en Museos Nacionales españoles como el Museo Nacional de Escultura, el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Cerralbo y el Museo de Artes Decorativas. Sus investigaciones artísticas inciden principalmente alrededor del espacio y la ciudad contemporánea mediante herramientas fotográficas, videográficas y sonoras, usadas a menudo de forma transversal en forma de instalaciones.

Su obra ha sido expuesta en diversos museos, como el Museo Patio Herreriano, Museo Nacional Cerralbo, La Casa Encendida, Sala de Exposiciones de la Pasión, Colegio de Arquitectos de Castilla y León, Laboratorio de las Artes de Valladolid, y en galerías de arte como La Gran. Como cineasta y artista multimedia desarrolla proyectos de vídeo experimental como "Conclusión abierta" sobre Jorge Oteiza, y ha realizado sesiones de "live-cinema" en Sónar y TedX.

Una de las piezas de "Necrópolis"
Una de las piezas de "Necrópolis"

Esta es la cuarta exposición de artistas locales que este año se presentan en el Museo de las ocho muestras de creadores vallisoletanos que podrán contemplarse. La muestra se podrá visitar hasta el domingo 1 de julio de 2018, siendo la entrada gratuita.

"Necrópolis" parte de unas imágenes realizadas en el verano de 2010 en una urbanización fantasma en la primerísima línea de playa del parque natural de Es Trenc en Palma de Mallorca: Un clamoroso atentado a la ley de costas por suerte paralizado desde hacía casi veinte años gracias a la acción conjunta de ecologistas, políticos y ciudadanos. La fuerza icónica y casi primitiva de estas construcciones en bloque de cemento, (congeladas en el tiempo en el momento previo a la segura llegada del festival de balaustres y cornisas, me llevaron a pensar en la irónica posibilidad de convertir Ses Covetes en una falsa necrópolis, un monumento fatuo al desarrollo insostenible que nos ha llevado al punto actual pero que también enlazara a una escala temporal mayor con el vasto patrimonio arqueológico megalítico de la isla.

El monumento funerario no tiene función, es puro símbolo y contradicción semántica: aloja a nuestros muertos, pero a quien nos sirve es a los vivos. En esta necrópolis post-fotográfica se entierra anestesiado nuestro cuerpo social, en un funeral que celebra el arrase de la costa mediterránea. El turismo visto siempre como la última esperanza económica y nunca como otro clavo del ataúd. Mientras haya costa hay esperanza. Merecemos regalarnos estos monumentos que cristalizan un momento histórico oportunista y una moral hipotecada. Pero hagámoslo con la alegría desvergonzada de quien maciza el litoral. Si el grito revolucionario de mayo del 68 era “debajo de los adoquines está la playa”, nuestro grito contrarrevolucionario podría ser "adoquinemos la costa que hay prisa". 50 años de involución cultural hacen mella hasta en París.

Estas arquitecturas intervenidas que aquí se presentan, entre megalómanas y povera, entre esenciales y constructivistas, muestran nuestra dificultad generacional para deshacer el desastre y la dificultad de Hacer, así en general y en mayúsculas. Afortunadamente nos queda Photoshop para intervenir en la realidad como domesticados Matta-Clarks de dormitorio, rasgando la ciudad con cuchillas digitales de filo romo y escasa capacidad hiriente. No podemos intervenir sobre la realidad física como nos gustaría (¿cómo se merece?) pero al menos erosionamos un rato el paisaje mental de la memoria colectiva.

A través de una postproducción que juega con la noción del falso documental, se genera una colección de construcciones (y destrucciones) imaginadas propias de una vanguardia distópica y extemporánea que recorre la historia de las tipologías arquitectónicas funerarias mediante escenografías de cemento, conformando a la postre un gran parque temático de la especulación.

Pero la realidad siempre es más potente que la ficción, y esa labor de "demolición digital" que me propuse en 2010 y empecé a hacer efectiva en 2015, había sido verdaderamente llevada a cabo en 2013 (sin yo saberlo) tras varias sentencias judiciales de por medio, con la paradójica circunstancia de que los restos del derribo fueron enterrados "in situ" aprovechando los propios sótanos (¿hipogeos?) siendo posteriormente cubiertos de tierra para restituir el espacio libre: en definitiva, un gran túmulo funerario mirando al mar, una necrópolis de sí misma.

Contrariamente a lo habitual, donde el proyecto plástico imita a la vida, en aquel momento (al menos en mi cabeza) la Ses Covetes real se transformó en una metáfora deudora de la necrópolis ficcionada, que presagió así su mórbido desenlace en un involuntario acto de justicia poética.

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