José Miguel Gándara junto a los ejemplares de su poemario 'Transido de un abismo'. FOTO: Gaspar Francés
José Miguel Gándara junto a los ejemplares de su poemario 'Transido de un abismo'. FOTO: Gaspar Francés

José Miguel Gándara ha presentado su primer poemario ‘Transido de un abismo’, editado por Interlineado, en la tienda Azacán del barrio Delicias durante la tarde del viernes. Reivindicó el papel de la poesía como portadora de futuro, asegurando que “tiene mucho de sagrado” y apuntando a la necesidad de recuperarla.

“Allá donde he ido os aseguro que tratan estos temas de forma distinta”, lamentó en comparación con el respeto a este género y sus autores en “ese país”, evitando deliberadamente nombrarlo, en el que “solo se valora lo burdo”. Al ser su primer poemario, quiso explicar por qué se adentró en este denostado mundo, agradeciendo el empuje de Jose Manuel, quien se encargó de presentarle en Azacán, siendo la edición de ‘Transido de un abismo’ algo “prácticamente milagroso, totalmente inesperado”.

Rememorando cómo se aficionó a este género, se retrotrajo a su infancia y los libros empolvados de casa de su abuela, destacando a Juan Ramón Jiménez y leyendo un texto de su libro ‘Platero y Yo’ titulado ‘Retorno’. Reconoció a éste y a León Felipe como padrinos del poemario que se presentaba, significándose con su doble exilio, interior frente a un mundo en el que no se reconoce y exterior en defensa de la democracia, del Gobierno de la II República: “Los poetas nos ponemos siempre del lado de los perdedores”.

Momento de la presentación en la tienda Azacán. FOTO: Gaspar Francés
Momento de la presentación en la tienda Azacán. FOTO: Gaspar Francés

Definió a los creadores de este género como médiums, “como si por una especia de ciencia infusa nos fueron dadas esas ideas, esos sentimientos”, para luego preguntarse “qué es la poesía”. Citando a su artículo publicado en últimoCero dentro de su blog ‘Poesía y vida’, en respuesta al post de despedida de Carlos Barrio: “La poesía no es un entretenimiento, no es un juego, no es un ensimismamiento sin sentido, ni un espectáculo, la poesía es una voz laríngea, un edema gutural, una lucha dialéctica y a muerte, es pura dialéctica entre la existencia y la inexistencia, entre el amor y el pavor, es un germen transcutáneo y que explosiona en el centro mismo de cada pensamiento, de cada fuerza trasmisora de vida, es una pasión desmedida, una locura desenfrenada, oligofrenia de lo infinito, celebración sagrada, tártaros que se dan la mano con eslavos, cosacos que deponen las armas, descabalgan y lloran como niños…. es una pasión cósmica”.

“La poesía tiene mucho de sagrado”, aseguró Gándara, puntualizando que “no es cuestión de que se adore a los poetas como dioses, pero sí que se recupere” y reivindicando con ello una vuelta a las raíces de la humanidad. Su obra se basa en vivencias reales y personales, abordando “lo que realmente importa” con temas como la muerte, el amor o el desencanto, y sobre todo un “fracaso vital” que entiende compartido por muchas personas. Para él, “los poetas no tenemos tabúes”, aunque haciendo autocrítica reconoció que “si un defecto tenemos es nuestro ego, aunque sea sensiblero”.

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